Los siete pecados capitales


Conviene recordarlos porque los siete nos ayudarán a comprender mejor la actualidad más reciente

Uno de los aspectos más relevantes que ha traído la secularización es la eliminación del concepto de pecado. Sin religión, no hay pecado, porque no existe Dios al que contradecir. Las virtudes han corrido mejor suerte a pesar de que, evidentemente, no se les considera virtudes sino frases de autoayuda o programación neurolingüística. A las clásicas virtudes de prudencia, templanza, coraje y justicia se les llama resiliencia. Las teologales han sufrido más porque la fe no se tiene en cuenta o se desplaza hacia la escucha que el Universo ejerce para atender nuestros deseos (pensamiento mágico); a la caridad se le viste de ONG solidaria y la esperanza ha sido desplazada a los programas electorales, que ya es mucho desplazar.

Pero el pecado existe. Y tiene nombres. De hecho la historia de la humanidad se rige en su grandeza y en sus miseria por aquellos que fueron establecidos en número de siete. Están categorizados por la frecuencia y repetición. Son habituales desde que el hombre es hombre. Y la Iglesia, que no tiene más de dos mil años de historia por casualidad, los puso negro sobre blanco en el catecismo.

Conviene recordarlos porque nos ayudarán a comprender mejor la actualidad más reciente, a animarnos a la virtuosidad y a tratar de ser , cuando menos, condescendientes, aunque esto último es opcional porque el libre albedrío nos pide coger un palo y abrir melones. Paso a continuación a recordarles cuales son los siete pecados capitales, por si los han olvidado, y cómo nos permiten entender lo ocurrido en los últimos días.

La ira: Rueda de prensa murciana a las tres de la tarde. Escupir aceitunas y/o bilis. Rictus circunspecto para contener el fuego interior.

La gula: Cuando te lo quieres comer todo aunque no tengas los escaños suficientes. Cuando te quieres comer a los mejores del partido, que además de gula es canibalismo.

La soberbia: considerar a los votantes de VOX cuatro gañanes que solo saben gritar Gibraltar español. Cuando crees que siempre mereces los votos del electorado al que maltratas y desprecias. Mirar por encima del hombro a los que defienden lo que tú abandonaste hace años.

La lujuria: Acostarte con Pedro Sánchez en cualquiera de sus variantes, porque esa cama es redonda y venérea además; ya sea para pastelear el Tribunal Constitucional o atender futuros cordones sanitarios.

La pereza: Marianismo. Dejar un bolso en el escaño mientras te hacen una moción de censura y te vas al bar. Votar desde casa una reforma laboral.

La avaricia: Véase la gula, pero además  se incluye una legión de tuiteros afines y obedientes. Desear el poder a toda costa caiga quien caiga. 

La envidia: Cayetana e Isabel o viceversa. Saberse carente de liderazgo y carisma, y sufrir hemorroides por ello.

Cada pecado tiene su correspondiente envés o virtud, pero como ya hemos comentado se prefiere contratar  un coach, spin doctor o community manager a ejercer la contrición y hacerlo en español.

Ha dicho esta semana en Córdoba el benedictino y doctor en Historia Santiago Cantera Montenegro que a pesar del discurrir nihilista y sin sentido de los tiempos actuales, no debemos perder la esperanza, sobre todo en la interseción de  María Santísima, si uno es católico. En el caso de España y no solo para los católicos además hay que depositar la esperanza en Santiago. El apóstol, no me malinterpreten. Patrón y protector.

Falta nos va a hacer en  esta Babilonia.