De cofrades 2.0


Hasta hace no mucho, y por lejano que nos parezca, la información cofrade se consumía tan sólo en los días previos a Semana Santa y en brevísimas dosis. Algunas noticias perdidas en Cuaresma, asomadas entre crónicas locales, resultaban pepitas de oro en una batea poco acostumbrada a mostrar el resplandor de cultos o estrenos. Aunque el cofrade de cierta edad sabrá que no es estrictamente cierto lo que digo, pues la información cofrade sí que se consumía durante todo el año, pero no a través de los medios sino de las propias casas de hermandad; de donde emana y donde reside.

Sin embargo los medios encontraron un filón en esta información, y no sólo comenzaron a dedicarle tiempo sino que crearon secciones propias para las cofradías. Incluso sub-secciones, pues dentro de los enlaces a la información cofrade de sus páginas web, dejaron otros enlaces a las crónicas concretas de Semana Santa; separada incluso por días.

Las propias hermandades entendieron que debían actualizarse, y no sólo dejaron de imprimir sus boletines, con la ilusión que hacía recibirlos en casa, sino que comenzaron a distribuirlos, exclusivamente, a través de sus redes sociales. El correo postal fue sustituido por el electrónico, para más tarde dejar paso a meros enlaces a través de Facebook o Twitter. El ahorro en costes para las hermandades no fue tan grande, a pesar de los euros, como el impacto que sobre los cofrades tuvieron estos cambios, pues los nuevos canales de distribución permitieron a las hermandades llegar con su mensaje no sólo a los cofrades propios, sino a todos aquellos que han ingresado en este mundo en plena época digital; y que por tanto, y a diferencia de sus padres y abuelos, consumen información cofrade propia, ajena, local o incluso regional, durante todo el año.

Tal vez el cambio de modelo haya dejado fuera del mismo a nuestros mayores, que ya no pueden ojear su boletín sentados en un sillón, aunque siempre habrá algún nieto que pueda leérselo en su tablet.

Si en poco más de 25 años un gran número de las profesiones que ocuparemos no están ni tan siquiera inventados hoy en día, en las hermandades se tuvo que inventar la vocalía de comunicación (que ya existía con anterioridad) / Redes Sociales. Pero como los dirigentes no terminaban de entender el concepto, no fue inusual escuchar frases como: “el tuiter que lo lleve fulanita, que se maneja bien con el ordenador”, o “las fotos que la cuelgue menganito, que se pasa el día entero con la pantallita”.

Y así nos va.

Las hermandades, por lo general (y con sus excepciones, por supuesto), no han entendido que las Redes Sociales no son un fin, sino tan sólo un medio. Y de los poderosos. Y aunque se puede comprobar cómo algunos perfiles oficiales de hermandades son una verdadera ventana a lo que en ellas ocurre y sobre todo a lo que nos quieren transmitir, otros perfiles son ventanas que deberían cerrarse por el propio bien de las hermandades.

Pudiera parecer demasiado tajante, pero ¿a alguien se le ocurre que una hermandad envíe una carta al Obispado, Agrupación de Cofradías o a un banco sin la revisión y firma de su hermano mayor o tesorero? En las redes sociales está ocurriendo y no parece que se le de la importancia que debiera tener. Algunas hermandades han delegado la gestión de estos canales, OFICIALES (aunque digitales), en personas no preparadas para ello (por muy bien que gestionen sus perfiles personales o Whatsapps), no siendo extraño leer entradas de Facebook o Tuits con faltas de ortografía, gramaticales o lo que casi puede ser peor, entrando en discusiones absolutamente contraproducentes para los intereses de la hermandad, a través de sus perfiles oficiales.

Las Redes Sociales no deben utilizarse únicamente para publicar fotografías con el manido texto: “Hoy no es un Lunes/Martes/Miércoles… cualquiera”, o “Tan sólo quedan 5 semanas para volver a tenerte entre nosotros”. El encargado de gestionarlas debe tener capacidad legal suficiente dentro de la hermandad para poder decidir qué y cómo publicar (lo que antes se denominaba tener firma). Debe tener la experiencia necesaria para discernir entre qué material beneficia a la hermandad si lo comparte y qué material no. Debe saber generar su propia información y no basar su actividad en compartir lo que de ella digan otros medios; pues la publicidad que de nosotros hagan otros perfiles puede, o no, ser la que queramos hacer llegar al cofrade.

Mantener redes sociales es económicamente muy barato, pero requiere de ciertos recursos humanos. Si de verdad se quieren sustituir los medios clásicos por los digitales, y que la comunidad cofrade crea en ellos y por tanto los consuma, se deben mantener activos y actualizados; deben ofrecer información de calidad y con el respaldo de la propia hermandad; deben alejarse del SPAM cofrade (de la basura, para aquellos que aún añoran los boletines grapados), pero sobre todo deben ser gestionados como lo que son: una ventana que la hermandad abre para que el mundo la conozca. Y puesto que nosotros mismos la hemos abierto, pongámonos guapos para las visitas.

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