Imagine there’s no heaven


Nada nuevo bajo el sol. Ni tampoco por encima a este paso. No hace falta imaginar que no hay cielo.

Imagine

Ahora que he invertido en el sector de lo local, que me asomo al bitcoin y que me acaba de llegar el extracto de  los fondos variables que un bróker enchaquetado me coloca anualmente en entidades financieras con nombre francés, ahora, justo ahora, me doy cuenta que no he invertido en el emergente mercado de los refugios nucleares.

Cuando era un adolescente con pelusilla en el labio superior ya pensaba en mi futuro y éste, indefectiblemente, miraba a los años de adulto con una casa, un coche utilitario y un refugio nuclear. Eran los años de la Guerra Fría y ahí estábamos nosotros, que si OTAN SÍ que si OTAN NO que si Bases Fuera. El Bloque del Este era una continua amenaza aunque la sensación que entonces teníamos es que si nos manteníamos más o menos neutrales no nos caería un pepino u ojiva. Al Bloque del Este se le llamaba Bloque del Este porque ya entonces el comunismo se guardaba muy mucho de cuidar su imagen y convertían en peligroso a Reagan, a los yanquis y a todo Occidente. Los zumbados estaban, pasando hambre, en el otro lado, pero aquello se nos presentaba como un paraíso igualitario y obrero. Y el Pacto de Varsovia y las ojivas apuntando a nuestra parte de Europa, una lógica y humana respuesta ante el pérfido capitalismo. Es lo que ahora llaman ‘relato’, la propaganda izquierdista de toda la vida.

En la mili, el sargento de ingenieros Yepes nos dio una lección práctica de geopolítica real cuando, aún con el muro y el telón de acero operativos, nos advirtió a los reclutas agrupados en el Hoyo de Manzanares dispuestos a aprender a disparar un Cetme, que el enemigo no era el ruso sino el moro. Básicamente el sargento Yepes nos avisaba a los jóvenes que habíamos crecido mamando Guerra Fría que, llegado el caso, el ruso nos daba cera de gordo si se le cruzaba una resaca de vodka y un botón rojo, y todo se iba a hacer puñetas, pero que la amenaza real era la del moro. Cito textualmente las palabras de mi sargento para que ningún ofendidito se nos escandalice. Es más, llegó a definir al moro- singularizaba a todo el Magreb en una palabra- como un guripa del desierto que no tiene tres mascadas. Y se puso acto seguido a adiestrarnos en la lucha cuerpo a cuerpo, aparentemente más útil en el desierto que en nuestros barrios.

No he vuelto a saber más del sargento de ingenieros Yepes y la lucha cuerpo a cuerpo solo he tenido que emplearla con Hacienda en mi aburguesada vida posterior, con desigual resultado. Hacienda siempre gana. Pero me acuerdo mucho de aquellas palabras. Sobre todo cuando, ya a finales de los ochenta, nos advirtió sobre los tontos del ‘Imagine’. Y que seríamos nosotros -aquellos bragados reclutas- los que tendríamos  que salvarles el culo y la guitarrita en el caso de que la cosa se pusiera fané.

Ha sonado de nuevo ‘Imagine’ en la cadena SER como el ABC ha sacado su tradicional “¿Predijo Nostradamus la guerra de Ucrania?” y años antes publicó el oportuno “¿Predijo Nostradamus la Guerra del Golfo?” o el no menos clarividente “¿Predijo Nostradamus el atentado de la Torres Gemelas?”. Nada nuevo bajo el sol. Ni tampoco por encima a este paso. No hace falta imaginar que no hay cielo. En el cielo se cree. Aunque cueste hacerlo desde este infierno cíclico y cada vez más peligroso donde los malos campan a sus anchas porque enfrente tienen a burócratas, actores, periodistas, cantantes de trap, políticos y una masa social toda con la guitarrita imaginando que son John Lennon. Y a mucha gente sorprendida cuando descubren que el relato no se sostiene y que la maldad existe, no es una serie de Netflix y puede acabar con el mundo.