Juan Valera, andaluz universal


Con lentes de sociólogo y el detallismo de un orfebre, Juan Valera cimentó su obra con temas universales como el amor

Juan Valera
Juan Valera. /Foto: LVC

El 18 de octubre de 1824 nace el egabrense-menciano, o el menciano-egabrense, Juan Valera. Mucho hay que decir de la figura y de la obra de Juan Valera y Alcalá Galiano. Destacaré aquí algunas ideas que pretendo sean ancilares y panorámicas, preludio de nuevas notas e investigaciones venideras. Su infancia transcurre en Doña Mencía y Cabra. Aquí está su arcadia y su imaginario, aquí radica la belleza de numerosos pasajes de su narrativa.

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Casa natal de Juan Valera en Cabra

Con una fuerte formación religiosa y humanística, estudia la carrera de Derecho, tras la que comienza su periplo de hombre diplomático en la embajada de Nápoles, luego en Lisboa, Río de Janeiro, Rusia, Washington, Bruselas y Viena. Es académico en la Real Academia Española y colabora en publicaciones periódicas como El Contemporáneo, la Revista de España donde publica Pepita Jiménez o El Imparcial, donde publica Juanita la Larga.

Con lentes de sociólogo y el detallismo de un orfebre, Juan Valera cimentó su obra con temas universales como el amor, que fueron de interés para los lectores de su tiempo y que siguen atrayendo al lector actual. Ahí están sus magistrales prospecciones en la psicología y en la mujer, tal como ha estudiado la profesora Remedios Sánchez García. Es el escritor español decimonónico que bebiendo de las minervas románticas decantó su estilo hacia el realismo, esmaltando en sus letras con benemérita pulcritud las costumbres de su tierra.

La talla literaria de Juan Valera se debe a sus ocho novelas. En su valía también deben integrarse otras facetas como los cuentos, tan profundamente estudiados por la profesora Marieta Cantos Casenave; el teatro, los artículos críticos y periodísticos, la poesía y la traducción y su fértil epistolario que el profesor Leonardo Romero Tobar y su equipo han editado en ocho bellos tomos. Destaca su esmaltada prosa artística, el comedido costumbrismo que reluce y enriquece en sus novelas, el realismo de sus descripciones y la verosimilitud de sus localizaciones.

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Pepita Jiménez se alza sobre el escenario de Cabra denominada como Villabermeja, Juanita la Larga se ubica en Villalegre, que equivale a Doña Mencía. Así de bien lo enuncia el catedrático y académico José Peña González en uno de sus trabajos: “Si Pepita Jiménez es el gran regalo a Cabra, Juanita la Larga es el espléndido fruto de la ancianidad de Valera y su tributo a Doña Mencía”. Doña Luz , su quinta novela, está ubicada además en Baena o Castro del Río, según confiesa el propio Valera en una de sus cartas, respecto a  Villafría, concretamente en la página 140 del tomo tercero de su rico epistolario.

En sus últimos años, en Madrid, celebra la tertulia que tiene lugar en su casa de la Cuesta de Santo Domingo en compañía de renombradas figuras del momento literario como Blanca de los Ríos, Emilia Pardo Bazán o Menéndez Pelayo. No me cabe duda alguna que Juan Valera es el español de su época que más lenguas dominaba y que más culturas conocía. Ahí está la riqueza y la variedad de su obra.

Voy a dejar sus lances amorosos, que son numerosos, para otra ocasión; así como los conocidos lugares localizados en Cabra y Doña Mencía como es el caso de la milagrosa Fuente del Ejido, cuya agua era “vinagrera y muy triguera”. También me propongo tratar las ricas alusiones a los viñedos y los vinos de la tierra, a los olivares, o la fiel descripción de la Semana Santa, con sus detallados procesionales y las delicatessen gastronómicas. Todo esto lo dejo para otra ocasión. También dejo para otro momento la presentación de los numerosos refranes que pueblan sus páginas.

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Es laudable la conmemoración anual que la ciudad de Cabra celebra donde interviene majestuosamente incluso la Banda de Música. En 2005 Cabra orquestó un Congreso de alto nivel internacional al que asistieron los académicos, intelectuales e investigadores de primera división en el estudio de Valera. Actualmente Fernando Priego, el alcalde de la ciudad, junto a su concejal de cultura, velan por mantener viva la llama del ilustre novelista. Ahí están los premios Juan Valera del Ayuntamiento de Cabra y Fundación Cultural “Valera”.

Asimismo, Doña Mencía acogió unas jornadas en las que disertaron, entre otros, el poeta, traductor y profesor cordobés Carlos Clementson. Recuerdo el impulso que Juani Baena dio a esta efeméride con el ciclo de Conferencias “Valerianos 2005” quien, junto a Carmen Romero, ha mantenido vivo el recuerdo y la presencia del insigne escritor. En los años recientes se han celebrado las jornadas “Recordando a Valera”, camino ya de la undécima edición, impulsadas por Pepe Jiménez Urbano, estudioso de Juan Valera, además de cronista de Doña Mencía. Actualmente Salvador Cubero y su concejal de cultura, Vicente Cantero, hacen todo lo posible por esta digna memoria.

Tanto Doña Mencía como Cabra velan por mantener vivo el legado del andaluz universal. Es muy deseable que hagan lo propio el Gobierno de España, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Córdoba y la Diputación Provincial de Córdoba. En su memoria, por su memoria y para su memoria conviene afanarse. Sublima el territorio e ilustra a sus gentes. Es conveniente visitar y revisitar a Juan Valera. Se trata de leer y de apreciar su obra y todo su fértil legado, de hacer cultura con mayúsculas, de darlo a conocer a las generaciones futuras. Mirar al pasado para proyectar el futuro, donde brilla la cultura en estado puro y el afán de valorar, de celebrar y de recuperar nuestro pasado y nuestras señas de identidad.