De San Rafael y el mejor té del mundo


 

Procesión San Rafael 1924
Procesión San Rafael 1924. Archivo de David Pinto Sáez

En plena festividad de San Rafael, la cordobesa, la del 24 de octubre, me viene a la memoria una curiosa anécdota que tiene relación con nuestro Custodio, por supuesto, pero también con la tercera bebida más popular de todo el mundo, el té; tan sólo superada en este particular ranking por el agua y el café.

Según escuché una vez el descubrimiento de la infusión de té se produjo, como otras tantas cosas, por una tremenda casualidad. Shennong, un emperador chino que vivió hace alrededor de 5.000 años, impuso la obligatoriedad de hervir el agua que se fuera a consumir. Y cuenta la leyenda que sobre un caldero de agua hirviendo cayeron algunas hojas de un árbol de té, dotando al líquido elemento de un aroma y sabor que cautivaron al mismo emperador.

Su consumo se hizo tan popular que una ruta entre el Lhasa (Tíbet) y Sichuán (China), de más de 2.000 kilómetros, no sólo lleva su nombre sino que se hizo extraordinariamente popular; de hecho se aprovechaba para el comercio de bestias y otras mercancías.

A partir de dicho momento su comercio se popularizó por todo Oriente, siendo China e India sus mayores productores y consumidores. Y fue precisamente en India donde se produjo el primer contacto con el mundo occidental, en concreto con los colonizadores portugueses; estableciéndose en la primera mitad del siglo XVIII el comercio directo entre China y Europa. Huelga decir que en algunos países su consumo es prácticamente cuestión de Estado, siendo consumido por todas las clases sociales.

Pero no pretende ser este un artículo sobre la historia del té, por lo que regresaremos a Córdoba y nuestro Ínclito Custodio.

Corría el año de 1924 y, como era costumbre para conmemorar las apariciones de San Rafael al Padre Andrés Roelas así como la protección que el Arcángel dispensó a nuestra ciudad durante los terremotos de Lisboa de 1755, el miércoles 7 de mayo de dicho año se organizó la habitual procesión entre la Santa Iglesia Catedral y la iglesia del Juramento, en la que participaban los Cabildos Catedral y Municipal. El cortejo, que comenzó su marcha a las 12.00 del mediodía, quedó completado con los batidores a caballo de la guardia municipal, el clero parroquial con sus cruces, el cuerpo de Beneficiados, una sección de la guardia municipal y la banda de música del municipio.

Al alcanzar la iglesia del Custodio se celebró una misa a cargo del canónigo maestrescuela don Miguel Blanco Moreno, dejando el sermón al Magistral don Juan Eusebio Seco de Herrera (quien ejerció igualmente de Presidente del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba). La presidencia la ocuparon el propio Magistral, los canónigos Blanco Moreno y el primer teniente de alcalde señor Barbudo, los concejales señores Luis Junquito, Agustín Ferrer y Daniel Aguilera y el secretario del Ayuntamiento señor Carretero.

Una vez terminada la ceremonia religiosa, ambos cabildos regresaron a la Santa Iglesia Catedral, donde se deshizo la comitiva.

Y fue precisamente en uno de ambos traslados cuando se tomó la fotografía que se publicó en prensa local de aquel año y en la que, aunque sin mucha calidad, parece identificarse en el centro al obispo de la diócesis de Córdoba Adolfo Pérez Muñoz, parte del Cabildo Catedral a su alrededor y el Cabildo Municipal bajo maza. Hasta aquí todo “siguiendo la tradicional costumbre”, según explicaban los artículos La Aparición de San Rafael y Fiesta Votiva, publicados el viernes 9 de mayo en La Voz y Diario de Córdoba, respectivamente. Sin embargo lo que pone en contexto la fotografía, diferenciándola de la que hipotéticamente se podría haber tomado algún siglo atrás, es el anuncio que se puede apreciar en la parte superior derecha de la imagen, y en la que se puede leer: TÉ LIPTON. EL MEJOR EN EL MUNDO. Un encuadre que hoy en día habría hecho desestimar la fotografía pero que hace 93 años se dio por buena, permitiéndonos en la actualidad conocer cómo era nuestra ciudad.

Como curiosidades adicionales recordaremos que en Córdoba se organizaba durante aquellos mismos días una suscripción para la instalación permanente de un foco eléctrico sobre el San Rafael que corona la torre de la Catedral, habiéndose recaudado el 7 de mayo un total de 727,50 pesetas. Los donativos podían entregarse en las sedes de Diario de Córdoba o El Defensor de Córdoba, así como en la casa número 17 de la calle Encarnación, propiedad de d. Rafael Jiménez, y en la farmacia que por entonces existía frente al retablo de la Virgen de los Faroles, propiedad de D. Agustín García Solano.