El hombre del traje gris


Aunque los ochenta me empiezan a cansar con tanto concierto de tributo, que parece no hubiera habido otra época en el panorama musical español, no es menos cierto que tiene autores y letras de canciones sencillamente inolvidables, entre ellas la de “Quién me ha robado el mes de abril”.

Este mes está siendo especialmente complejo, y a todos nos ha venido en algún momento a la cabeza aquella canción de un Joaquín Sabina todavía ochentero, que consiguió en esa época reinstalar el cantautor con sonidos de banda y que, poco a poco (de fácil, nada, seguro) se fue ganando un sitio entre los grandes, y a la larga el respeto de todos.

Ayer veía una rueda de prensa más de la vergüenza de este gobierno de circunstancias que nos desampara, y si no fuera porque escribir a diario me fuerza a cierto conocimiento plural de la información, las iba a ver su tía. En ella, un Iglesias, cuyo traje no sé si le sienta mal porque no es de Zara, porque le está grande o porque ha perdido hombros de tanto esfuerzo durante esta pandemia, realizaba unas declaraciones no ya indecorosas desde su posición de Vicepresidente del gobierno de España, sino absolutamente patéticas, por ese discurso vulgar y trasnochado de lo justo y lo injusto según la doctrina de sus santas neuronas, para las que la economía no es cosa de economistas, y a lo visto, la Justicia tampoco de jueces.

Y no he podido evitar, dado el color de su vestimenta, acordarme del hombre del traje gris de la canción del maestro Sabina.

Sin duda que no pensó en él cuando la compuso, pero como toda canción va más allá de la intención de su autor, pues se reinventa en las experiencias y sensaciones de quien la escucha, el escenario que me sugirió ese mes de abril robado liga perfectamente con este hombre de traje gris, proveniente de ese lugar donde, sin consuelo ni ascensor, el desamparo y la humedad comparten colchón, pues no se deja de ser cutre de espíritu por mucho chalet o piso en el barrio de Salamanca que se habite.

Y mientras este huracán de pandemia que se está llevando parte de nuestra vida pasa así de rápido, mucho me temo que este personaje, pernicioso como él solo, lejos de pensar que alguien le ha robado el corazón, alimenta su ego en las discordias que va sembrando allá por donde transita.

Mientras tanto, la Vicepresidenta paisana, primer objetivo del hombre del traje gris, puede que como buena cordobesa, dotada de ese carácter propio de la ciudad más castellana de Andalucía, efectivamente esté, como en la canción, con lágrimas de desamor, pensando quién le ha robado el mes de abril.

La primavera política que el PSOE esperaba se ha transformado en un invierno zombi. El problema es que el virus de la intransigencia y del engaño parece extenderse, sin que hayamos visto aún el pico de contagio, con el riesgo añadido de que todos acabemos siendo bolivarianos, serviles fieles a las ideas del colectivismo, enemigos de la monarquía, manipuladores de la Justicia, y verdugos de guillotina (por eso de que no tuvimos revolución francesa) de los poderes oligárquicos del capitalismo.

¿Es éste el camino que quieren para España los miembros y miembras del PSOE? Pues intuirlo lo intuían, y saberlo, ahora, lo saben y de sobra.

Mientras tanto, y entiendo que no guste, pero no puedo callarlo, el Sr. Casado aparece en su perfil de instagram con una foto dentro de un cuarto de baño con los puños cerrados sobre la encimera y un gesto serio que, y mira que me he parado un rato a analizarlo, sólo permite una interpretación: estreñimiento.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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