Croquetas


Ahora que padecemos la turra de la sostenibilidad hay que decir que la croqueta la ejerce.

En esa especie de santoral laico que celebra días mundiales de cosas, nos encontramos que en el 16 de enero se conmemora el Día de la Croqueta. Es con toda probabilidad el mejor día de un calendario que trata de secularizarnos con propuestas estúpidas en la mayoría de las ocasiones – como el día mundial de llevar el perro al trabajo o el día internacional del pantalón de chándal, tan de nuestra época- pero que posiblemente consiga todo lo contrario. La croqueta es la familia. La croqueta es matriarcado. La croqueta es la madre y la abuela. La croqueta es el hogar.

Parece ser que el origen de tan delicioso producto es francés, lo cual no es una buena noticia. Los franceses, que guisan con mantequilla, no deberían abanderar la alta cocina. Los franceses en realidad no deberían abanderar casi nada porque son muy pesados y huelen a queso. Macron es el camembert de la nueva política, una dictadura blanda, untuosa y suave que vela por nuestra salud. Francia está sobrevalorada y superada hasta para los intelectuales de suplemento dominical. Pero fue un francés el que inventó la croqueta, qué le vamos a hacer. De hecho, etimológicamente, su nombre procede del francés ‘croque’ porque en origen eran crujientes, que son las croquetas quemadas de ahora. Una croqueta quemada es un crimen mayúsculo que no debería quedar impune salvo que el exceso de tueste lo cometa una madre, porque a las madres se les perdona todo. Y las croquetas son maternas o no son.  Podemos degustarlas en muchos sitios y preparadas de manera prodigiosa, pero siempre nos recordarán a nuestra santa madre aunque la variante sea de arroz negro con choco, porque la croqueta lo admite todo si se elabora bien.

Ahora que padecemos la turra de la sostenibilidad hay que decir que la croqueta la ejerce. Se trataba en su momento de reutilizar la comida que era escasa y darle otro uso gastronómico añadido, cuando no se tiraba nada porque todo tenía valor. Y no hay nada con más valor que el prepararlas. El acto de cocinar, como sostiene mi amiga Almudena Villegas, es un acto de amor. Uno cocina para los demás, para el prójimo, para los hijos e incluso para un cuñado, y si lo hace para sí mismo debe ser un gesto de amor propio, tal que la caridad bien entendida. La croqueta es amor. Una fuente de croquetas es amor infinito, elaborada con paciencia y sin esperar nada a cambio, salvo el beso de los comensales, como los amores ciertos y buenos. Aunque el beso llegue por email si la fuente viaja en táper, que no hay nada más socorrido ni mejor regalo que un táper de croquetas de tu madre.

Hay croquetas congeladas, lo sé. Pero hasta en ellas se adivina un mandil hogareño y una supervisora de la cadena de rebozado vigilante para que la croqueta no pierda su esencia antes de la ultracongelación. Las croquetas congeladas son la madre que se echa de menos en el piso de estudiantes, el consuelo del divorciado que añora otros tiempos, la baliza culinaria del confinamiento pasado y del que esté por venir.

thumb 83989634 653021835451090 7913241067829410950 n 9772995609 1

Las croquetas frías suponen un crimen similar a las quemadas o a las porras madrileñas, que son jeringos helados y chiclosos. En Madrid es difícil desayunar bien y es fácil que te pongan de tapa unas croquetas frías. Hay que hablar con Ayuso sobre eso, que es tema más serio y capital que el de los impuestos. En Córdoba hablamos y presumimos mucho del salmorejo o el rabo de toro, pero deberíamos también prestar más atención y marketing a las croquetas, que por lo general son excelentes en casi todos los bares o restaurantes o cafetería o peñas. Porque aquí no andamos todavía con la prisa de la capital del reino. Las últimas que comí, esta misma semana, fueron degustadas en la cafetería Mariano, en Ronda de los Tejares. De jamón ibérico y de bacalao. De esas de aquí hay que morir por la patria y por las manos de Yoli, cocinera autora, que es madre. Por eso hace unas extraordinarias croquetas. Fueron la antesala del día mundial de la croqueta, que merece mucho más que una jornada conmemorativa. La croqueta es monumento. La croqueta es la felicidad.

Esto me recuerda que viene otra jornada memorable. El 9 de marzo es el día internacional de la Tortilla de Patatas. No les digo más.

ac3e7a0548330d703e04d8969f3c33be 1

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here