De la festividad del Corpus Christi y los acontecimientos de Barcelona de 1640 y 1896


Corpus de Sangre de 1640, obra de Antoni Estruch, 1907

El Obispo de Córdoba ha regalado a la Diócesis una prometedora Jornada Diocesana de Laicos en la que además de distintas actividades de formación, convivencia, recogimiento y adoración, se organizará una procesión con el Santísimo Sacramento entronizado en la magnífica Custodia de Arfe, en la que participarán las hermandades y cofradías de la Diócesis, Adoración Nocturna, Seminario y presbíteros, así como la imagen de Nuestra Señora de la Fuensanta Coronada; compatrona de la ciudad y de las hermandades cordobesas. La procesión discurrirá entre la parroquia de Beato Álvaro de Córdoba y la plaza de toros de Los Califas, donde recibirá al cortejo la imagen de San Rafael que actualmente se venera en la parroquial de San Francisco y San Eulogio.

Ha querido el destino que esta celebración coincida, prácticamente, con los acontecimientos por todos conocidos de Barcelona, viniéndome a la memoria dos episodios ocurridos en la misma ciudad; y ambos, curiosamente, durante la celebración de la festividad del Corpus Christi.

El más reciente ocurrió el 4 de junio de 1896, durante la procesión con el Santísimo de la Catedral de Santa María del Mar (mundialmente famosa gracias al best seller “La Catedral del Mar”, editorial Grijalbo, 2006, de Idelfonso Falcones, quien curiosamente en la galería fotográfica de su página web aparece en la mayoría de ellas en la Catedral de Córdoba; no en vano fue en Córdoba donde estableció su residencia durante los trabajos de escritura de “La mano de Fátima”). Durante la misma, un grupo de anarquistas lanzó una bomba Orsini desde un tejado, con la intención de atacar a los tres enemigos de los anarquistas: ejército, burguesía e iglesia. Sin embargo la bomba fue lanzada después de que la propia Custodia y las autoridades hubieran pasado, por lo que ésta explotó entre el numeroso público que en aquel momento se encontraba viendo el desfile, no afectando a Jesús Sacramentado ni a las autoridades, si bien matando a 12 fieles e hiriendo a otros 64.

Demonio entrega a un anarquista una bombar Orsini, en la Sagrada Familia de Gaudí

Debido a que el cabo Guillermo Andrés, herido en el atentado, se encontrara en aquel momento de servicio, el sumario se tramitó a través de un consejo de guerra, el cual comenzó en diciembre de aquel mismo año, reuniendo el Consejo Supremo de Guerra y Marina en abril de 1897 a los acusados para juzgarlos. Cinco de ellos fueron condenados a muerte, siendo fusilados en el foso del castillo de Montjuic, mientras que otros 7 fueron declarados conspiradores, con condenas de prisión de entre 10 y 20 años. Se dice que muchos de ellos eran inocentes, pues las autoridades respondieron con una gran represión sobre las clases obreras, desde donde, supuestamente, se gestó el atentado.

Éste no tuvo la repercusión esperada por los terroristas, si bien sus repercusiones fueron mucho más allá de lo que podría imaginarse.

Un año después, el 8 de agosto de 1897, un italiano llamado Michelle Angiolillo Lombardi, recorrió media Europa hasta llegar a Barcelona para, en un principio, matar a un miembro joven de la familia real. Sin embargo, posteriormente pensó que debía vengar a los anarquistas detenidos y ajusticiados un año antes, decidiendo asesinar al Presidente del Consejo de Ministros Antonio Cánovas del Castillo.

Corpus de Sangre de 1640, obra de Antoni Estruch, 1907

El italiano llevó a cabo el magnicidio durante las vacaciones de Cánovas en la estación termal de Santa Águeda, en Mondragón, de tres disparos mientras leía el periódico el 8 de agosto de 1897, siendo Angiolillo detenido, juzgado y ajusticiado mediante garrote vil el 20 de agosto de ese mismo año. De esta manera, lo que comenzó con un terrible atentado contra el Santísimo en la Catedral de Santa María del Mar de Barcelona, terminó con la vida del Presidente del Consejo de Ministros Antonio Cánovas del Castillo, y un reguero de muertos y ajusticiados.

Sin embargo no fue este el único atentado verificado durante la festividad del Corpus Christi en Barcelona. El siguiente, con multitud de flecos históricos que aún hoy en día son palpables en nuestra sociedad, lo recordaremos de manera muy resumida.

Al inicio del reinado de Felipe IV, la actual España estaba dividida entre Castilla y Aragón. En 1621 Castilla rompe la tregua con Holanda intentando convencer a Aragón para que ayudara con tropas, dado que esta región contaba con ciertos privilegios entre los que se encontraba la no obligación de dotar de tropas a la de Catilla. En un tira y afloja entre Castilla y Aragón, Francia declaró la guerra a España en 1635 (dentro del contexto de la Guerra de los 30 años) ocupando en 1639 el Rosellón (en aquel momento dentro del territorio de Aragón). Castilla pensó que no respondiendo al ataque forzaría al reino de Aragón a entrar en el conflicto, si bien finalmente Felipe IV decidió una leva de 6.000 hombres en Cataluña para defender la frontera, lo que se percibió como toda una invasión extranjera; hay que recordar que dichos soldados no eran atendidos en cuarteles, sino que debían ser acogidos por el pueblo en sus hogares.

En parte se trataba de mercenarios que cometían abusos sobre el pueblo, lo que produjo que parte del mismo, campesinos en su mayoría, se reunieran en bandas armadas contra las tropas castellanas. Los altercados de uno y otro lado se hacían cada vez más comunes, estando Cataluña, sobre todo el norte, en un estado de alerta continua.

Llegamos a principios de junio de 1640, concretamente al 7 de junio, día del Corpus Christi, momento en el que para las labores de las grandes siegas Barcelona se llenaba de temporeros en búsqueda de un trabajo. La antigua plaza del Carmen era el lugar donde se reclutaba a los segadores, quienes tenían fama de bebedores y asiduos a los locales de malos hábitos. Barcelona se planteó dejar fuera de las murallas a los temporeros, si bien al dejarlos entrar fueron gritando arengas contra todo que tuviera relación con Castilla y el Felipe IV. Al pasar por el domicilio de Monrodón (alguacil real asesinado tan sólo unos meses antes), se generó una discusión entre éstos y los milicianos que hacían guardia en la casa, acabando uno de los segadores asesinado.

Los segadores se dirigieron posteriormente hacia la casa del conde de Santa Coloma, Virrey de Cataluña, donde resultó muerto uno de los alabarderos que custodiaban su residencia. Sus compañeros no dudaron en disparar contra la masa, la cual respondió preparando una hoguera para quemar el edificio con sus moradores dentro.

Representantes de la Iglesia de Barcelona se presentaron rápidamente a las puertas de la casa de Santa Coloma para intentar apaciguar la revuelta. La multitud se fue disolviendo, si bien creando algunos disturbios y algún que otro saqueo a su paso. Estos disturbios fueron en aumento, generándose una verdadera revuelta entre los campesinos y los nobles y comerciantes acaudalados de la ciudad. Curiosamente los segadores avanzaban con lemas como “Viva la fe de Cristo”, “Viva la tierra” o “muera el mal gobierno”.

Portada de Petit Parisien atentados Corpus Barcelona de 1896

Estos disturbios se sucedieron durante los días siguientes con un balance de unos 20 muertos, en su mayoría funcionarios de Felipe IV; así como la del propio conde de Santa Coloma, quien se negó a abandonar la ciudad, provocando su asesinato el inicio de la Guerra de los Segadores”.

Este episodio, recordado durante estos días en todos los medios de comunicación, se produjo, curiosamente, el 7 de junio, día del Corpus Christi de 1640.

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