Resistiré

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Si no fuese porque lo que nos confina es de una seriedad extrema, lo de nuestros gobernantes sería para salir corriendo. Y no de risa precisamente, como hacía la ministra de trabajo el otro día explicando lo que es un expediente de regulación de empleo, que hay que tener poco o ningún sentido de la responsabilidad con lo que se nos viene encima.

Hoy, querido diario, como es viernes de dolores, parece que se han propuesto que la resignación, unida al dolor, presida nuestro ánimo.

Pero yo, como la canción del dúo dinámico, que con tanta maestría viaja estos días por las redes, interpretada por ese gran elenco de artistas de este país, resistiré, y ahora más que nunca.

Y resistiré, queridos gobernantes, por mi familia ( ese gremio caduco que ustedes cambiarían por el colectivismo unidireccional), la de sangre y los afines, por muchas diferencias que tengamos, todas ellas superables; por los amigos, que siempre fueron y serán el apoyo certero en los malos momentos y la compañía ideal para los buenos; por mis compañeros del coro de la Trinidad, unidos siempre en una oración que, por interpretada, une doblemente; por mis hermanos de la parroquia, por los del Señor Amarrado a la columna y la Virgen de los Dolores de Santaella, cuyos paños de paso fueron bordados por mi madre, y cuyas túnicas permanecerán colgadas este miércoles santo; por los del Nazareno, el Caído y el Cristo de la Salud de Aguilar de la Frontera, y por tantos y tantos penitentes que estos días tendrán la imagen de su hermandad en el corazón y en la cabeza, rememorando los años y años que, sin tregua, no dieron lugar a que el cansancio o el abatimiento hiciese mella en su entereza.

Resistiré porque quiero que mis hijos y los vuestros sigan viendo la fuerza de la familia, la unión incondicional de sus padres en su cuidado, y el amor y la alegría como guión de sus vidas.

Algunos echarán de menos estos días sacar los altavoces al paso de las imágenes para reivindicar su estupidez, e incluso otros añorarán las calles llenas para poder reafirmarse frente a los suyos en su ignorancia y egoísmo. Pobres de espíritu, incapaces de apreciar ni una pizca de la belleza. Frente a ellos también resistiré.

Y resistiré frente al miedo. Cuando menos prometo intentarlo, que bien sabe Dios de mis debilidades. Porque si alguna pandemia es incontrolable es la del terror. El pánico es hermano de la desesperación y de ambos sólo puede esperarse el caos.

Debemos ser conscientes de lo que nos espera. Una crisis jamás conocida en Europa salvo después de dos guerras mundiales. Un escenario en lo social, caldo de cultivo idóneo a las doctrinas colectivistas neomarxistas y neonazis, y en lo político, sin una unidad de acción que afronte de cara los problemas y proponga soluciones en las que todos, como en la obra teatral, fueran a una.

Si ellos no son capaces, nosotros debemos serlo. Desde nuestros hogares, desde nuestras comunidades, desde nuestro barrio y nuestra ciudad, todos a una. Darnos la mano de espaldas a la clase política, hablar de nuestros problemas y ofrecernos unos a otros, compartiendo y apoyando a quien lo precise, para de ese modo demostrar a quien quiera gobernarnos que sólo desde la decencia y con un mínimo de catadura moral, encontrará nuestra atención.

Hoy en casa, al igual que en muchas otras de córdoba, pondremos una vela en los balcones. Que esa vela sea no sólo para el recuerdo, sino también para la esperanza y el destierro del miedo.

PDA: Protégenos bajo tus alas, San Rafael

 

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