Cuando éramos turistas

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La nueva configuración de la carrera oficial (o configuración de la nueva carrera oficial) dejará estampas absolutamente inéditas en el orbe cofrade. Y aunque esta frase la podemos leer en medios de comunicación de todas y cada una de las localidades de Andalucía, lo peor es que en este caso puede que sea hasta cierto.

Foto: David S. Pinto Sáez
Foto: David S. Pinto Sáez

Si acudimos a las hemerotecas comprobamos que desde hace algunos años, no demasiados, se repiten noticias cofrades en prensa local con dos temáticas comunes; la protección del hermano nazareno y la carrera oficial.

Sobre el primero es realmente curioso que si antes, ante un chaparrón, se justificaba la suspensión de la salida procesional por motivos estrictamente, hoy se ha cambiado el discurso para dar una importancia capital al factor humano de las cofradías. De hecho se ha pasado de “el patrimonio que nos dejaron nuestros mayores debemos preservarlo para nuestros hijos”, al “hay que pensar en el hermano nazareno si hay riesgo de lluvia. No podemos arriesgarnos con el elevado número de niños que llevamos en el cortejo”. Y no dudo de que realmente sea así, aunque cuando en todas las justificaciones resuenan los mismos argumentos, tal vez también lleve su parte de corrección política.

Sobre el segundo de los temas, la carrera oficial, es curioso recordar cómo en marzo de 2008, el por entonces presidente de la Agrupación reflexionaba en ABC sobre lo complicado de este cambio, argumentando que «primero hay que apostar por llevar allí todas las estaciones de penitencia, y luego, estudiar si es rentable el traslado de la carrera oficial». Qué atino. Ocho años después de estas declaraciones todas las hermandades pasaron por la Catedral para, un año después, modificarse definitivamente el recorrido común.

Desde entonces las hemerotecas no dejan de recordarnos noticias donde los términos “carrera oficial en el entorno de la Catedral” o “carrera oficial en la Judería” han sido una constante. Se ha creado una gran preocupación por hacer ver al cordobés que el impacto económico de esta nueva Semana Santa sería aún mayor que la anterior; por cierto, anteriormente ya estimado. Nos han hecho estar preocupados por si el tránsito de los cortejos por el interior del número 1 del barrio de Santa María pudiera crear algún desperfecto en el mismo. Nos hemos interesado por el tamaño de puertas, de las calles, de la seguridad y de las vías de evacuación. Y visto así parece que queda todo controlado.

¿Pero con todos estos desvelos hemos tenido tiempo de preocuparnos del nazareno? Y no es que me preocupen algunos itinerarios, tal vez excesivamente largos, sino si realmente el nazareno entenderá que la Carrera Oficial no se ha llevado al entorno de la Catedral, sino al corazón de la misma. No me preocupa que tenga que atravesar bullas, bajar escalones o adentrarse en jardines, sino si su corazón estará preparado para entender lo que vivirá cuando cruce la Puerta del Perdón. Aunque me vienen a la cabeza algunos ejemplos donde ya se venía realizando, me preocupa que las hermandades tal vez no hayan aún explicado convenientemente a sus hermanos qué se va a hacer a la Catedral, cómo comportarse en su interior y las bondades de realizar verdadera estación de penitencia. De no ser así, tal vez tan sólo consigamos esas estampas inéditas de las que hablaba al principio, de nazarenos bajo los arcos de la mezquita, deambulando por ellos como cuando tan sólo éramos turistas.

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