Los pianistas


El periodismo se ha domesticado desde hace tiempo porque los periodistas suelen comer y cobran poco

Los jefes de prensa de los políticos suelen ser periodistas que no creen en la prensa. En la libre, al menos. Muchos de ellos no saben desde hace años escribir una crónica salvo la de la partitura del partido. El argumentario. Olvidaron cómo es una redacción o cómo se vive y convive en ella. O quizá lo tienen muy presente y optan por la zona de confort, porque las redacciones en general confortables no son, suponiendo que se pase mucho tiempo en las mismas. Son un hábitat a veces duro en el que se reúnen perfiles humanos complicados, pero en eso reside la magia, ahora navideña, de todo esto. O la calle, cuando se salía a buscar historias. Las cosas que pasan, la gente, la vida. Un periodista no suele tener vida porque está en otras cosas que pueden parecer la vida misma y a veces lo es, pero no para él, sino para sus lectores o quienes ahora lean o atiendan algo de lo mucho que se vomita digitalmente por doquier.

El periodismo se ha domesticado desde hace tiempo porque los periodistas suelen comer y cobran poco. Otros son más espabilados y optan por el estrellato, la escala profesional o el gabinete de 8 a 3. Pero eso no suele ser periodismo sino algo parecido a compulsar fotocopias. O hacerse un Jorge Javier, en el primer caso.

Mientras la mayoría se comen ruedas de prensa aburridas y discursos descafeinados con sacarina, otros vigilan para que su señorito o señorita no sea incomodado más allá de los renglones del argumentario oficial. Pasa en la sala de prensa del ayuntamiento de Villapando y en la del Congreso. Es una situación transversal y sostenida desde hace años, cuando todo entró en una dinámica de supervivencia para unos y de necesidad de mantener el estómago agradecido para otros.

Ocurre que a veces revive el espíritu, impulsado por la juventud y las ganas, y los periodistas recuerdan la vocación antes que el hambre o el alquiler, y preguntan cosas. Cosas fuera de la partitura oficial. Asuntos que pueden ser de interés general para los contribuyentes que sostienen al preguntado y a sus jefes de prensa. Y sucede una especie de movimiento tectónico al que se responde con un eslogan monocorde, de 128 caracteres y sin reparar en las obligaciones que uno, como servidor público generosamente pagado por los españoles, debe atender. Y después se coje al jefe de prensa y se le pide que, corporativa y sectorialmente, se solicite eliminar a los cuestionadores que preguntaron cosas incómodas. Lo ocurrido en el Congreso, con esos jefes de prensa/voces del amo solicitando comodidad a los plumillas incómodos o equidistancia por parte del colegio profesional de relaciones públicas y buenrrollismo no es algo anormal. Sobre todo porque lo hace la izquierda, tan dignamente liberticida. Ocurre todos los días desde cualquier despacho de un mindundi con acceso al presupuesto: esto sí y esto no. A ti sí y a ti no. Y la vida sigue. Y todo es felicidad hasta las próximas elecciones.

Que lo pidan desde el Congreso solo es la constatación de que pueden hacerlo. De que es habitual disparar al pianista que desafina. Que esto solo ha sido una pequeña grieta en el Mátrix del supuesto juego de poderes y contrapoderes.

Y de que tienen el presupuesto por el mango para ajustar todas las partituras.