La invasión


Querido diario, Yo, que no hice la mili, algo que los amigos siempre me recuerdan cuando me aflijo por nimiedades, tengo que buscar continuamente cómo alejar fantasmas. Y en esa labor reconozco que la escritura, y sobre todo la música, son unos fieles aliados. Si a ello se suma una buena dosis de humor, la tarde está salvada.

Leo con atención la cantidad comentarios, artículos y opiniones que se han vertido con motivo de la manifestación on line contra el gobierno , a la que, por desgracia, más por mi torpeza, no pude asistir pese a compartir casi íntegramente los motivos de su convocatoria.

E inmediatamente, como un flash, recuerdo aquella frase de los Tercios de Flandes, de los que no se tuvo jamás conocimiento de su rendición, sobre preferir la muerte a la deshonra, o pienso en la legión española, herederos de aquéllos, que este año por cierto celebran su centenario, y cuyos hombres y mujeres han llegado a ser novios de la muerte.

Y no paro de dar vueltas a la idea de un pueblo, el español, cuya responsabilidad está siendo modélica, confiado en sus mandatarios y asumiendo de manera consciente y voluntaria un encierro que se va haciendo con el paso del tiempo especialmente duro, más cuando el sol empieza ya a dar luz al blanco de las paredes de las casas o transita, como es mi caso, entre las hojas de los naranjos de mi plaza.

Anoche, mi cuñada Maria del Carmen, compañera de aventuras, me mandaba varios enlaces a los que tras varios intentos logré acceder ( voy mejorando, querida Pilar), en los que se relataba con imágenes y grabaciones en directo la presencia de distintas luces nocturnas en los cielos de varias ciudades españolas que, francamente, daban que pensar por su intensidad, la precisión en sus movimientos, obedeciendo a un patrón que difícilmente sería achacable a una aeronave al uso, o incluso a una gamberrada con clones de mercado. Y por si fuera poco, aquello venía acompañado de un sonido metálico parecido a trompetas gigantes, y en algunos casos, de los chillidos histéricos de quienes hacían la grabación, que supongo, por lo visto, que esta mañana han amanecido con más de una cana, si es que han dormido.

La mayoría de los comentarios referían a los extraterrestres como autores de esa sinfonía un poco macabra. Yo, sin embargo, pensé en los chinos. Y la verdad, para el caso, son lo mismo. Es más, prefiero un extraterrestre por conocer.

Ahondando en tales cábalas, no puede pintarse mejor una invasión. Con todo el mundo en sus casas y acojinados (gracias, corrector),no hay mejor escenario posible.

Y sí, puede que haya perdido la cabeza, pero en el fondo pienso que nos están invadiendo. Pero no los hermanos del espacio o los chinos, sino nuestros propios gobernantes. Invadiendo nuestro ánimo, pues a cada paso que dan, y más con los medios que tienen a su alcance ( incluida la legión), no pueden hacerlo peor, y eso, día tras día, acaba dejando un pesado rastro. Invadiendo nuestros hogares con el miedo, miedo a que nuestros padres o nuestros hijos enfermen, y por tanto miedo al contacto, a la cercanía, a la distancia. Miedo a que si nos hacemos el test y damos positivo asintomático nos lleven a un hotel medicalizado a modo de campo de concentración moderno, y se nos aísle de los nuestros. Miedo a reunirnos más de uno en la terraza o en la calle, aunque guardemos la distancia de seguridad, que por cierto, el otro día presencié cómo un señor grababa desde su casa a unos vecinos que charlaban amigablemente, guardando, les aseguro, una distancia de unos tres metros entre ellos, dando la sensación de que a continuación lo remitiría como denuncia anónima al CNI del miedo, comandado por quien todos sabemos.

Y la intención no puede ser otra que buscar de nosotros, no la responsabilidad, que de eso tenemos y más que ellos, sino la obediencia, y si ésta es ciega, mejor que mejor,que ahora resulta que nuestros hijos no se lavaban las manos correctamente hasta que ellos, alumnos aventajados de Pilatos, nos lo dijeron.

Un ejército de periodistas (o así se llaman) y comentaristas afines al poder, fieles acólitos a quienes la vergüenza abandonó hace tiempo, parecen los acompañantes de la cuadriga del vencedor que, sosteniendo la corona de laurel sobre la cabeza del general, se han olvidado de recordarle su mortalidad.

 Cuesta pensar cómo hacen semejante honor a su profesión, pues no es ya que relaten los hechos con mayor o menor certeza, dejando incluso caer su opinión, sino con un notorio servilismo que, sinceramente, da asco. Allá ellos.

Pero claro, todo este escenario, si el pueblo al que pretenden dominar fuera el sueco…Mucho me temo que ese juego con los españoles puede tener un inicio, como así ha sucedido, pero como no hilen fino, que tan pronto te queremos como te hacemos un jersey a medida, o sobrevenga la invasión de los chinos o los extraterrestres, salvo que hayan negociado ya con ellos, tienen sus días contados en el poder. Y es que, con las bombas que tiran los fanfarrones…

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael.

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