La tasa.


Francisco Ruiz Palma
Francisco Ruiz Palma.

Permítanme que les explique unos conceptos básicos y muy esquemáticos, con mis disculpas anticipadas a los catedráticos ( esto del corrector es curiosísimo…me había puesto “catedralicios”) de derecho administrativo,  que nos pongan en situación para abordar el fondo del asunto de hoy, que es la denominada por el vice “tasa de reconstrucción nacional”.

Las tasas que solemos abonar cuando de trámites con la Administración hablamos, vienen a cubrir la actividad administrativa que el acto concreto despliega. Así por ejemplo, si pretendemos llevar a cabo una obra mayor y solicitamos una licencia para ello, la tasa cubre esa actividad administrativa necesaria de recepción de documentos, estudio, requerimientos o informes técnicos y jurídicos preceptivos para su concesión o denegación. Y esta tasa es independiente del impuesto que grava la obra en sí, en este caso de ejemplo, el denominado “icio” o impuesto sobre construcciones, instalaciones y obras.

Pues bien, el vice de este gobierno propone lo que, en sus palabras, cualquier país serio y democrático establecería en el ámbito de un sistema fiscal sólido y progresivo, una tasa de reconstrucción nacional para ayudar a salir de esta crisis.

Evidentemente, como no podía ser de otro modo, conocido su discurso, esta tasa sería exigible a los que más tienen, que ya se sabe que los que ganan mucho (habría que recordarle que él entre ellos) no merecen más que ser esquilmados por los que aún gastan más, sobre todo si ese gasto sirve para mantener en las instituciones o a costa de la teta del Estado a los suyos.

Y esta declaración de todo un vicepresidente del gobierno de un país europeo no crean ustedes que la ha hecho en el Parlamento español, sede de la soberanía popular y del poder legislativo, único autorizado para ello. No, ni tampoco en una de esas comparecencias en las ruedas de prensa de la desinformación que se marcan cada dos o tres días, esas en las que aparece con el traje gris.

No, está hecha en un video cutre a más no poder, que por cierto ha desaparecido de mi ordenador después de haberlo visto un par de veces para tomar notas, con la cámara enfocando al personaje desde abajo, y un fondo más de panel sandwich que de las maderas nobles de su despacho, que parece como si estuviera clamando por la justicia social desde el exilio en un antro venezolano. 

Dicen ustedes del peinado del Sr. Simón. Si mi abuela viese la caspa de la coleta…, al menos podría lavarse el pelo de vez en cuando, pienso yo, que luego este señor nos representa a todos los españoles allá donde vaya. No me extraña que quiera cargarse la monarquía, pues ya me dirán ustedes la diferencia en el porte, la imagen y hasta la higiene.

Pero más allá de que ni por asomo consiga asemejarse al gran Lebowski (una obra de arte del cine), lo de este señor es preocupante. No comparto los comentarios de Marcos de Quinto, quien lo ha tildado de payaso, porque los payasos tienen sentido del humor y su misión es hacer reír y disfrutar al espectador. Tal vez por eso, en la contestación al portavoz de Ciudadanos, vía twiter, el vice no ha colocado a Fofó, a Gabi o a Miliki como ejemplos visuales, sino al Joker. ¡Toma ya!

El payaso por excelencia. La viva imagen de la alegría sana y cautivadora.

Y lo peor de todo no es que proponga la famosa tasa de la reconstrucción, que si atendemos a su destino formal tan sólo serviría para cubrir la actividad administrativa desplegada para afrontar la crisis, es decir, el gasto de los comités de expertos e imagino, entre otros, que el de las pizzas que se estarán tomando todos los días mientras trabajan hasta altas horas de la madrugada mirando por nuestra salud. No, el problema es que en el gobierno nadie es capaz de parar las consecuencias de la verborrea del líder de Unidas Podemos.

Mantenía hace unos días y hoy lo reitero, que una cosa es la inversión pública y otra el gasto público. La primera, bien empleada, es no solo necesaria, sino conveniente, máxime en situaciones de crisis. Pero el propio concepto de inversión revela un destino concreto tendente a obtener beneficios, si no de índole económica, sí de carácter social, cultural o medioambiental, como podría ser por ejemplo el arreglo de los edificios históricos, o de los montes, que, a la par que conforma especialización y crea puestos de  trabajo, contribuye a minimizar los riesgos de incendios o a proporcionar una imagen, esta vez sí, de país serio con un gobierno que actúa con responsabilidad en el marco de sus competencias. O qué decir si desde el sector público-sanitario se crea el germen de empresas destinadas a cubrir las carencias que tan vergonzosamente han quedado al aire durante estos meses.

Pero estoy convencido que la razón de ser de este nuevo invento podemita responde a su incapacidad de gestionar adecuadamente el gasto, arcas esquilmadas por el coste de todas las ocurrencias de estos meses de pandemia… y las que vendrán.

Y si hoy es una nueva tasa, mañana vendrá el impuesto correspondiente. El problema es que al final, no los ricos, concepto cansino por manido, sino el capital inversor, saldrá huyendo del país, y como las ocurrencias no cesarán, ya me dirán ustedes a quienes van a sangrar para su mantenimiento. Porque de su sueldo, seguro que no sale.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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