El cuerdo en casa ajena


En muchas ocasiones se comprueba en esos barrios, cuando se está en ellos, que la vida estadística no casa con la real.

Un año más cuando el Instituto Nacional de estadística publica el informe de Indicadores Urbanos, si salimos trasquilados- que salimos- las administraciones comienzan a hablar de planes, proyectos, medidas y soluciones. Que Córdoba repita con cuatro barrios pobres – ha salido uno (El Higuerón) del pasado año a este- no es una buena noticia aunque también se haya descendido puestos en las ciudades con más paro, de la segunda posición a la octava.

Aunque el alcalde ha puesto con rapidez a la Base Logística como el bálsamo de Fierabrás que impulsará a la ciudad económicamente y, por tanto, ayudará a mejorar las estadísticas, la gresca política no se ha hecho esperar que para eso estamos en elecciones. No hay nada más previsible en época electoral que un político salvador de pobres y desamparados. Ocurre que cuando estuvieron gobernando – porque suele coincidir su labor redentora a posteriori con su condición opositora- hicieron poco o nada al respecto.

De todas maneras, sin poner en duda las cifras aportadas y los datos recopilados para establecer la lista de barrios pobres, sería bueno puntualizar que en muchas ocasiones a un barrio le cae encima una etiqueta que en el día a día de sus vecinos no se corresponde con lo que uno puede observar en sus calles.

Los encuestadores no viven allí. Y los datos de Hacienda o el Ministerio de Trabajo son tan fríos como el silencio entre una pareja mosqueada. En muchas ocasiones se comprueba en esos barrios, cuando se está en ellos, que la vida estadística no casa con la real. Y así, se pueden ver coches de alta gama aparcados sobre sus aceras, o varios vehículos por familia, y fines de semana vacíos de vecinos porque muchos de ellos se han ido a una segunda vivienda (parcela, para entendernos), y ropa de marca entre la juventud- que normalmente no se puede permitir un padre de familia- y terrazas llenas con medias raciones y varias cervezas. En los muchos, muchos bares que en los barrios más pobres de España suele haber. No me atrevería yo a llamar pobre, así de manera general, a esa gente. Tampoco negaría las tragedias que en muchos hogares seguramente se viven y no salen a la luz salvo en las cáritas parroquiales, que son los silenciosos y efectivos notarios de esa realidad.

Un refrán muy útil para combatir chismosos (y chismosas) es ese que dice que más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena, y que aquí se puede aplicar también frente a la oficialidad de los datos, porque mucho me temo que las encuestas dibujan un panorama que solo se queda en la superficie. La España que vive y sobrevive en esos barrios que ahora tanto preocupan, de nuevo, a nuestros políticos, lo hace incluso a pesar de los proyectos dinamizadores, inclusivos y solidarios. Tanto los que llegan como los que no.  Se llama buscarse la vida, que es lo de siempre y lo mismo que hacen los encuestadores oficiales del INE con su nómina a fin de mes.