El maestro Paco Algaba de Castro del Río


Castro del Río cuenta con una firme tradición histórica y cultural

Castro del Río es una villa cordobesa con aromas de aceite de oliva y con un sabor gastronómico propio derivado de los productos de la huerta del Guadajoz, los embutidos, el bacalao, el marisco, las magdalenas o el vino fino. Destaca la artesanía de la madera de olivo, la enea, la cerámica de Damián Ponce y la forja de Juan Carlos Martínez. A esta riqueza hay que sumar el patrimonio monumental de la localidad como la Iglesia de la Asunción o el Castillo Fortaleza, enclavados en el bonito Barrio de la Villa.

Castro del Río cuenta con una firme tradición histórica y cultural (ahí está la figura de Cervantes) que han cultivado estudiosos como Carlos Castilla del Pino, Francisco del Valle, Juan Aranda Doncel o Antonio Ángel Erencia Algaba. En el mundo del flamenco está la Peña, con sus recitales y concursos, sus cantaores, la bailaora Anamarga, Ana María García, además del coro rociero. En el ámbito musical son también de referencia obligada el grupo Jabar, el Grupo Eclipse Córdoba, Trastes Rock and Blue Band, el grupo de pop rock Allende, así como el compositor y guitarrista Domi Gómez.

Castro del Río cuenta con una resplandeciente Semana Mayor con devotos desfiles procesionales, con las saetas entre las que resalta la samaritana, con el Coro de Capilla y con las variadas manifestaciones musicales de la Banda de Música Maestros Villatoro y Algaba, la Agrupación Musical Nuestra Señora de la Salud y el Ensamble de Cámara Ad Libitum. También es costumbre religiosa y musical La Aurora, estudiada por Francisco Morales, cuya existencia se remonta al menos a la segunda mitad del siglo XVIII, según ha evidenciado el cronista Juan Aranda. Lo cierto es que Castro del Río atesora un fértil acervo musical. Esta tradición se confirma también en la figura de Francisco Algaba Luque.

 

El teatro Cervantes de Castro del Río ha acogido, el pasado domingo 21 de noviembre, la obra “Bocetos Cordobeses” de Francisco Algaba Luque. En la tarde del 20 de noviembre ha tenido lugar otro evento musical consistente en la presentación de una revista monográfica sobre la figura y obra del maestro Algaba.

Antes de describir estos dos acontecimientos, voy a espigar unas notas sobre el músico que nos concita. Francisco Algaba Luque nace en la villa cervantina de Castro del Río el 19 de mayo de 1871 y fallece el 28 de octubre de 1955 en Córdoba. Desde niño destacó tocando instrumentos musicales como la flauta, la guitarra y, después, el violín. Tras cursar bachillerato en el Instituto egabrense Aguilar y Eslava, estudia Derecho en la universidad hispalense ejerciendo luego como abogado. Con una buena formación en música, que comenzó con las enseñanzas de su profesor del solfeo José Díaz Carretero, adensa sus conocimientos de armonía, composición e instrumentación de manera autodidacta. Su labor musical es notable en Castro del Río y también en Espejo, Montilla o Córdoba. La Real Academia de Córdoba lo presenta como: “Abogado, agricultor e inspirado compositor musical”.

Nos remontamos a los oficios del Viernes Santo de 1918, celebración en la que estrenó el oratorio “El Calvario”, con la colaboración de Daniel Rodríguez Navajas. La valía y la calidad de la obra quedan reflejadas en el Diario Córdoba con estas palabras: “Tiene esta obra un sabor eminentemente religioso y es digna de interpretarse en las mejores catedrales de España”.

A finales de 1929, la muerte de su hija María, con 19 años y tras el alumbramiento de su hijo José Luis, atraviesa de dolor al músico. María Algaba se había casado con José Luis Fernández Castillejo Jiménez, hijo del zuhereño José Jiménez Fernández. El desgarro, la pena y el dolor por la pérdida de su hija los vierte y los traduce en su creación musical. En memoria de su hija compone una “Misa de difuntos” y un “Oficio de difuntos” que formaron parte de unas honras fúnebres celebradas en el aniversario de dicha muerte. Dichas obras fueron recuperadas e interpretadas en 2017 y 2019 por el Ateneo de Música Sacra Villa Cervantina. También compone las conocidas marchas fúnebres Pobre hija mía”, “El Cristo del Carmeny la recientemente recuperada “Soledad”, que son señas de identidad en la Semana Santa castreña cuando acompasan la procesión del Santo Entierro.

Tres años después del fallecimiento de su hija, se ocupa de la vicepresidencia segunda del Real Centro Filarmónico Eduardo Lucena de Córdoba y en 1933 es nombrado presidente en funciones. Al año siguiente fija su residencia en la ciudad. Estas tareas le permiten entablar amistad con el pianista Aurelio Pérez Cantero, una figura cultural clave en la música cordobesa. En este contexto nace la obra “Bocetos Cordobeses”, cuyo estreno tiene lugar el 22 de abril de 1936 en el Gran Teatro de Córdoba.

El 11 de marzo de 1939 es propuesto como académico correspondiente en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. Su admisión fue aprobada por unanimidad en la sesión del 25 de marzo de 1939. El 13 de mayo del mismo año, “el nuevo académico correspondiente D. Francisco Algaba dio lectura a las ilustraciones literarias de su poema ‘Bocetos Cordobeses’ que fueron muy elogiadas y aplaudidas”, según he corroborado en el libro de actas. Es elegido académico numerario el 9 de diciembre de 1939 en la sección de Nobles Artes y tomó posesión el 12 de mayo de 1942 con este discurso de ingreso: “Origen y arte de los Juglares Músicos Callejeros”.

Quiero destacar que en 1944 Francisco Algaba es el encargado de contestar a María Teresa García Moreno, que es la primera mujer en ingresar en la institución cordobesa, comenzando con estas palabras: “Señores académicos: Cuando ya en postrimerías de la vida caminamos por el mundo, con el cuerpo encorvado buscando el pedazo de tierra que nos sirva de eterno lecho, Dios ha querido concederme un honor que, por grande e inmerecido, no podía siquiera sospechar: ¡Ser el vocero de esta Real y centenaria Academia en la recepción de la primera dama que ocupa un sillón de Numerario en nuestra solariega casa de las ciencias, las letras y las artes”.  Así se dirige a la pianista y profesora: “¡Bienvenida seáis, maga del sonido, hada nívea del divino arte! Vuestro acceso a esta mansión secular del espíritu de Séneca, a este remando de paz, de cultura y de trabajo, es anuncio de bonanza […]”.

Me centro ahora en el concierto. Con motivo del 150 aniversario del nacimiento del músico de Castro del Río, la Escuela Municipal de Música Joaquín Villatoro organiza un homenaje a este querido compositor para recuperar y estrenar en Castro del Río la obra “Bocetos Cordobeses” con la colaboración de la Coral Alfonso X el Sabio. El acto fue presentado por Pedro Millán Zamora, contando con el recitado de María García Millán y la proyección de Julio Aranda Cabezas.

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Se trata de una obra para coro, orquesta de cuerda, orquesta de plectro y piano que ha agrupado y dirigido Pedro Javier Granados Millán. La obra se compone de cuatro partes tituladas: “A media noche en el barrio”, “La sierra”, “Las Ermitas” y “El perol”. No es fácil reflejar en estas letras la eufonía y el placer estético de esta obra de arte magistral.

Este gozo estético proviene, evidentemente, de las voces de la Coral Alfonso X el Sabio, del coro y de la instrumentación de la orquesta de la Escuela Municipal de Música Joaquín Villatoro, de la recitación poética de María García Millán, de la proyección de Pedro Julio Aranda Cabezas y de la presentación de Pedro Millán Zamora.

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Es un concierto que lleva fácilmente al espectador a caminar por la Judería, a regocijarse con el arrullo del agua o con el trinar de los pájaros en la sierra cordobesa, a revivir y a vivir la trascendencia y la espiritualidad de Las Ermitas o a disfrutar en un típico perol cordobés, mientras escucha los triples, los tenores, los barítonos, los bajos, las flautas, el oboe, los clarinetes, el fagot, el piano, los violines, la viola, el violoncello, el contrabajo, la guitarra, los laúdes, las bandurrias, los timbales y la percusión.

En la presentación intervinieron Julio Criado, alcalde de Castro del Río, Salvador Millán, concejal de cultura, José Cosano Moyano, presidente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba y Manuel Silva, presidente del Real Centro Filarmónico Eduardo Lucena, trazando la vida del compositor.

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Este hito en la historia de la música castreña y cordobesa tiene lugar el domingo 21 de noviembre. Pues bien, la noche anterior se celebra otro evento musical, también memorable, organizado por la Agrupación Musical Maestros Villatoro y Algaba, en el salón de actos de la Biblioteca Municipal. Se trata de la presentación del cuarto número de la Gaceta la Matraca, de la agrupación, dedicado por completo a la figura del maestro Paco Algaba, indagando en sus cuadernillos sobre la vida y la obra de Francisco Algaba.

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Julio Porcel es el encargado de presentar los trabajos contenidos en la publicación intercalando entre sus palabras una selección de marchas compuestas por D. Paco Algaba e interpretadas por la Banda Maestros Villatoro y Algaba. Entre las marchas de banda se distingue la interpretación a piano a cargo de Antonio Erencia Gómez del tango “Esperanza” compuesto por el Maestro Algaba.

Estamos ante una publicación, con un cuidado y esmerado diseño de Miguel Morales, impresa en “La Gutenberg” de la localidad. Una edición necesaria porque no es fácil encontrar investigaciones sobre el músico castreño. Tal vez porque sea necesario seguir investigándolo. Tal como expresa el presidente de la Agrupación, Juan Manuel Algaba Carretero, en el pórtico de la revista: “A pesar de la poca información que hay sobre el músico castreño hemos tratado de incluir una serie de artículos donde se recogen distintas facetas de nuestro paisano, además de reunir documentos y material todavía inédito”.

La revista abre con una biografía del músico, a partir de artículos escritos por Francisco Morales y Alberto Gay. A continuación viene una semblanza a cargo de Bernardo Salido Cabezas la cual da paso a una presentación de “El ermitaño. Novela-guion cinematográfico de ambiente cordobés”, al cuidado de Francisco Morales quien descubrió una referencia el Archivo Municipal profundizando a partir de ahí en la obra. Después consta un artículo sobre el “Parque Francisco Algaba Luque”, situado junto al “Paseo Cristóbal Toledo”. También hay un amplio espacio para la música cofrade y las obras del maestro ilustradas con una buena base documental, donde se refleja todo el patrimonio musical hasta la fecha catalogado. El artículo “La música cofrade del Maestro Algaba” realiza un análisis musical sobre la forma de componer y transmitir sus sentimientos a través de su música. El lector interesado encontrará otro artículo titulado “Verbena de la Virgen de los Faroles. Concierto de música cordobesa (1939)”.

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Miguel Millán escribe el trabajo “Indagando en la historia de nuestras marchas” tras quien Francisco Morales participa de nuevo con su trabajo “Don Paco Algaba y la saeta”. El Ateneo de Música Sacra Villa Cervantina colabora con el artículo cuya cabecera reza: “Recuperando nuestro patrimonio”. A partir de la página 33 La Gaceta ofrece un extenso repertorio documental que va desde el expediente académico y el grado de bachiller del músico castreño (documentos proporcionados por la Fundación “Aguilar y Eslava” de Cabra); varios discursos en la Real Academia cordobesa hasta imágenes de sendos documentos manuscritos inéditos que la redacción de la revista ha transcrito.

Por todo ello, la celebración de Santa Cecilia ha tenido un esplendor especial este año en la villa cervantina de Castro del Río con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Francisco Algaba Luque gracias a la interpretación de “Bocetos Cordobeses” y mediante la presentación de una revista monográfica.