De cuando el Corpus pasó a ser una fiesta vespertina en Córdoba


La mayoría de nosotros tendrá algún recuerdo de cuando la procesión del Corpus Christi subía hasta las Tendillas en las calurosas tardes de Jueves de Corpus. No hace tanto de su traslado al domingo siguiente al de la Santísima Trinidad. Pero, ¿cuándo se cambió su horario hasta la tarde? ¿Y por qué de esa decisión?

A mediados del siglo XIX la costumbre imponía que el propio Ayuntamiento de Córdoba se involucrase en la organización de la procesión, al menos en lo que a protocolo y decoración se refiere. Tanto era así que, a través de Bandos Municipales se disponía la guarda y cumplimiento de disposiciones como la que invitaba a los vecinos de la carrera por la que discurriría la procesión a limpiar “sus respectivas jurisdicciones” o adornar balcones y ventanas con las “oportunas colgaduras”; aquélla que prohibía el tránsito de carruajes y caballerías, salvo alguna excepción, y alguna que otra adicional.

El consistorio publicaba el conocido “convite” para la procesión del Corpus por el que se invitaba a los diferentes protagonistas de la sociedad cordobesa de la época; similar al publicado para la procesión oficial del Santo Entierro del Viernes Santo.

El Cabildo, por su parte, también aportaba su granito para que la fiesta no decayera tras haberse vivido en Córdoba las magníficas procesiones de los siglos XVI y XVII; descritas por autores como Aranda Doncel. Cabe recordar las nuevas andas estrenadas para la Custodia de Arfe en 1858, adornadas con faldones de brocado de oro y plata realizadas en Valencia, y que dieron gran realce a la procesión. O las diferentes imágenes con las que se completó el cortejo y entre los podemos recordar a San Rafael, San Acisclo y Santa Victoria, San Eloy o la Inmaculada Concepción.

La instalación de toldos a lo largo de la carrera favoreció el discurrir de la procesión de una manera más tranquila, pues en cierto modo se paliaba el efecto del calor cordobés de media mañana. De hecho los instalados en 1872 permitieron que la procesión concluyera algo más tarde que durante los años precedentes.

Sin embargo, y a pesar de las novedades que se iban introduciendo en el cortejo, la participación no llegaba a ser la esperada. Tanto es así que en 1863 Diario de Córdoba publicaba la siguiente reflexión al hablar de la procesión de ese mismo año:

“Muy lucida estuvo la procesión que anteayer recorrió las calles de la carrera, la cual se hallaba adornada como de costumbre; y mucho más lucida hubiera estado si hubieran concurrido todas las personas invitadas, cuya ausencia no podemos atribuir a otra causa que a lo incómodo de la hora en que sale la procesión”.

Y es que el cortejo estaba citado en la Catedral a las siete y media de la mañana.

corpus
Procesión del Corpus./Foto: Luis A. Navarro

Sin embargo la idea de un posible cambio de horario no deja de latir en ciertos ambientes, siendo 1879 una fecha crucial para el mismo. El 27 de mayo de dicho año se conoce que el Ayuntamiento de Córdoba, de acuerdo y por conducto del Obispo de la Diócesis (Monseñor Ceferino González y Díaz Tuñón), solicitó de su Santidad “la gracia de que pudiera celebrarse por la tarde la procesión del S. Corpus Christi, en atención al excesivo calor que en Córdoba se siente en esos días a otras interesantes consideraciones por las que este acto, augusto e importante para todo el orbe católico, no se podía celebrar con el esplendor debido”. Su Santidad Leon XIII accedió a la petición del Ayuntamiento “con su acostumbrada bondad”, concediendo a Córdoba el poder celebrar desde ese mismo año de 1879 la procesión del Corpus en las horas de la tare. Para ello se creó una comisión encargada de organizar todos los cambios a los que dicha concesión Pontifica obligaría.

Sin embargo no queda ahí la cosa. El 29 de mayo Diario de Córdoba publica una aclaración a la noticia anterior, anunciando que el propio Obispo de Córdoba había solicitado “espontáneamente” a la Santa Sede, “para mayor comodidad de de sus diocesanos y más esplendor del culto”, el antedicho cambio de horario de la procesión, lo cual le fue concedido dos años antes (1877). Toda vez que el Ayuntamiento elevó la misma petición, el Obispado de Córdoba contestó trasladando la concesión que ya tenía hecha, y cuya respuesta también comunicó al Cabildo Catedral.

El Ayuntamiento acordó agradecer a don Ceferino González su intercesión, solicitándole que dispusiera lo necesario para que el cambio de fecha fuera “práctica constante”, y no sólo para el año 1879.

El Ayuntamiento de Córdoba preparó un “convite” muy especial con la intención de que el cambio de horario fuera todo un éxito, estableciéndose el inicio de la procesión a las 17.00 horas (en lugar de a las 8.00 horas). Bartolomé Belmonte, alcalde de la ciudad, añade a las normas habituales la prohibición de apertura de todas las tiendas y talleres, estableciéndose el siguiente orden para la procesión: batidores a caballo, asilo de mendicidad, acogidos de la Casa Socorro Hospicio, cofradías con sus estandartes, el convite hecho por el Excmo. Ayuntamiento, juzgados de primera instancia y municipales, Excmo. Sr. Gobernador militar (llevando el pendón y acompañado de los señores Jefes y Oficiales), cruces parroquiales y Clero, tribunal eclesiástico, seminarios y Clero Catedral, Cabildo Catedral, Custodia seguida del Palio y gastadores, el preste y sagrados ministros, la Excma. Diputación provincial y el Excmo. Ayuntamiento seguido por la fuerza militar de escolta.

De esta manera la primera procesión celebrada tras la concesión de León XIII fue definida como “solemnísima”, debido al gran número de participantes y fieles que la acompañaron. Y más allá de los motivos esgrimidos en el escrito del Ayuntamiento, donde se aludía a las altas temperaturas de las mañanas cordobesas, la crónica de la primera procesión celebrada por la tarde decía lo siguiente:

No es precisamente el que se sienta por la mañana más calor, lo que puede retraer a los fieles, pues esto no se puede creer en un pueblo católico, sino que las primeras horas del día, aun cuando este sea festivo, se consagran al arreglo interior de las casas, y aún en el día del Corpus al especial vestido de la persona, que debe corresponder a la grandeza de la solemnidad a que se va a asistir, sean cuales fueren las exigencias de la moda”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here