La quinta levantá


Querido diario, recibo un vídeo de un amigo guardia civil en el que se observa el coche fúnebre que transporta el féretro de un compañero, circulando por carreteras andaluzas, pues aparece el peñón de los enamorados de nuestra vecina Antequera, y los compañeros del cuerpo, agentes de servicio que cumplían con su labor, parando su vehículos y saludando marcialmente a su paso, que en lenguaje militar es un abrazo y un “hasta siempre, compañero”.

Hoy, Domingo de Resurrección, tañerán las campanas de todas las Iglesias del mundo celebrando la resurrección del Cristo que dio su vida por nosotros. Hoy domingo también tañen las campanas por tantos y tantos que durante estos días nos han dejado, abuelos, padres, amigos, profesionales sanitarios y agentes del orden.

También han dado su vida por nosotros. Los abuelos, que tanto sacrificio y penalidades pasaron para levantar un país roto por una guerra entre hermanos. Los padres, que de tanto se privaron para darnos una vida mejor en todos los sentidos, y sobre la base de la educación y el respeto. Y a ellos, si ya tienen más de ochenta años, se les ha puesto en la curva de la guadaña por carecer de medios en los hospitales. Nada me hubiera gustado menos que estar en la piel del responsable de elegir a qué cama llevar el último respirador del hospital.

Ellos, que trajeron la democracia a este país, reconciliándose a fuerza de sentido común y de esperanza en un futuro mejor. Y no me refiero a los padres de la constitución  o a los políticos de la transición, que también, sino a todos y cada uno de los españoles de a pie que, ajenos al miedo y enterrando el odio, dieron nuevas alas a esta España, camisa blanca de mi esperanza, como rezaba la canción.

Ellos, a los que una parte de la casta política quería hacer dormir para desenterrar el hacha de la disputa y la serpiente del engaño, alegando la muerte de la transición y el albor de un nuevo sistema, basado ,como hemos comprobado a la postre (que la mentira tiene las patas muy cortas), en el clientelismo ideológico y la mamandurria barata de la subvención a la ignorancia.

Pero ellos se han ido. Y lo han hecho en soledad, sin la mano apretada de una hija que los acompañe en su último paso, sin la percepción del calor de la familia en el atardecer, y algunos, por culpa del miedo, maldito miedo, enterrados en fosas comunes.

Estoy convencido, sin embargo, que no les faltó una mano que los hiciese sentir parte de este mundo, pues con certeza que algún sanitario, médico, enfermera, auxiliar o celador se mantuvo a su lado en el final.

Eso los hace grandes, porque nos hace hermanos. Turnos interminables, cansancio acumulado y un estrés sólo soportable para quienes juraron defender la vida y hacen día a día honor a su palabra. Sin medios, sin apoyo material y efectivo, salvo las vacuas palabras de los gobernantes, pero luchando minuto a minuto como fieras por los demás. Y algunos también se han ido. Como héroes en un mundo que los admirará por siempre, y cuyos gestos ni podemos ni debemos olvidar, pues sólo en el recuerdo de los grandes encontraremos la fortaleza necesaria para reducir a escombros la intolerancia y la incompetencia, la hipocresía y la desvergüenza a la salida de esta pesadilla.

El féretro del guardia civil transita entre nuestras conciencias y el saludo de sus compañeros.

Esta crisis está poniendo a cada uno en su sitio, y los agentes del orden no se quedan precisamente en los escalones inferiores, reservados a otros. Abnegación y sacrificio, lealtad y honor por encima de soflamas baratas y modas pasajeras. Horas y horas al pie del cañón, velando por nuestra seguridad, como si fueran, que lo son, parte de nuestra familia. En primera línea, abriendo el paso entre el enemigo para que nuestra vuelta a casa, a nuestras calles, nuestros trabajos, nuestras terrazas o mi plaza, sea lo más cercana y segura posible.

Permítaseme hoy, sin ser digno, unirme al cortejo que despide a un hermano.

Para él, y para todos los que velando por los demás han perdido la vida en este terruño, hoy Domingo de Resurrección, dedico esta quinta levantá. Seguro que a los ángeles que porten sus almas no les será nada pesado subir al cielo con ellos.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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