La desescalada


tónito he quedado tras la comparecencia de esta tarde del presidente del gobierno anunciando el inicio a la desescalada de esta crisis.

Y digo atónito pues, atendiendo al significado del término, el desconcierto, y la falta de comprensión sobre lo que pasa, hacen que un servidor no sepa cómo reaccionar a priori. Si reír, saltar, correr o llorar hasta la deshidratación, opciones todas ellas que encontrarían encaje preciso ante el Aló presidente de hoy.

Tal vez sea ésto lo que ocurre en este país, que al abrir todos los cajones para airear la habitación, salen hasta los fantasmas de las abuelas.

Resulta que las Comunidades descendientes del Estado de las Autonomías que forjamos en consenso todos los españoles, y de rango constitucional, la estructura política en suma del Estado, cuyas competencias ostentan la protección de la Carta Magna, han quedado en un cuarto plano en esta crisis, mejor dicho, en la salida de la crisis, para acabar convirtiéndose, eso sí, y qué menos, en unas instituciones que serán consultadas por el ministerio de sanidad, pero a lo entendido por un servidor, y a salvo siempre opinión mejor fundada, sin competencias específicas en la toma de decisiones sobre las distintas escalas (hasta cuatro previstas de duración quincenal) , que van a marcar la normalización de nuestra vida diaria.

Así lo he entendido, y no otra explicación encuentro a que se señale la provincia como la entidad territorial que disfrutará o sufrirá el cumplimiento de las fases preestablecidas, de modo que transcurrida la fase 0, se permitan movimientos dentro de la provincia, pero no a la limítrofe hasta que ambas estén en el mismo nivel de desescalada, cuyos hitos serán determinados con criterios objetivos por el ministerio de sanidad, oídos la provincia, el municipio y la comunidad autónoma.

Ya me he expresado en alguna ocasión sobre mi condición confesa de municipalista. He creído siempre, en un análisis sereno de la estructura política del Estado, que el municipio debe ostentar una posición más predominante en dicha estructura, pues el ciudadano encuentra en los servicios municipales la primera instancia a la que recurrir ante la mayoría de sus problemas cotidianos. Y de hecho, la imagen de un país y de sus gentes está en sus pueblos y ciudades.

Sin ir más lejos, y en relación a esta crisis, el alcalde de Estepona, rara habis entre los políticos al uso, que no recibe de su ayuntamiento ni el importe de la factura de su móvil, lleva varias semanas habilitando en mitad del pueblo una carpa donde sus ciudadanos tienen la posibilidad de de hacerse el test de detección del virus. En Fuente Palmera se pusieron a hacer mascarillas sin pedir permiso a nadie ( hasta ahí llegaríamos), y en Lucena, la Policía Local suministra gel hidroalcohólico a la policía nacional, ante la falta de medios de esta última. Y ni ministerio, ni consejería, sino eficacia y eficiencia, pragmatismo y oportunidad. Lo que a todos nos encantaría tener en casa.

Pero dejemos para otra ocasión este tema, que daría como mínimo para un ensayo, y centrémonos en la comparecencia.

Apelando, acertadamente desde mi punto de vista, a la mayoría de edad de la población y su responsabilidad, el presidente ha advertido que ahora se nos exige un sacrificio mayor que durante el encierro, pues se trata de que la desescalada sea gradual con una estricta observancia  a las medidas de seguridad básicas ya por todos conocidas. E insisto, me parece correcto. Pero de los test, nada de nada. Y en el colmo de los colmos, ante una pregunta de una periodista de la CNN, se ha descolgado tan tranquilo diciendo que estamos en la quinta posición de los países que más pruebas han hecho en el mundo. Pues como no sean a los políticos… porque los médicos que conozco, y les aseguro que son unos pocos y de distintas ciudades de este país, no me confirman precisamente esos datos.

Y ya cerrando su comparecencia, como quien lo dice de soslayo, pero lo dice, ha planteado la necesidad de una reforma constitucional de nuestro sistema sanitario, sin especificar, una vez más, en qué debiera consistir.

A mí, sinceramente, esta manera de gobernar por decreto me produce una urticaria que ni la primaveral. Estas medidas adoptadas por el gobierno, de las que no discuto su acierto, pero que siempre encuentran el amparo indiscutible de la salud y la vida de los ciudadanos por encima de todo, alejándose ayer de las Cortes Generales y hoy de los Parlamentos autonómicos, me hace pecar de pensamiento más de lo normal, pues cuando un país se acostumbra a ser gobernado de esta forma, que hoy es la pandemia pero mañana puede ser cualquier otra cosa, llámese crisis económica sin ir más lejos, es muy fácil olvidar lo que nos costó alcanzar una democracia y unas libertades que tan sólo afloran cuando hay que discutir la monarquía, cuando no compartimos las sentencias o los análisis económicos, pero que no gustan hoy y veremos si podrán ejercerse mañana, cuando se critica al príncipe.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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