Poetas de Iznájar, en un libro


El término “cultura” está etimológicamente relacionado con el término “cultivo”. El campo precisamente une a los dos autores de esta obra, tanto a Antonio Moreno Ayora como a Diego Ortiz Pacheco. El campo o el terruño es el lazo de comunión entre ambos y señaliza tanto a los olivares que hay junto al pantano de Iznájar como el terreno de la literatura.

El libro se titula Poetas de Iznájar: sus coplas y sus anécdotas y acaba de presentarse en la más sureña de las localidades subbéticas. Saca a la luz y homenajea a un grupo de poetas populares que, amamantados por la tradición de la lírica oral de Iznájar y su entorno, practicaban lo que se denomina “cante de poetas”.

En el libro aparecen recopilados trece de estos poetas, aunque se citan y se relacionan con muchos más, de los cuales se mencionan en conjunto más de un centenar de coplas que, por añadidura, se transcriben junto a la anécdota o la situación social que particularmente las originó.

Unos trazos biográficos breves presentan a nombres como los de Basilio el de los Claveles, Tosquillas, Rafael el de la Cuarta, Domingo Mesetas o Confitera. El desparpajo, la gracia, la finura del pensamiento o el atrevimiento son rasgos de este tipo de poesía oral popular, que se daba con un planteamiento teatral según el cual se establecía un diálogo entre dos o más poetas que se atacaban, lanzaban puyas o respondían a las preguntas que ellos mismos se planteaban con donaire, gracejo y frecuente ironía.

Desde luego que ha sido un acierto el del Ayuntamiento de Iznájar por apoyar la publicación de este trabajo que ya en sí es una joya de la poesía tradicional cordobesa. Este sendero es el que conviene transitar y estas son las apuestas culturales que perduran para el futuro como un legado impreso.

La singularidad de un pueblo y sus rasgos identitarios se acrisolan y se preservan en libros como este gracias al arropamiento del Ayuntamiento y al empeño y esfuerzo de Antonio Moreno y de Diego Ortiz. Es una loable tarea la de preservar las raíces creativas y culturales, fijándolas a través de la luz de la imprenta. Es una benemérita actividad la de publicarlas ofreciéndoselas a los protagonistas más cercanos y a un amplio elenco de lectores.

Diego Ortiz Pacheco es un conocido iznajeño por su labor literaria y por sus variados trabajos. Ha sido labrador, albañil, camarero y jardinero. Diego ahora disfruta de su jubilación (que no se olvide, este nombre en latín tiene que ver con la alegría – iubilare-). El mérito de Diego Ortiz es bien laudable; pues ahondando en su biografía se constata la escasa oportunidad que tuvo de aprender en el colegio. Así que su tarea cultural radica sobre una formación autodidacta, imbuida en la tradición oral donde se concitan tonás, refranes, retahílas y chascarrillos, esos que eran recitados por los mayores del lugar junto a la chimenea. Diego, testigo y protagonista, sabe bien las coplas que entonaban los mozos para  cortejar a las mozas.

Antonio Moreno Ayora, también de raigambre iznajeña, es conocedor asimismo de la tradición poética y literaria del lugar, de las quintillas o cuartetas que improvisaban los poetas campesinos en las fiestas y en las llamadas “Velás de Poetas”. Moreno Ayora, que ha sido profesor en la Universidad de Córdoba, catedrático de Instituto; es crítico literario y asiduo colaborador en publicaciones literarias y culturales. Valora y justamente estudia y difunde este caudaloso venero de sapiencia y de arte. Antonio Moreno, sabe que en lo pequeño está lo grande y que en lo humilde está lo sublime.

 

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