De locos


Sí, esto es de locos.

Tras haber visto algo de televisión este fin de semana pasado, no alcanzo a entender cómo podemos seguir siendo tan insensatos. Y no lo digo ya por la de programas dirigidos que nos tragamos, la mayoría de ellos destinados al aborregamiento de las masas, que también, sino al comportamiento de la población el primer día del desconfinamiento de los niños en este país.

Lejos de observar unas mínimas reglas de cuidado, el domingo parecía el día de feria de los cacharritos a mitad de precio. Niños jugando partidos de fútbol, padres en corrillo, charla que te charla y sin mascarillas, bicicletas, patinetes, cochecitos, pañales, risas y llantos…que cualquiera se traga lo del envejecimiento de la población.

¡Viva Herodes!, gritó algún vecino desde su terraza, mientras sus hijos de quince años machacaban el mando de la play como si les hubiera corneado la novia.

Estamos locos. Y siento pensar así. Pero no alcanzo a entender que lo de ayer se tomase como el fin de esta pandemia, pues solo faltaban para esa fiesta de los idiotas los chiringuitos abiertos en algunas playas de la costa española.

Entiendo la necesidad de los niños en pisar la calle, en correr y volver a una habitualidad que para ellos no está en la economía o en el respeto de las libertades, en el coletas o el estreñido, sino simplemente en la alegría de vivir, una manera de concebir la existencia que a más de uno nos vendría de perlas, en lugar de estar todo el día enfurruñados, cabreados y hastiados sin, la mayoría de las veces, saber bien el por qué.

Si lo del domingo y días siguientes es una prueba para ver nuestra actitud, del suspenso no subimos, sino más bien camino del muy deficiente.

Medios científicos británicos advierten de las graves consecuencias en los menores del virus, pues aun no desarrollando los síntomas comunes de la enfermedad, existe la posibilidad de que les afecte de un modo distinto. Lo cierto es que no pasa desapercibido para nadie y en la salud de todos, en mayor o menor medida, causa perjuicios.

Lo que tendríamos es que salir todos a la calle, en fila india y a tres metros, a exigir al gobierno, ya que no lo hace la oposición, la realización de pruebas masivas para, primero, conocer el alcance real de la enfermedad en nuestro país, y luego gestionar adecuadamente la salida a la calle, al trabajo, a los parques y a las escuelas. Pero mucho me temo que nuestros gobernantes no están por la labor. Y no lo entiendo, pues de hacerse pruebas a todo el mundo, esos índices que les generan tanta preocupación, porque sus súbditos hemos pasado de tener nombre y apellidos a ser meras cifras estadísticas; esos índices, decía, sufrirían un considerable decremento. No es lógico pensar a priori que Francia, Italia, España o Gran Bretaña sean los focos principales o los lugares donde más se ha cebado el virus. Y si eso es así, lo habrá sido por una falta de previsión no ya adecuada, sino de una imprudencia tan grave que requerirá de una investigación correcta y certera, hasta del CNI si hace falta, y caiga quien caiga, aunque sea el jefe.

Conozco el caso ( les aseguro que no es un bulo) de un médico que decidió hacerse la prueba en un laboratorio privado de Córdoba que tenía los test. El precio, treinta euros, que no estamos hablando de un disparate. Pues ese mismo día el gobierno prohibió las pruebas y a fecha de hoy,  dos semanas después, pese a haberse realizado la prueba, el resultado está retenido.

¿Alguien puede explicarme el por qué de tamaño atropello a la intimidad y al derecho a la salud?

Si es que no hay tests para todos, pues empezamos por los sanitarios y todos aquellos que están al servicio de los demás, desde los reponedores en supermercados hasta los transportistas, pasando por los funcionarios en activo, policías, barrenderos, bomberos…, porque en definitiva estos conciudadanos, y no los políticos de tebeo que tenemos y a los que se les hace más tests que a nadie, son los que están manteniendo vivo el país.

Si la primera medida de la que nos advirtieron fue la de que los nietos no visitasen a los abuelos, pues eran transmisores asintomáticos la mayoría de ellos, ¿ qué hemos hecho sacándolos a la calle como si tal cosa? ¿O no era cierto lo que nos dijeron? Porque puestos a pensar, o en uno o en otro sentido, nos han mentido.

Pero claro, como de haber un repunte habrá que esperar otras dos semanas, mientras tanto, ¿qué?.

Empezaron jugando con nuestras libertades, silenciando (o al menos intentándolo) las voces que ponían en tela de juicio su capacidad en la gestión de esta crisis más allá de los tediosos discursos de pantomima a los que nos quieren seguir acostumbrando. Recibimos los sábados la visita del profeta del plagio que hoy pasa por Kennedy  y mañana por Churchill; aguantamos estoicamente día a día las sandeces de los acoletas, término con el que he decido bautizar metafóricamente (gracias al corrector) a los seguidores acérrimos de la extrema izquierda, y mientras tanto, obedientes ciudadanos, guardamos y hacemos guardar un confinamiento al que suponemos nos han enviado por bien de nuestras familias y de nuestro país, aunque en realidad y a lo visto, sólo quieran salvar sus estadísticas, y ello a costa de nuestro derecho a la salud.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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