Zenobia desde Córdoba


El 31 de agosto se celebra el nacimiento de Zenobia Cambrubí (1887-1956) la muchacha “medio española, medio norteamericana” de la que Juan Ramón Jiménez fue novio y esposo, con la que empezó a traducir poemas para niños y con la que tradujo la obra del poeta bengalí Rabindranath Tagore. Zenobia Camprubí Aymar, es “un hada de ojos azules y una nube rubia sobre las sienes, caída en las redes de un poeta…” (5), según la describió Ortega y Gasset en el prólogo a la Obra Completa de Tagore.

Portada del libro “Cartas de Zenobia o el vuelo de un hada”.

En el libro Cartas de Zenobia o el vuelo de un hada, su autor, Fernando Jiménez Hernández-Pinzón, nos la acerca en su dimensión humana, familiar y literaria. Se trata de un relato autobiográfico que va intercalando fragmentos de cartas entre experiencias personales del autor y datos de la vida del poeta y de su esposa en el exilio. Su testimonio, narrado de forma natural, es  directo y muy realista. Es autobiográfico porque su autor cuenta de primera mano su relación con la familia Jiménez-Camprubí. Es realista porque además contiene entrecomilladas numerosas citas de sus cartas.

Lo primero que destaca es la vivencia de Fernando Jiménez Hernández-Pinzón en el colegio de los Jesuitas en El Puerto de Santa María, donde también había ingresado como alumno interno Juan Ramón Jiménez a sus once años, en ese bello entorno atlántico que comparte con Huelva un mismo paisaje de beatitud juanrramoniana, que inevitablemente lleva a la poesía.

El autor parte de una anécdota personal que se convierte en central para todo el relato: abrió un cajón y “descubrí algo: una foto montada en cartón recio, con el borde superior derecho partido, donde se veían los alumnos de un curso, dispuestos en cuatro filas, debajo de los cuales se leía: ‘Curso de 1895 a 1896’” (8). Y era el mismo curso de Juan Ramón Jiménez, quien aparecía en la foto y en cuyo reverso había estampado su firma y había escrito, con su propia letra, los nombres de todos los compañeros del curso. Parece que esa foto hubiera estado allí, dormida en el cajón vacío de un mueble viejo, para que ella recogiera, exactamente después de cincuenta y tres años… Es un fenómeno de “sincronicidad”, como el autor lo denomina en referencia a una teoría del maestro Carlos Gustavo Jung.

Otro episodio sobresale en el relato: el autor recibe un paquete desde San Juan de Puerto Rico, de Hato Rey, remitido por Zenobia: Romances de Coral Gables, publicado en México (1948) con una dedicatoria del poeta Juan Ramón y una foto “recortada y pegada” (15). Así de claro va aflorando el hilo narrativo entretejiendo detalles, memorias y noticias en un discurso bien trabadcuya lectura es grata y gratificante.

El libro también detalla datos interesantes sobre los espectáculos a los que asistían Zenobia y Juan Ramón, la música que escuchaban, el coche que tenían o las conferencias semanales que Juan Ramón impartía en la Universidad “sobre el Modernismo, sin que falte el emocionado recuerdo de San Juan de la Cruz y de Bécquer” (58).

Asimismo descubre el desgarro que sufrieron Zenobia y Juan Ramón por la Guerra española, y cómo volcaron sus energías en ayudar a su país desde la distancia del exilio. Estos pasajes ponede manifiesto el lado humano de ambos: realizaron colectas, dedicaron a los niños las ganancias de derechos de autor de algún libro de Juan Ramón o de las traducciones de Zenobia; se integraron en un grupo de costura para confeccionar ropa de abrigo…

Ángela Negrón lo dijo así: “Zenobia es, al lado del poeta, un rayo de sol de mañana de primavera” (60). Y Cartas de Zenobia o el vuelo de un hada es un libro de Fernando Jiménez Hernández-Pinzón, publicado en la Editorial Club Universitario de Alicante, en el que se ofrece al lector un acercamiento a la figura de Zenobia Camprubí y del poeta Juan Ramón de una manera auténtica y original.

Todo lo comentado hasta ahora se encuentra en la primera parte del libro que contiene diecisiete capítulos (5-62). La segunda parte realiza tres calas en tres geografías: Córdoba (2006), Madrid (1958) y Moguer (2007).

Su presencia en Córdoba permite al Dr. Jiménez profundizar en la figura de “don Juan Guerrero Ruiz, abogado, funcionario y editor, calificándolo como el más fiel, el más leal amigo y colaborador de Juan Ramón, el esposo de Zenobia, el Hada de ojos azules […]” (65). Guerrero Ruiz, llamado por Lorca, en el Romancero gitano, “el cónsul general de la poesía española”, es coautor de una ingente correspondencia epistolar con el poeta y su esposa. Fernando Jiménez explica su fortuita relación personal con la familia de Guerrero Ruiz, señalando otro hito sorprendente relacionado con Córdoba: el imprevisible encuentro con el nieto de don Juan Guerrero, el también poeta Bernd Dietz, que vive en Córdoba y es Catedrático de Filología Inglesa en su Universidad. “Sincronicidad” denomina Fernando Jiménez a suertes como esta. “Sincronicidad sorprendente.

En referencia a Madrid (1958), que he denominado la segunda cala del relato, se narra cómo “el día 4 de abril de 1958, a las 5 de la tarde, llegaron a España, desde Puerto Rico, en un avión de Iberia de panza plateada, los cuerpos sin alma de quienes fueron, y serán para siempre, Zenobia (el Hada, ya sin alas) y su poeta (el que la había cazado con su cazamariposas de sueños) Juan Ramón”. Allí estaba Fernando Jiménez “bajo las escalinatas del avión por donde descendían dos ataúdes de caoba brillantes […]. Allí estaba yo (hasta en la foto que aquel día publicó el diario ABC se me puede identificar), cerca de los familiares enlutados, entre los poetas Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Gerardo Diego…”

Fernando Jiménez (dcha.) y Juan de Dios Torralbo./Foto: Enrique Saint-Gerons Herrera

Me llega la hora de poner unas letras sobre el autor del libro aquí abordado, quien en el episodio inicial que se relata “realizaba estudios de Humanidades, preparándome para ejercer una profesión de educador, formador y docente” (33) en el mismo colegio que Juan Ramón.

Lo primero que hay que decir es que Fernando Jiménez Hernández-Pinzón es sobrino nieto del matrimonio Zenobia-Juan Ramón, aunque él no lo diga en su libro. Sus vivencias, sus cartas (las suyas y las de Zenobia y Juan Ramón), los documentos que tiene en su biblioteca, nutren este libro con vigor. Tiene publicados más de treinta libros sobre psicología, filosofía y literatura. Su trabajo Dios deseado y deseante, último libro de Juan Ramón Jiménez fue reconocido con el premio Zenobia Camprubí, convocado por la Casa Museo Zenobia-Juan Ramón de Moguer.

También hay que decir que Fernando Jiménez, aunque nacido en Sevilla, vive en Córdoba donde realiza su actividad profesional de Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta, y donde ha enseñado en diversas cátedras, llegando así su magisterio a un amplio número de alumnos. El sobrino nieto de Zenobia y de Juan Ramón es doblemente doctorado, por la Complutense y por la Universidad de Paraguay; triplemente licenciado (en Teología, en Filosofía y Letras y en Psicología).

La Editorial Club Universitario merece también unas palabras laudatorias, puesto que gracias a ella el lector puede aprender, aprehender y disfrutar con este libro que está cuidadosamente impreso y cosido, envuelto con una portada elegante que trae a primer plano una bella imagen de Zenobia.

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