El perrito absoluto


¿Cuándo hemos visto a Chaves en el Lucas? Es más, ¿cuándo hemos visto a Griñán bajarse del coche oficial?

Ha habido varios indicios que nos daban idea de que la mayoría absoluta de Juanma Moreno podía llegar. Una de ellas era el propio Juan Espadas, que aunque el hombre lo ha intentado, no le han favorecido ni las chaquetas que le colocaron en los debates, ni el precio del gasoil ni el propio Sánchez. El Mal Absoluto es Pedro/Antonio no solo para España sino para el propio PSOE, como bien saben en el mismo PSOE pero evidentemente no se atreven a denunciar porque ahí afuera hace frío. Cuando todo implosione, muchos de ellos dirán como los alemanes cuando entraron los aliados: nosotros cumplíamos órdenes. En un país con decencia faltarían cárceles para tanto obediente.

Otro de los indicios que permitían adivinar el abultado triunfo ha sido la propia Olona. Yo ya lo dije en una tele a la que me invitó Rafael Carlos Mendoza en calidad de utillero del reserva del opinador titular: Macarena puede morir de éxito. Y así lo corroboró Rafa Díaz Vieito, que no ha perdido su olfato gallego ni su amor pepero, claro. Está grabado y no es que yo sea el pulpo Paul de la demoscopia, sino que soy mayor y he sido como Olona, pero en feo. Sobradito, aunque sin bailar trap. Así mismo acudí a la tele a llamar guapa a Macarena porque a los debates no solo se va a gritar sino también a decir verdades heteropatriarcales como puños.  En los debates de Mendoza no se grita, de todas maneras, porque las personas mayores ya no somos como Belén Esteban.

Otras de las señales que apuntaban hacia la mayoría suficiente que pedía Juanma fue la vaca. La vaca es un amuleto poderoso aunque esté regulada por la PAC. La vaca es sagrada aunque seamos católicos.  La vaca es del Valle de los Pedroches y eso son palabras mayores. Juanma le preguntó bajito al oído cosas electorales y la vaca dijo sí. Moreno es el hombre que le susurra a los semovientes. He ahí otras de las claves de este presidente sencillo  calzado con las New Balance y pisando boñigas.

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Pero sobre todo hubo un momento, un punto de inflexión que marcaría un antes y un después en  este tiempo y es el de Juanma, junto a Jesús Aguirre y Bellido- alcalde de Córdoba-, en el Lucas comiéndose un perrito.  ¿Cuándo hemos visto a Chaves en el Lucas? Es más, ¿cuándo hemos visto a Griñán bajarse del coche oficial? Y me atrevo a añadir ¿en qué momento Susana dejó de levitar en algunos de los  dos centros cívicos que visitaba? He ahí la clave. Al Lucas se va con hambre y transversalidad. Al Lucas vamos los tiesos y acuden los de la calle María La Judía. Al Lucas va Primo Jurado cuando no está en el Sojo Ribera. Si el Lucas fuera sevillano los Compadres lo declararían templo del enterismo. Pero es de Córdoba, y a Córdoba ha venido Juanma más que ningún otro presidente andaluz. Como a Almería. Como a Huelva. Juanma se comió un perrito en el Lucas tal que avituallamiento de todo lo que llevaba recorrido a pie de calle en tres años y medio y lo que le quedaba por andar aún.

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Un perrito caliente puede ser un bocadillo modesto o una maravilla para disfrutar. En el Lucas son ambas cosas. Y también es un símbolo que adorna un gesto y que responde, claro, a una estrategia: la de un tipo que a pesar de la presidencia, se para en el Lucas, como tú y como yo, a llenarse los dedos de mostaza y kétchup. Y que ha pedido el voto con la misma modestia y sinceridad que tiene un perrito caliente envuelto en una servilleta de papel.

Por eso se los han dado de manera absoluta. Por eso y por la vaca Fadi.