El achuchón británico


Permítanme que empiece el diario de hoy recomendando la lectura del artículo que mi pariente y buen amigo, Antonio Jesús Rodríguez Castilla, dedica a la memoria del padre Roelas en este 7 de mayo, antaño festivo en Córdoba , y fecha hoy perdida entre los distintos eventos que hacen de este mes el principal foco de atracción de nuestra ciudad.

Es un estudio serio y bien documentado en la figura de quien, como dice el autor “sirvió de instrumento de Dios para dar a conocer la protección del arcángel San Rafael a la ciudad de Córdoba”. Insisto, muy recomendable.

Y saltando por completo de texto y de contexto, el diario de hoy tiene por objeto el análisis exhaustivo y riguroso, objetivo y serio, a ser posible, de la noticia del día en el Reino Unido, que no todo va ser este panorama nacional en el que, a estas alturas y visto el último debate parlamentario sobre la prórroga del estado de alarma, las posiciones de unos y otras están suficientemente claras como para que nadie se lleve a engaño.

Leo en el diario El País el siguiente titular: “El asesor científico que forzó el giro de Johnson dimite por saltarse el confinamiento”. Y en letra más pequeña, justo debajo: “Neil Ferguson recibió en casa a su amante”.

Reconozco que, dada mi afición al fútbol y mi madridismo confeso, un apellido así hace que el personaje cobre más interés del normal, e incluso adquiera cierta simpatía.

Y es que una cosa es la pandemia y el encierro, y otra muy distinta la abstinencia, que ya sabemos que no podemos ir con nuestra pareja en el asiento delantero del coche, pero por ahora no nos han prohibido que durmamos en la misma cama.

No se preocupen, pues todo es susceptible de replantearse por decreto-ley, aunque no sé si la cohabitación marital, o libre, que de todo hay, podría defenderse como derecho constitucional, que para vivir sin alegría ya tenemos al gobierno, los acoletas y el peinado del Sr. Simón. Tal vez habría que elaborar un discurso jurídico que entendiese que sin ciudadanos carecen de sentido las leyes, y como primera norma la Constitución, y la necesidad de la procreación para ello. Aunque sin duda que algún o alguna feminazi saldría con lo de la reproducción asistida….quaestio iuris compleja, me temo.

Pero volviendo a la noticia, resulta que el asesor de Birus (perdón, …este corrector), de Boris Johnson, no es que saliese siquiera de su casa a escondidas y después del toque de queda, como alma que lleva el diablillo enemigo de la castidad. Es más, ya estaba inmune. Fue su amante, y no digo novia porque la señora en cuestión está casada y con hijos, no obstante manifestar que su marido era conocedor de la situación y que mantienen una relación muy liberal, fue ella, decía, la que en dos ocasiones a lo largo de esta pandemia acudió al domicilio de Ferguson, a lo que se ve ahogar las penas del asesor.

No quisiera ni pensar semejante escándalo en este país, y prefiero no imaginar a nadie en concreto, antes de que la pluma por sí sola empiece a escribir lo que después tendría que borrar o arrepentirme de haber escrito.

También podría el asesor haber tenido un poco más de cabeza (me refiero a discernimiento), y haber usado las horas autorizadas de paseo o de ejercicio deportivo, que a fin de cuentas el achuchón no deja de ser una actividad física que conlleva efectos más que saludables para la salud física y mental.

Pero tras ser pillado, ha dimitido de su cargo, y con mucha honra, que el único perjudicado a lo visto y en esa cuestión, es el marido de la amante.

Y es normal, o al menos lo que debería ser, pues con independencia de esa doble moral anglosajona que tanto criticamos, un señor que representa la posición firme de un gobierno que supo rectificar aunque tarde, no puede permitirse ser pillado in fraganti.

La diferencia es que si algo así ocurriese en este país, el único que tendría que marcharse, porque no tendría otro remedio, es el cornudo.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.