Del acompañamiento de la procesión del Corpus


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No cabe duda de que la salida de la Custodia procesional de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, con motivo del Encuentro Diocesano de Laicos, es todo un acontecimiento para la ciudad tanto por la carrera que seguirá durante la procesión como por la fecha en la que nos encontramos. Si a ello añadimos la participación de la imagen de Nuestra Señora de la Fuensanta, e incluso la de San Rafael (que si bien no participará de la procesión, sí lo hará de la eucaristía posterior que se celebrará en plaza de toros), el recuerdo que la jornada dejará en todos los que tendremos la suerte de participar será, ciertamente, inolvidable.

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Sin embargo la Custodia procesional de Enrique de Arfe (1518) sí que recuerda algunos otros momentos vividos durante procesiones eucarísticas hoy casi olvidadas y que, en un brevísimo resumen, devolveremos a la memoria.

Todo aquel que haya sentido curiosidad por la ornamentación de la Custodia, habrá podido observar que en su base se representa una escena con seis danzantes. Esta escena nos recuerda a los seis mozos que desde el siglo XVI bailaban y cantaban en honor de S. D. M. durante la procesión del Corpus Christi. El profesor Juan Aranda Doncel documenta en 1555 la adquisición de media docena de pares de botas para dichos seises por parte del Cabildo Catedral, habiendo explicado en diversas ocasiones cómo sus vistosos vestidos y sombreros estaban confeccionados en tafetán.

La presencia de los seises era uno de los momentos más esperados por el pueblo, si bien sus danzas no fueron las únicas con las que disfrutaron nuestros abuelos. Otra de las escenas representadas en la base de la Custodia nos muestra a varias mujeres danzantes con castañuelas, panderetas y guitarras en recuerdo de otra de las danzas más populares, interpretada por gitanas con largas faldas de seda, volantes y mangas muy anchas; acompañadas a su vez por gitanos cuyas puestas en escena eran las más sonadas y aplaudidas. A dichas danzas se unían otras como la de los negros, indios, saraos y un largo etcétera.

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Otro elemento llamativo de la procesión debió de constituirlo el palio con el que fue cubierta la Custodia durante su procesión al inicio del siglo XVII. El propio Aranda Doncel explica cómo dicho palio no apoyaba directamente en las andas sino que sus varales se los disputaban los rectores de las parroquias de la ciudad, caballeros veinticuatro del concejo y los beneficiados de la universidad de clérigos. Sin embargo su uso no se dilató en el tiempo, desapareciendo en la procesión de 1606.

En cuanto a las imágenes que históricamente han participado en la procesión, podríamos diferenciarlas en tres clases diferentes. La primera la constituyen aquéllas que están representadas en los estandartes de las diferentes corporaciones, y que dependiendo del momento histórico del que hablemos podían llegar a constituir el foco devocional principal de las mismas. La segunda, aquéllas que se representaban mediante cuadros o esculturas dispuestas en los altares instalados a lo largo del recorrido, y que llegaron a alcanzar, en algunas ocasiones, varios pisos de altura. Destacaban los levantados a las puertas de los conventos de San Pedro el Real, hoy parroquia de San Francisco y San Eulogio, y San Pablo. Estos altares solían contener representaciones del bien, personificados en Santos de la orden correspondiente, y del mal; en esta ocasión a través de personajes como Lutero o Calvino.

Y por último, una tercera clase la constituyen aquellas imágenes que, portadas en pequeños pasos o parihuelas, han formado parte del cortejo tal y como lo hará Nuestra Señora de la Fuensanta Coronada. Este grupo es el menos numeroso, si bien la historia cordobesa nos guarda varias curiosidades. A riesgo de dejarme atrás alguna referencia, podemos recordar cómo en 1861 la procesión del Corpus contó con la participación de la imagen de San Eloy Obispo, portada por los miembros del Ilustre Colegio de Plateros de la ciudad; las de los patronos San Acisclo y Santa Victoria, portadas por los cofrades de Nuestra Señora del Socorro; una pequeña imagen de San Rafael de plata, portada por los seminaristas de la diócesis, y una Purísima Concepción que fue acompañada por el propio Cabildo Eclesiástico.
Sin embargo esta composición no se repetiría durante los años sucesivos, debiendo esperar hasta 1882 en el que volverán a procesionar las imágenes de San Eloy, portada por los plateros; los patronos de la ciudad, en esta ocasión portados por el convite hecho por el propio Ayuntamiento; San Rafael y la Purísima Concepción, guiados por los miembros del comercio local, y la imagen de Santo Tomás de la iglesia de San Pablo, para la que no se especifica acompañamiento.
Y nada más y nada menos que un cuarto de siglo debió esperar la procesión del Corpus Christi hasta volver a contar con imágenes en su cortejo, concretamente en la de 1907. Aquel año fueron dos las imágenes que acompañaron a la Custodia, concretamente las de San Rafael y la “Santísima Virgen”; que por similitud con las dos últimas salidas mencionadas seguramente se tratara de la Purísima Concepción. Los gremios o personas que portaron las imágenes no quedaron anunciados en el edicto del Ayuntamiento o crónicas posteriores, si bien tenemos constancia de que ambas imágenes participaron igualmente en las procesiones de 1908 y 1909. Como curiosidad cabe recordar que este último año ambas imágenes fueron escoltadas por miembros e la Guardia Civil, tal y como ocurrió con la propia Custodia.