Cuando éramos sufragistas


La II República Española trajo a nuestra sociedad la posibilidad del sufragio femenino. No fue un regalo de una pieza, sino que en las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 se les reconoció el sufragio pasivo (no podían votar pero si ser votadas). De aquellas elecciones salieron elegidas Margarita Nelken, Victoria Kent y Clara Campoamor. Curiosamente las dos primeras no estuvieron a favor de que sus vecinas ejercieran su derecho a voto, pues entendían que en una sociedad como era la española de principios de los años 30, de tradición católica, los confesores y la iglesia tendrían mucho peso en este voto.

Foto: Jesús Caparrós
Foto: Jesús Caparrós

Hoy en día, en plena época de estrenos, tallados y dorados, es complicado renunciar a un euro. De hecho es habitual que algunas hermandades “recomienden” a sus hermanos costaleros pagar papeleta de sitio sin ser hermanos de la misma, lo cual no deja de ser un contrasentido. En otras casas, con tal vez un criterio más acertado, se obliga todo el que participe en el cortejo a ser hermano, lo cual es legal pero tal vez no muy ético; se requiere aval de dos hermanos para ingresar como hermano a una hermandad, pero tan sólo firmar la solicitud de adhesión para ser hermano costalero, adquiriendo ambos los mismos derechos y obligaciones a partir de entonces.

Evidentemente siempre hay excepciones, pero esto no es un caso aislado y ocurre, no se me sorprenda, con costaleros o músicos, por poner algún ejemplo.

Pasa el año, tal vez hasta cuatro, y llegan las elecciones. Y ese costalero hermano, tal vez impostor de sentimiento pero cumplidor con la ley y con sus derechos en la mano, se siente orgulloso de ejercer su derecho a voto. Tal vez nadie de la Junta de Gobierno le haya saludado antes de un ensayo ni se le haya intentado involucrar más allá de establecer turnos de barra en cruces y ferias, montajes y desmontajes, pero aún así tiene su derecho a votar. Y a diferencia de un hermano de luz que tal vez vaya a votar al candidato que lleva el mejor diseño para los futuros proyectos, como si ese sí fuera más motivo que otro, nuestro costalero tiene decidido votar al candidato que apoya a su actual capataz. Es realmente vergonzante, o eso piensan algunos, aunque tal vez no sea oro todo lo que reluce.

Eliminando la posibilidad de grupos de presión, que haberlos…, cada hermano es libre de votar según su conciencia. Aunque lo que de verdad me sorprende es que en hermandades con varios cientos de hermanos sean los costaleros/músicos los que decidan unas elecciones. Criticar a estos colectivos comienza a hacerme pensar que tal vez sea esto más fácil que reconocer que la labor de hermandad no está convenientemente realizada, y que no se ha sabido movilizar al hermano, primero hacia la hermandad y segundo hacia las urnas. De haberse conseguido, ¿sería posible que cien hermanos pudieran contra el resto?

Se organizan turnos de montaje, desmontaje y barra, como decía al inicio, de la Agrupación Musical o de costaleros de uno u otro paso, pero no se proponen de nazarenos del sector del Cristo o del Palio. Se les reclama en algunas ocasiones la implicación que no se les requiere al resto para después criticar su derecho de ejercer el voto como mejor estimen. Y es que tal vez, y aunque no nos demos cuenta, pensemos que si los derechos no se ejercen como nosotros los entendemos no estén bien ejercidos; tal y como creíamos cuando pensábamos que éramos sufragistas.

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