Editor Calixto Torres


Presentación de libros de la editorial Calixto Torres.

Córdoba es una ciudad con una vida literaria intensa. Tres eventos culturales se concitaron en Córdoba en un mismo día, el pasado 23 de septiembre. Primero, a las 12 de la mañana, se presentaba El templo de Córdoba. La mezquita-catedral, un espacio único en el Mundo, coordinado por Gloria Lora y José Calvo Poyato en la Sala Capitular de la Mezquita-Catedral, junto al deán-presidente del Cabildo, Manuel Pérez Moya, Francisco Poyato Pino (Director de ABC Córdoba) y Antonio Cuesta (Director de la editorial Almuzara). Segundo, a las 8 de la tarde, el editor Calixto Torres impulsaba un acto de presentación de tres libros: Silente Soledad, de Antonio Moreno Ayora; Boceto de una fábula, de Francisco Javier Guerrero, y Poemas en el jardín, de Manuel de César. Tercero, a la misma hora, Francisco Gálvez presentaba su libro La vida a ratos en el Centro Andaluz de las Letras, con Pablo García Casado.

Esta columna hoy quiere valorar como merece el esfuerzo y la apuesta firme de Calixto Torres al embarcarse en la edición de libros literarios, aportando indudablemente su granito de arena a la cultura cordobesa, andaluza y española. Y lo ha hecho y lo hace con una constancia admirable a través de tres cauces fundamentales: la edición de la revista Suspiro de Artemisa, de la que ha dado a la luz ya catorce números; publicación de poemarios individuales; y la publicación bienal de una colección de poesía. En este último caso han aflorado ya las colecciones Año XIII, Año XV, Año XVII y ahora Año XIX, que atiende a diecinueve poetas de ámbito nacional y puramente cordobés. Sí, porque Córdoba es ciudad cuya literatura no desatiende Calixto Torres, al que esta le debe tanto. En este sentido, las últimas entregas de la Colección Año XIX (que se presentaron ese mismo día antes citado, en formato de tres autores leyendo sus poemas en el Palacio del Bailío, son las que se mencionan a continuación.

Antonio Moreno, con su inigualable poemario Silente Soledad, se ha descubierto (a pesar de que hasta ahora era más conocido por su altura intelectual como crítico literario) como un poeta al que debe tenerse muy en cuenta por la calidad, concentración y sencillez de sus versos, que sin dejar de tener ecos de la tradición poética clásica se afincan en una actualidad personal indudable. Con Silente soledad, que adquiere una estructura vital a partir de las Coplas de Jorge Manrique, deja entrever sus preocupaciones por el tiempo y el pasado, por las vivencias del momento presente y, al fin, por las experiencias amorosas. Moreno Ayora lo mismo recuerda sus paseos por Córdoba (“Horas vividas son / las que anduve por callejas, / por los jardines y plazas / de esta monumental Córdoba”) que su inquietud por una herida personal (“Cuando la persona a quien más amas / te rechaza, explosiona el rayo / más exterminador del universo”), que su vibrante emoción ante el amor: “¿Crees que puedo olvidar en unos días / el pulso galopante / que me imprimió tu mirada…?”. 

Francisco Javier Guerrero, con su muy estimable Boceto de una fábula, dio lucidez a la tarde al leer unos versos comprensibles y cálidos de un libro dividido en tres partes (Perspectiva, Volumen, y Color y límite) con la clara intención de sublimar los versos en imágenes, cuidando la forma como si fueran trazos. El poemario se detiene en la relación del autor con el lenguaje, haciendo un recorrido que se mueve entre los ámbitos personales del poeta hasta diferentes espacios y entornos naturales con el propósito de universalizar las impresiones que enfoca en cada uno de sus poemas. De estos, destacamos “Magnolia” (que comienza con: “Acepto mi ignorancia frente al árbol. / Examino sus hojas / para profundizar en mi naturaleza, / transcurrir los abriles hecho rama / y crecer bajo el suelo”), y “Nocturna”, de principio igualmente bellamente descriptivo: “La ciudad, a lo lejos, nos colma de promesas / como un caleidoscopio de infinitas imágenes. / Se expande entre la piedra y el delirio, / suavemente, / hacia el lado más puro de la noche sin luna”.

Y Manuel de César –poeta experimentado con una decena de poemarios ya conocidos–dio a conocer su título Poemas en el jardín, compuesto de veintitrés textos cuyos titulares (como “Ahora escucho a los pájaros”, “Tejedora de sueños”, “Un paisaje perfecto” o “Cuando este jardín crezca”) dejan una sensación de paz, un deseo de alcanzar dulces sueños, una esperanza de demostrar líricamente que “la música está en todo, / brilla, aroma y endulza, / te toca y te seduce, / es parte del amor / que vives o que añoras, / parte de tu alegría / y de tus dulces sueños”. 

Sin duda la Colección Año XIX, en la que también participarán muchos otros poetas cordobeses y de otras procedencias geográficas –pongamos como ejemplo a Enrique Gracia Trinidad– va a dejar una imborrable huella en el panorama de la poesía que se escribe en Córdoba, en Andalucía y en España. Es cierto que en la historia de la poesía cordobesa, con Góngora como adalid lírico y revolucionario del lenguaje, se engarzan autores como Juan Valera, Ricardo Molina junto a García Baena, y dando un salto Francisco Gálvez, José Luis Amaro y Rafael Álvarez Merlo. Imprescindibles son los actuales nombres de Manuel Gahete, Alejandro López Andrada, Fernando Sánchez Mayo, Balbina Prior, Joaquín Pérez Azaústre, Francisco Onieva y José Luis Rey, este además de poeta, ensayista y traductor de poesía inglesa. 

Es la editorial De Torres Editores la que presta una atención preferente a muchos poetas cordobeses, afianzando el conocimiento de los ya ampliamente reconocidos y dando visibilidad a otros que empiezan o tienen una obra reducida pero de una calidad admirable y de futuro esperanzador. Los tres citados, Moreno Ayora, F. Javier Guerrero y Manuel de César son, en buena parte, ejemplos de este interés poético que debe fomentarse y seguirse como lo hace con acierto Calixto Torres a través de su sello editorial. 

Por eso Córdoba (y muy concretamente las autoridades dedicadas a su gestión cultural) debe cuidar la lista reciente de escritores que emanan en la ciudad, debe celebrar su obra, difundir y justamente valorar su trabajo. Córdoba es la ciudad española de la poesía. Córdoba es un seminario generador de literatura a raudales. Córdoba es una fuente permanente en cuyo seno emana un buen manantial de lírica auténtica y renovadora. 

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