A veces veo cosas


Francisco Ruiz Palma
Francisco Ruiz Palma.

Querido diario, esa creo que era la frase que identificaba el largometraje “El sexto sentido”, un film del hindú M. Night Shyamalan ( “Señales” o “El protegido”, entre otras), quien supo jugar con el suspense hasta el punto, veinte años después, de seguir cautivando al espectador.

Es lo que tienen las buenas películas, que no se olvidan. 

Algo parecido sucede con las malas, que también se recuerdan, siquiera sea para no caer en la tentación de volver a verlas ni por descuido.

Sin embargo, la vida, cuya carga de ficción supera cualquier suspense de Hitchcock, no genera ese mismo chispazo neuronal de protección, pues pecamos una y otra vez de caer en los mismos errores pese a un desenlace de la trama al que estamos ya acostumbrados en unos casos, y expectantes con conciencia masoquista en otros.

El Boletín Oficial del Estado, que a modo de guión por capítulos va trasladando al espectador el anticipo del próximo desde que comenzó esta pandemia de decretos ley, nos ha deleitado días atrás con las adjudicaciones millonarias a empresas de domicilio desconocido en contratos a dedo del gobierno estatal, o con contrataciones de altos cargos de la Administración por el mismo conducto digital, que ya veremos la solvente capacidad, dedicación y sacrificio que sin duda atesorarán.

Tal vez por estas razones, u otras cuyo desenlace haya que buscar en los culebrones venezolanos, o en el fenómeno del chabolismo brasileño ( que vete a saber donde acaba ésto), el BOE del dos de mayo, fecha señalada en el acervo histórico español, reza en uno de sus apartados:

“Empadronamiento en infraviviendas y de personas sin domicilio. Como se ha indicado anteriormente, el Padrón debe reflejar el domicilio donde realmente vive cada vecino del municipio y de la misma manera que la inscripción padronal es completamente independiente de las controversias jurídico-privadas sobre la titularidad de la vivienda, lo es también de las circunstancias físicas, higiénico-sanitarias o de otra índole que afecten al domicilio. En consecuencia, las infraviviendas (chabolas, caravanas, cuevas, etc. e incluso ausencia total de techo) pueden y deben figurar como domicilios válidos en el Padrón.”

O sea, que a partir de ahora los okupas podrán empadronarse libremente en aquellas viviendas que, siendo de titularidad de otros, aun en el supuesto de que hayan sido ocupadas no ya ilegalmente, sino mediante la consumación de un delito, constituyen su domicilio, centro de sus intereses civiles y políticos, entre ellos el derecho al voto.

Lo que sea mañana estamos todavía pendientes del desenlace, entre otras cosas porque la Justicia sigue ( y nunca mejor dicho) en estado de alarma, pero el guión de hoy es prometedor a más no poder. Los acoletas amplían su espectro mediático a los okupas, movimiento que aupó, entre otros líderes, a la alcaldesa de Barcelona, y al que hoy se les reviste de cierta pátina legal.

Habría que preguntar a los legítimos titulares de esas viviendas, adquirentes cumplidores de la norma civil y tributaria, que en algunos casos seguro que siguen pagando el impuesto de bienes inmuebles, qué les parece la medida del gobierno.

Ningún okupa sin casa, eslogan a modo de fomento legítimo y constitucional del derecho a la vivienda, que convertirá el arco del puente en domicilio del agraciado, y el hogar de alguien desposeído de él con coacciones o incluso violencia, en casa del malhechor.

Loor a estos nuevos lares, que Constitución en mano, se han convertido en dioses repartidores de prebendas y gracias. 

Hace bien, Sr. Casado. Porque este gobierno no pide su ayuda en la búsqueda del bien común, sino de su perpetuación al frente de las instituciones. 

El problema vendrá cuando tengan que dejar el cargo como consecuencia del resultado de las próximas elecciones. Como no se vayan, mucho me temo que el Ayuntamiento de Madrid no tendrá más remedio que empadronarlos en los ministerios. Y el Sr. Simón, sin peinar.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.