Radar Covid


Ahora todo está desmadrado. El virus es un caballo heleno desbocado y enloquecido. Supongo que por eso el Radar Covid no pita.

Radar COVID / Foto : LVC

He comenzado el año mirando el Radar Covid. No da señales de vida humana en unos metros a la redonda. Todos duermen. Tampoco detecta resacas escandalosas. En realidad mi Radar Covid no ha detectado nada en meses, casi dos años. Yo lo miro a él y él me mira a mí. Y así estamos.

Recuerdo la primera vez que lo descargué con la ilusión de un niño sin la pauta completa pidiéndole al rey Mago Aguirre dos pinchazos consecutivos y un código bidi para parkilandia; cuando aún limpiábamos los zapatos en la entrada del piso y desinfectábamos con sanitol las bolsas del Mercadona. Qué tiempos aquellos. Pedro Sánchez aparecía casi cada semana en televisión y nos decía: “Españoles, os voy a regalar otro estado de alarma”. Y los españoles aplaudíamos en los balcones mientras los decretos ley nos dejaban una nación multinivel y un virus derrotado en varias ocasiones. Echo de menos esa época, la verdad. A pesar de la incertidumbre todo estaba más controlado, más constreñido, más medido, más perimetrado.  Mi Radar Covid era la promesa de un mundo mejor y avisado, que evita el peligro y el aumento de la incidencia.

Ahora todo está desmadrado. El virus es un caballo heleno desbocado y enloquecido. Supongo que por eso el Radar Covid no pita. Lo suyo era la primera ola o la segunda, como mucho. Esto se ha convertido en una pandemia de aliexpress, en la que un pasaporte covid no puede sustituir a un buen cierre a las 11 de la noche con su prohibición de venta de alcohol a las 10. Dónde va a parar. Ya no se prohíbe como antes, cuando los estados de alarma y la perimetración. La secretaria de estado de Digitalización de Género Transversal  e Inteligencia Artificial – como la de Sánchez- está triste porque no todas las comunidades autónomas utilizaron el radar covid. Quizá en unas se dieron cuenta del timo antes  que en otras, vaya usted a saber. Y de todas maneras la app no tenía ninguna actualización sobre normalización lingüística, de ahí el fracaso en las comunidades históricas. Si por ejemplo el Radar Covid avisara con un “Positibo posiblea bere kaperaren ondoan” otro gallo peneuvista hubiera cantado. Pero no. El Radar Covid solo tenía o tiene versión española-castellana, por lo menos el que yo me descargué, aunque no me haya hablado nunca.

Cada vez me habla menos gente, por cierto. Por lo que no me ha preocupado en exceso lo del Radar Covid, sus silencios y su pequeño porcentaje de ocupación de memoria. Ocupa lo mismo que la gente que ya no me habla. Está bien comenzar el año haciendo limpieza, quitando de la agenda nombres que llenan memoria innecesariamente. Hay que resetear para empezar el año con buen pie. Que entre lo nuevo y se marche lo viejo.

Adiós Radar Covid. El Bluetooth y yo te vamos a echar nada de menos.