El maestro


Recibo la rectificación, que no reprimenda, de mi maestro, Manolo Galán, por la expresión “rara avis”, que por falta de repaso del texto (mea culpa) se me coló un “rara habis” incomprensible por inexistente.

Con dicha expresión se alude a la persona o cosa poco habitual. Y si por poco habitual entendemos la excelencia, permítanme que en ella, entre aquellas personas que me merecen más respeto, incluya a Manolo Galán, recientemente jubilado como Registrador mercantil de Córdoba y con quien, a modo de prócer romano, aprendí no sólo el derecho civil al que me consiguió apasionar, sino otros conceptos y valores más allá de los académicos, que atesoro con un afecto innegable.

Concluía mi página del diario de ayer, hablando de aquéllos que por mor de los plazos administrativos han dejado de prestar sus servicios en el ámbito público o privado, pero de los que sin duda deberíamos pedir opinión y consejo, reactivando mentes privilegiadas que, sin más interés que el servicio a su país, prestarían una ayuda importantísima.

Llega esta misma tarde a mi móvil por casualidad, si es que ésta existe, un whatsapp de vídeo en el que Julio Anguita, alcalde que fuera de esta ciudad, habla del Informe Petras, un estudio encargado por el gobierno español en mil novecientos noventa y seis, y que sentenciaba que la generación de nuestros hijos sería la primera que viviría peor que la de sus padres.

Sin duda que muchos hemos pensado así alguna vez, pero entre salida y salida de crisis nos hemos engañado en la falsa creencia de que ya estaba superado, sin querer ver una realidad que intuíamos con visión certera.

El califa cordobés va más allá, en una reflexión que hoy cobra todo el sentido, pues partiendo del propio informe Petras, que concluye que dicha generación está criada entre algodones y no está acostumbrada a la lucha, augura un futuro incierto a nuestro país tan pronto se acaben el sol, las playas y el turismo. Y termina invitando a la juventud a ser rebelde, no a ser maleducados, sino rebeldes, cuestionándose lo que hay. Y además no rebeldes de pose, de los que presumen de ser anarquistas, respecto de los que no se esconde diciéndoles que si los vieran los anarquistas de verdad les pegaban tres tortazos, además merecidos.

Esta libertad que nos venden es una libertad dirigida, como todo lo que nos rodea, que transita entre ideologías enlatadas que se dan la mano y una utopía que justifica desmán tras desmán.

Y nuestra juventud, pendiente de un curso académico que ha mostrado las carencias de un sistema educativo caótico, enganchados a la playstation, que jamás tuvo más adeptos, y pegados al móvil para seguir manteniendo el juego tras acabarlo, o vete a saber qué más cosas que mejor ni preguntar, ha dejado de ser inquieta e introspectiva, luchadora en suma, a salvo cierta carga genética en la que yo, contrariamente al Sr. Anguita, aún mantengo la esperanza de que sea capaz de reactivarse frente a lo que viene y de la mano de quien viene, y no haga de ellos borregos que pastarán las sobras de un gobierno que pretende perpetuarse en la desgracia y el gasto público.

Todos al pesebre y estabulados, como le gustaría a nuestro vicepresidente, mientras él, sin mascarilla ni guantes, y saltándose la cuarentena, gasta el dinero que más de la mitad de los suyos jamás supo ni sabrá lo que cuesta ganarlo.

Un servidor siempre fue idealista. Me gustó más la Ilustración que el siglo de oro. Desde la razón consiguieron más de mí que desde la obediencia, y desde ella comprendí mejor los valores cristianos que procuro practicar.

Sin duda que el amor al prójimo sería el mandato que haría regenerar esta sociedad. Pero aún sin llegar a niveles de tamaña altura, la pura lógica nos dice que el respeto, la comprensión de que nuestras ideas no son las únicas, y la convicción de que tenemos que convivir en paz, son los resortes para salir de esta depresión económica y social.

Y por supuesto dejar que los abuelos vuelvan a hablar con nuestros hijos cara a cara, que su experiencia cale en sus entrañas más que las ideologías de los césares de pacotilla que nos están llevando al fondo del precipicio.

La libertad empieza en el pensamiento, pero para que el mismo se forme, ni podemos ni debemos dirigirlo, sino alimentarlo.

Y en cuanto a nosotros, volvamos a ver “La Clave”, volvamos a repasar nuestra reciente historia, la que hizo de nuestra generación una de las más privilegiadas, porque si contra algo no puede los totalitarismo es contra la razón. Seamos rebeldes, que nuestros hijos se sorprendan, y hurguen en su interior en la búsqueda de la libertad que nace de las ideas propias.

Gracias, maestro.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.