De verbenas y otras distracciones estivales


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Cucaña en la verbena de la Virgen de los Faroles./Foto: La Voz, diario gráfico de información

Cada año cuando comienza el mes de julio, no pocos cordobeses ponen rumbo a la costa para intentar sobrevivir, de la mejor manera posible, a las altas temperaturas que el estío regala a nuestra ciudad. Y como cada año, llegadas estas fechas, nos acordamos de la manera en la que solíamos hacerlo cuando éramos pequeños, sin móviles ni tablets, sin coches por las calles y sin, en muchos casos, mucho que hacer.

Sin embargo este ejercicio de memoria podríamos completarlo con el recuerdo de lo que hacían nuestros abuelos en aquellos interminables veranos cordobeses de las primeras décadas del siglo XX, hace ahora casi 100 años.

Algunos innovadores creen que han inventado el término “juernes” (o aquellos jueves que son considerados casi viernes y en los que se aprovecha para salir), sin imaginarse que hace casi un siglo nuestros abuelos aprovechaban las tardes y noches de los jueves y domingos para asistir a las velás que se organizaban en el Paso del Gran Capitán, o en el de La Ribera; de la buena sociedad y clase media el primero, y más democrático y popular el segundo. Los actuales grupos de Whatsapp no son sino la evolución de las tranquilas tertulias que se organizaban en ambos foros, sobre sillas de pago en el Gran Capitán o sobre los poyos de la Ribera. ¿Le parece, querido lector, aburrido? Pues piense que a su vez esto no era sino la evolución de una costumbre anterior como era la de sentarse en los patios de las casas de vecinos donde las muchachas, según palabras de Ricardo de Montis, “lucían su garbo y donarie”, interpretando sevillanas, los panaderos o el vito. Casi ná.

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Verbena de Santa Marina./Foto: La Voz, diario gráfico de información

En aquella época, finales del XIX, y con las sillas dispuestas en las casapuertas, los jóvenes aprovechaban que los mayores dormitaban para “rimar en voz baja, casi imperceptible, el eterno idilio del amor”. Preciosa descripción de lo que posteriormente llamaríamos “pelar la pava”. Algunos niños simulaban luciérnagas con lámparas de sandía, corriendo por las calles, aunque siempre antes de las diez de la noche, hora en la que todos se recogían de las calles regadas y barridas horas antes por los propios. A partir de entonces el sereno con su chuzo y su farolillo ofrecería la única compañía en las desérticas calles cordobesas.

Sin embargo años después, y volviendo a la década de 1920, las velás comenzaban sobre las 11 de la noche, rivalizando con los ya establecidos cines de verano cordobeses. Algunas otras con cierto renombre fueron las velás de la Virgen de los Faroles (en el Triunfo del Puente), el Círculo de la Amistad (durante las fiestas a Santiago), el Barrio de San Agustín y las de San Cayetano; por no hablar de las velás pugilísticas, tan de moda en aquella sociedad cordobesa.

Verbena de San Cayetano
Verbena de San Cayetano./Foto: La Voz, diario gráfico de información

Tal vez hoy pensemos que aquellas verbenas de 1920 eran absolutamente románticas, desde nuestra perspectiva costumbrista del momento, si bien Ricardo de Montis recordaba las de finales del siglo XIX como “mucho más típicas y bellas” pues “tenían un sello de costumbres patriarcales y el supremo encanto de la sencillez”.

Éstas se componían de casetas, tíos-vivos, carruseles, norias, carracas, barquillas y otros divertimentos, como luces de colores, que mantenían a los vecinos entretenidos hasta casi la madrugada, provocando la siguiente reflexión de De Montis: “¡Qué diferencia entre las antiguas veladas veraniegas de Córdoba, y las actuales!”.

Fuera como fuese, en aquellas excusas de barrio para el esparcimiento no solía faltar la participación de la Banda Municipal de Música, las tómbolas o las suscripciones para ayudar a los necesitados del barrio. Todo lo necesario para olvidarse del calor en las ya mencionadas largas noches del verano cordobés.