Sábado, sabadete


Será porque hoy (ayer para ustedes) es sábado, pero estoy más animado que de costumbre.

Cuando el tiempo nubla, si es de forma esporádica como ocurre en el sur, la meditación encuentra un escenario más adecuado. Y como una buena introspección te lleva a un mejor estado de ánimo, las ideas logran fluir con mayor soltura. Claro está, si no hay tormenta, que este tiempo que vivimos no deja mucho espacio a la tranquilidad con tanto sobresalto diario.

Un buen día debe comenzar con el cumplimiento más o menos adecuado de los deberes. Así que, recogida la ropa de la azotea ante la inminente amenaza de lluvia, emparejados los calcetines, compra del pan, pescado y tabaco, hechas las sentadillas y las flexiones ( el supermán sigue esperando en el cajón), ducha de quince minutos y tostada de aceite del de mi amigo José María Serrano (finca duernas),  ponerse frente al papel en blanco es más gratificante de lo habitual. Aún más, insisto, siendo sábado.

Y eso que el refrán de “sábado, sabadete…. “ ha sido sustituido por el de “sábado, sabadete, aspiradora y KH7 “, lo cual refleja siquiera simplificado el alcance de un fin de semana de pandemia y enclaustramiento.

Pero no ha de haber lugar al desánimo, pues los sábados, sin duda por algún ramalazo judío de ascendencia, yo los tengo por día de reflexión de la semana, y analizo el cumplimiento de aquellos objetivos marcados con anterioridad, o incluso los que por sí solos han alcanzado dicha categoría, observadas las consecuencias de los actos. Y me explico antes de que el lector piense algo distinto.

He descubierto que el pantalón del chandal que tanto odio  empieza a sufrir las inclemencias de su uso continuado, que mi casa se parece cada vez más a una sucursal del carrefour. Apunta un agujero en la entrepierna que promete acabar con él en el cubo de la basura. Claro, que la alternativa hasta que no abran las tiendas ( Amazon para lo justo, que habrá que reflotar el comercio local) pueden ser unos bombachos que trajo mi hijo mayor no sé de donde, porque ni se lo pregunto, a medio camino de una chilaba mora y los pantalones ibicencos, pero de rayas de colores granaínos, que no sé yo…

Le estoy pillando una manía a la ropa de estar en casa, que en cuanto podamos voy a la primera misa de domingo en chaqueta y corbata, contado, esa es otra, con que me abroche el pantalón ( la chaqueta es menos problema), y el cuello de la camisa, porque mi actividad en las cocinas y el nivel de los platos han experimentado una progresión que cualquiera, menos los míos, sabrían apreciar objetivamente.

En otro orden de cosas, y para regocijo de mi querido Pedro Álvarez, vittúlico confeso, que de todo tiene que haber en la viña del Señor, hay días que las musas no paran de revolotear, y llevo más de diez temas nuevos compuestos, so pena de transformarme en el bardo de Astérix y Obélix y acabar amordazado en lo alto del árbol más cercano, aunque esto último es posible que suceda, pero no por la música, sino por la pluma. Sea como fuere, de aquí salgo con la base musical para un próximo disco.

Y en este giro costumbrista de hoy ando escribiendo cuando, por eso de la tormenta, aparecen mis dos hijos mayores, supongo que con el beneplácito de mi esposa, con el primer trueno del día.

Mañana ( hoy para ustedes) se abre la puerta del corral para los más pequeños, que no sé por qué razón, salvo una de origen romano en la que seguro no han caído en el consejo de ministros del régimen, porque si no hubiera sido tildada de fascista, fija en los catorce años (incluidos) la edad máxima para disfrutar las mieles de un paseo de no más de una hora y a no más de un kilometro de casa, eso sí, acompañados de un  adulto.

Resulta que mi hijo pequeño tiene esa edad. Y como los otros dos, de diecinueve y veintiuno, andan más necesitados  de calle que el palo de un churrero, han decidido turnarse cada uno una hora, llegando a amenazar al pequeño con ponerle una correa si hace falta.

Todo esto sería divertido si no fuese porque al chico le gusta menos la calle que a su padre, con lo que, dede que se ha enterado del complot que se está perpetrando contra su libertad de movimientos, ha decidido esconderse por los rincones de la casa.

Visto que las musas difícilmente aparecerán hoy, les dejo para afrontar la tormenta.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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