Tráfico de drogas novelado


 

Portada del libro la Nueva Jerusalén./Foto: LVC

Continuas referencias a Córdoba y alusiones o citas esporádicas sobre Málaga son las que se leen, como respectivos paisajes urbanos, en la reciente novela de Marcos Santiago Cortés La nueva Jerusalén, que le publica el prestigioso sello editorial  Almuzara. Es sobre todo en esa geografía de la capital cordobesa donde va ir transcurriendo un argumento similar al de una novela negra, pero con la particularidad de que las investigaciones, rastreos y averiguaciones se van a centrar en el personaje Nico, un traficante de estupefacientes que al final será encarcelado y dibujará tras sí la nebulosa del menudeo de drogas por las calles y barrios de Córdoba, cuyos afectados pululan por las barriadas de Moreras, Fuensanta o Las Palmeras. Son estos incidentes los que abren el argumento con las palabras… “El Nico llevaba dos días detenido por tráfico de drogas y, dado su currículo, la cosa pintaba muy mal”.

A partir ya de este primer capítulo se van a suceder los restantes treinta y nueve, diversificados en torno a las investigaciones que llevará a cabo la Policía Nacional y el Cuerpo de la Guardia Civil, aunados unas veces pero con discrepancias profesionales otras. Sus pesquisas servirán de base para las actuaciones judiciales correspondientes, y es en este punto donde resaltan los personajes de la abogacía y de la justicia de la Audiencia Provincial, pues debe subrayarse que la novela de Santiago Cortés es un dechado de lo que debe ser la ley en relación con los procedimientos penales. Frases, consejos y reflexiones hay en todo el argumento que son ejemplos del profundo conocimiento de la jurisprudencia que maneja el autor, que ha sabido dar vida a abogados como don Fernando o Luna Escallada, y sobre todo al juez don Víctor, cuya siguiente aseveración comentando situaciones profesionales sitúa a España como “el país de la envidia, que creo que es peor que la cocaína”. A estos tres personajes se subordinarán ya todos los demás, aunque entre estos últimos se le da un tratamiento especial a la malagueña “la Paqui”, que logra redimirse del ambiente de la drogadicción y crear unas expectativas de vida esperanzada.

No olvide el lector que está asistiendo a acontecimientos duros, complicados y con el fondo de personajes de vidas desestructuradas y entregadas al abuso y la ignorancia, con ansias desbordadas de dinero fácil, pero que sobre todo ello emerge la belleza descrita: “La ciudad de Córdoba podía ser un lugar ideal para vivir si se sabía descubrir su enorme patrimonio y disfrutarlo”. Así, el mundo de la droga queda presentado con su lenguaje coloquial propio, y el de la justicia con sus exigencias legales y protocolarias, aunque también con sus tortuosos caminos y sus reconocidos fracasos, como se reconoce en la crítica de que su funcionamiento “había sido incapaz de dar respuesta y solución justa a la comisión de los delitos protagonizados por personas nacidas en riesgo de exclusión o con inadvertidos problemas psíquicos”.

Es esta la cuarta novela de Marcos Santiago Cortés, pero al sentir de la crítica y de los comentarios avanzados por lectores será la de mayor calado y trascendencia literaria, entre otras razones porque en ella su autor ha volcado situaciones profesionales, íntimas y de experiencias tan personales como auténticas. Estos ingredientes colman la dosis de realismo de la obra. Con ella demuestra ser no solo un respetado abogado penalista sino un esforzado y atento escritor que radiografía con acierto y realismo el mundo del tráfico y menudeo de drogas en una ciudad tan impactante como Córdoba.

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