‘Medidas cautelares’, poemario de Molina Caballero


Obra ingeniosa, reflejo de personas que han sufrido y sobrevivido. Un vibrante conjunto de poemas sumamente reflexivos y metafóricos.

 

Dedico la columna de hoy al libro de poemas de José María Molina Caballero que está aún con la tinta sin secar; pues ha sido impreso en este mismo mes de diciembre de 2021.

1 portada del libro 1

José María Molina Caballero es un poeta, narrador y editor nacido en Rute (Córdoba), fundador y director de Ánfora Nova. Pertenece a la Real Academia de Córdoba desde 1991 y es asimismo Académico Correspondiente de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera. Prolífica y fructífera es su vocación editora. Diré que su famosa revista alcanza este mes de diciembre su número 123-124 con una agradable, profunda y completa publicación titulada Pablo García Baena. El sublime jardín de la palabra. Diré también que su colección de poesía acaba de alumbrar el libro número 73, que es el poemario que nos concita aquí y ahora.

Escritor y editor entusiasta, José María Molina es miembro de la Comisión Asesora del Centro Andaluz de las Letras (Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía), del Consejo Social de la Universidad de Córdoba y del Consejo Rector de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí (Diputación de Córdoba). Igualmente es Cronista Oficial de la Villa de Rute, y vocal de la junta directiva de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE-Andalucía), así como de otras instituciones culturales.

El libro comienza con una cita de Philip Larkin: “Somos espigas que ven caer el grano hacia diferentes destinos”: Esta referencia nos traslada a un campo semántico de la vida, de la inflorescencia y la fructificación, junto al misterio del destino de cada ser humano asomando incluso la incógnita del homo viator en su singladura o en su peregrinatio vitae. José María Molina Caballero tiene como uno de sus principales referentes a Philip Larkin, poeta británico que labró sus versos de tono melancólico en las dificultades.

“El más triste es el llanto de ojos secos…”: Esta es la cita de Mario Benedetti. Considero que de esta forma el poeta nacido en Rute evoca momentos de desconsuelo y de sollozo reafirmando la necesidad que en ocasiones tenemos de llorar empapándonos los ojos de dolorosas lágrimas. José María Molina Caballero visita y revisita el legado del escritor uruguayo.

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José María Molina

Por consiguiente, el poeta cordobés abre las páginas de su poemario inspirándose en una cita de Philip Larkin y otra de Mario Benedetti revelando implícitamente el magisterio recibido de ambos hacedores. El libro consta de 42 poemas divididos en seis partes, porticadas por un enjundioso prólogo de Antonio Cruz Casado (titulado “Miradas al mundo interior de un poeta”) que se centra en el hilo conductor del poemario y en las composiciones, a través del contenido y de la forma, contextualizando atinadamente al autor. Las dos citas de cabecera se complementan como el mosaico de la vida encajando cabalmente sus teselas, sirviendo de contrapeso o complementariedad absoluta una a la otra.

Los seis apartados del poemario son los siguientes, con los subtítulos incluidos: “Introito: La insolvencia de tus ojos de fuego”, “Primeras medidas: Los pulsos trasgresores de la sangre”, “Segundas medidas: Las sombras rotas de la desmemoria”, “Terceras medidas: En las raíces desnudas del fracaso”, “Cuartas medidas: Los destellos del tiempo vulnerado” y, finalmente, “Epílogo: La luz inapelable de tus pasos”.

Tanto el poema del “Introito” (“Diligencias previas”) como el del “Epílogo” (“Con luz y taquígrafos”) contienen el adjetivo posesivo de segunda persona de singular en “tus ojos” y en “tus pasos”. Estamos ante la personificación del sufrimiento, un sentimiento lacerante y una plasmación del dolor en el papel literario. El poeta nos acerca a sentimientos universales de vidas dañadas y doloridas que tienen como telón de fondo el ámbito jurídico, a través de versos profundos y sugerentes, que exhalan un componente ético y estético muy definido.

El poema inicial dice mucho; delata la correlación entre el sujeto lírico y el sujeto destinatario mediante un juego pronominal omnipresente en sus catorce versos que arrancan de este modo: “Por mucho que me gritas nunca te oigo. / Tus palabras se quedan en el aire / y se dispersan sin ley ni descanso / por los mares remotos del olvido.” También dice sobre el meticuloso quehacer del poeta porque nos dona cuatro estrofas, dos cuartetos y dos terceros, con una métrica perfecta en versos endecasílabos blancos formando así un atractivo soneto.

3 portada y contraportada 1

Las “Primeras medidas” se articulan en diez poemas, siendo el primero “Juicio oral” y el último “Conflicto de intereses”. “Las tarifas caducas de la vida” están encabezadas con una cita de Álvaro Mutis: “Otra vez el tiempo te ha traído / al cerco de mis sueños funerales”. “Cinturón de castidad” está introducido con estos versos de Ángel González: “Donde pongo la vida pongo el fuego / de mi pasión volcada y sin salida”. Tamizan todas las composiciones los términos “ceniza”, “viento”, “nieve”, “blanca y fría”, “sombra”, “dolor”, “lágrimas”, “miedo”, “heridas”, “derrota”, “temores”, “vacío” y “espinas”, configurando un meditado terreno semántico gélido del naufragio y de la oscuridad.

Las “Segundas medidas”, jalonadas en otra decena de poemas, comienzan con “Las cartas de los sueños” y terminan con “Memorándum”. No quiero pasar por alto la portentosa cita de Luis Cernuda que rotula el primero: “El hombre es una nube de la que el sueño es viento”. Además de la semántica de “sombra”, “dolor” y “zozobra”, junto al “fracaso”, la “muerte”, la “ceniza” o “la falacia”, el poeta entrevera alguna nota salvadora en dos versos de “Libertad provisional” (“A veces, los latidos de la vida / te ofrecen la luz nueva de tus ojos”) así como en “Redención”.

Las “Terceras medidas”, con otros diez poemas, abren con “Recurso de apelación” y cierran con “Orden de alejamiento”. Unos versos de Jorge Luis Borges introducen el primero con “Estoy solo y no hay nadie en el espejo”; el cuarto titulado “La ruta del caracol” está precedido por una cita de Emily Dickinson: “Morir no duele mucho: / nos duele más la vida”; en tanto que el noveno, titulado “El cadalso de sus ojos”, está porticado por Fernando Pessoa: “Siento que soy nadie salvo una sombra / de un bulto que no veo y que me asombra”. Persiste el léxico de la sombra pero relucen algunas notas de esperanza tal como se lee al final de “Recurso de apelación” o de “La ruta del caracol” e incluso se aprecia una tenue invitación a aprovechar el momento, al carpe diem, en “Contraindicaciones”.

Las “Cuartas medidas” presentan otra decena de poemas en los que destaca la simetría estrófica de todos ellos. Cada poema está modulado con ocho versos construidos en perfectos endecasílabos. Aquí hay diez octavas reales personalizadas con endecasílabos blancos, cabalmente engendradas cuyo significado estructural y prosódico se posa en la memoria y en el recuerdo que, al fin y al cabo, se llena de “ceniza”, “lluvia”, “silencio”, “espuma y salitre”, “sombras”, “muerte”, “sangre”, “noche” y “lamentos”, vislumbrándose -si acaso- algún aliento en versos como: “Sólo nos queda el aire que alimenta / la luz incierta de nuestra existencia”.

4 firma con parte de la dedicatoria 1

Las “Primeras medidas” se articulan en diez poemas, siendo el primero “Juicio oral” y el último “Conflicto de intereses”. “Las tarifas caducas de la vida” están encabezadas con una cita de Álvaro Mutis: “Otra vez el tiempo te ha traído / al cerco de mis sueños funerales”. “Cinturón de castidad” está introducido con estos versos de Ángel González: “Donde pongo la vida pongo el fuego / de mi pasión volcada y sin salida”. Tamizan todas las composiciones los términos “ceniza”, “viento”, “nieve”, “blanca y fría”, “sombra”, “dolor”, “lágrimas”, “miedo”, “heridas”, “derrota”, “temores”, “vacío” y “espinas”, configurando un meditado terreno semántico gélido del naufragio y de la oscuridad.

Las “Segundas medidas”, jalonadas en otra decena de poemas, comienzan con “Las cartas de los sueños” y terminan con “Memorándum”. No quiero pasar por alto la portentosa cita de Luis Cernuda que rotula el primero: “El hombre es una nube de la que el sueño es viento”. Además de la semántica de “sombra”, “dolor” y “zozobra”, junto al “fracaso”, la “muerte”, la “ceniza” o “la falacia”, el poeta entrevera alguna nota salvadora en dos versos de “Libertad provisional” (“A veces, los latidos de la vida / te ofrecen la luz nueva de tus ojos”) así como en “Redención”.

Las “Terceras medidas”, con otros diez poemas, abren con “Recurso de apelación” y cierran con “Orden de alejamiento”. Unos versos de Jorge Luis Borges introducen el primero con “Estoy solo y no hay nadie en el espejo”; el cuarto titulado “La ruta del caracol” está precedido por una cita de Emily Dickinson: “Morir no duele mucho: / nos duele más la vida”; en tanto que el noveno, titulado “El cadalso de sus ojos”, está porticado por Fernando Pessoa: “Siento que soy nadie salvo una sombra / de un bulto que no veo y que me asombra”. Persiste el léxico de la sombra pero relucen algunas notas de esperanza tal como se lee al final de “Recurso de apelación” o de “La ruta del caracol” e incluso se aprecia una tenue invitación a aprovechar el momento, al carpe diem, en “Contraindicaciones”.

Las “Cuartas medidas” presentan otra decena de poemas en los que destaca la simetría estrófica de todos ellos. Cada poema está modulado con ocho versos construidos en perfectos endecasílabos. Aquí hay diez octavas reales personalizadas con endecasílabos blancos, cabalmente engendradas cuyo significado estructural y prosódico se posa en la memoria y en el recuerdo que, al fin y al cabo, se llena de “ceniza”, “lluvia”, “silencio”, “espuma y salitre”, “sombras”, “muerte”, “sangre”, “noche” y “lamentos”, vislumbrándose -si acaso- algún aliento en versos como: “Sólo nos queda el aire que alimenta / la luz incierta de nuestra existencia”.

5 inicio del libro 1

Antonio Cruz Casado define el poemario como “un libro redondo, maduro, fruto de muchos años de experiencia poética, de labor autoexigente” señalando a continuación que es “más bien [una poesía] existencial, apegada a la vida en sus múltiples vivencias y vacilaciones”; luego aduce que “no es un texto ornamentado sino más bien tendente a la introspección”. También subraya “que nada se deja a la improvisación; todo se nos antoja matemáticamente calculado”, destacando “esa unidad interna”. Lo ha escrito José Sarria y lo suscribe Antonio Cruz: “una poesía tan esencial y necesaria como la de José María Molina Caballero”.

Como Philip Larkin y como Mario Benedetti el poeta ruteño también es narrador. A su predilección inspiradora por el poeta nacido en Paso de los Toros (en el departamento de Tucuarembó) y por el poeta nacido en Coventry (en el condado de Warwickshire) hay que sumar algunas notables convergencias. Citaré dos. Si Benedetti dirigió la revista Marginalia, Molina Caballero dirige la revista Ánfora Nova y su editorial. Si Larkin era bibliotecario, Molina Caballero también vive rodeado de libros, especialmente desde cuando fundara su editorial.

Ya esbocé unas notas sobre José María Molina Caballero y sobre su revista, en aquel momento porque había merecido el V Premio Mecenas de la Literatura Andaluza Manuel Altolaguirre. Son muchas más las distinciones y premios que guarda el poeta y editor: Premio “Cordobés del Año” 2019, premio “Plaza de la Constitución” de ese mismo año, otorgado por la Subdelegación del Gobierno de España en Córdoba, finalista del Premio Andalucía de la Crítica, también en 2019, por su libro Señales subjetivas, el citado premio Mecenas de la Literatura Andaluza “Manuel Altolaguirre” en 2018, premio “Día de Andalucía” 2017, otorgado por la Delegación del Gobierno Andaluz en Córdoba, segundo premio del Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba en 2016, finalista del premio de Andalucía de la Crítica 2017 en su modalidad de Narrativa, medalla de la Subbética en el apartado de Cultura en 2010, finalista del premio Andalucía de la Crítica 2009 y 2006 en la vertiente de Poesía, premio nacional de Poesía “Ciudad de Bernicarló” en 2004, beca a la Creación Literaria del Ministerio de Cultura en 1995 en la modalidad de poesía, premio “Villa de Rute” a la Cultura en 1993, accésit del premio nacional de poesía “Rafael Alberti-Unicaja” en 1992, accésit del premio “Gustavo Adolfo Bécquer” en narrativa por la Junta de Andalucía en 1991 y accésit del premio “Gustavo Adolfo Bécquer” en poesía por la Junta de Andalucía en 1990.

Su faceta de editor la inició en 1989 con la publicación de la revista literaria Ánfora Nova y su colección editorial, en las que ha editado más de doscientas obras en las que ha colaborado un relevante elenco de más de quinientos autores de unos cincuenta países; entre ellos destacados Premios Nobel, Premios Cervantes, Premios Príncipe de Asturias de las Letras, Premios Nacionales de Literatura, Premios de la Crítica… Configurando numerosas ediciones monográficas de gran repercusión internacional, algunas de ellas coeditadas con la UNESCO, que le ha valido ser considerada como una de las revistas literarias más prestigiosas del ámbito hispanoamericano.

Enhorabuena a José María Molina Caballero por estos iluminadores poemas, tan cuidados y elaborados, con cuya lectura aprendemos y disfrutamos.