El ritual


Esperaremos al autodenominado comité de alerta sanitaria a que nos alerte y finalmente pediremos precaución y sentido común

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Informar sobre la pandemia se ha convertido en un ritual institucionalizado casi desde el principio. De hecho, ahora que golpea la variante Delta del virus y que todos nos podemos mover más o menos alegremente desde La Carlota hasta Llanes, no tiene mucho sentido saber cuantos positivos confirmados hay en Pedroche si posiblemente alguno de ellos sea el primo emigrado al País Vasco que ha venido de visita estival.

Con el estado de alarma y posterior reparto de marrones covidianos a las comunidades autónomas, los medios de comunicación en general y la población en particular dejamos que fuera la administración quien dosificara los datos y la información. En ello continuamos  aunque ni la pandemia es la misma ni nosotros estamos inmunizados como rebaño siendo más rebaño si cabe que hace 17 meses. Desde que comenzara todo esto muchas cosas han cambiado pero seguimos contando el día a día con número de positivos, viales puestos, segundas dosis, cribados populares y medidas rocambolescas para parar lo que en realidad siempre ha tenido pinta de que no se puede detener hasta que no pase con mayor o menor coste sanitario, personal y económico de forma natural.

La pandemia ha dado una oportunidad de oro a los políticos a que ejerzan de vendehúmos. Los datos diarios en realidad son humo porque solo indican que sí, que tenemos una pandemia, que ésta se comporta como tal y que nos vamos a seguir contagiando por mucho o poco cuidado que pongamos. Pero en ese devenir de números y desde el pasado año hemos pasado de los aplausos a los sanitarios a olvidarlos, de la mascarilla obligatoria a la cara descubierta en el exterior, de la inmovilidad impuesta a las raciones de espetos en el chiringuito de El Palo. Por cierto ¿dónde está la crisis? Las redes sociales se han llenado de fotos celebrando la vida y las playas, enseñando muslos, paisajes campestres e idiotas que dicen ‘aquí sufriendo’. Quiero decir que del ‘Saldremos más fuertes’ hemos pasado a ese ‘Aquí sufriendo’ como si en mitad del camino no hubiera ocurrido nada o no estuviera pasando.

Esa sensación de que, en realidad, la pandemia está pero el chiringuito abierto también, es producto del ritual diario de datos que ya no nos conmueven, de noticias que parecen lejanas a nuestro entorno, de UCIs que nada tienen que ver con nosotros. Ni los sanitarios merecen ya no un aplauso, sino un educado ‘buenos días’. Hemos normalizado la pandemia a través de una información que es ruido de fondo como de televisión encendida mientras cocinamos. Y de mensajes contradictorios de nuestros salvadores de vidas y haciendas. El consejero Aguirre en un mismo tuit celebra los millones de viales puestos en los hombros andaluces pero nos advierte de que tengamos cuidado. O triunfalismo o precaución. Las dos cosas no casan. Porque nos quedamos con el triunfalismo que también se nos intenta vender y por ello con el sentimiento de omnipotencia al que tan fácilmente somos dados como adolescentes sobre un Vespino. A las residencias de ancianos les remito: las primeras vacunas se celebraron con gran riqueza mediática y ahora no se sabe si contar que los abuelos vuelven a estar contagiados, si hay que vacunar a todo el personal de las centros geriátricos o si no se sabe muy bien qué ocurre, que nos han fallado los focos y los fotógrafos y los abuelos otra vez positivos. Cosas de la pandemia: es una cabrona que no atiende de puestas en escenas sanitarias y/o políticas. Se llevará por delante a quien le toque. Así de crudo. Así de humano.

Llegados a este punto, por tanto,  nos importan una higa los comités de expertos y sus reuniones, los niveles de incidencia, los toques de queda de cartón piedra y la impostura que diariamente se ejerce entorno a una pandemia que muta a más velocidad que la inteligencia política de los que nos administran. Los que primero nos encerraron en casa, después nos dejan salir y ahora nos quieren poner un chip. Porque no se aclaran ni ellos.

Mientras, seguiremos atendiendo el parte diario, contaremos que continuamos en nivel 3- y aclararemos de nuevo qué leche significa eso- y que lamentablemente hay dos fallecidos en Pedroche. Esperaremos al autodenominado comité de alerta sanitaria a que nos alerte y finalmente pediremos precaución y sentido común. Es como se informa oficialmente en la sociedad red, curiosamente.

Así mismo saldrá otro tipo diciendo que hay que recuperar la hostelería, el turismo y anunciando un festival de música indie, para que a continuación, un consejero del ramo le denomine a usted, querido contribuyente con ganas de irse de festival, imprudente o insolidario o loco por salir a bailar sin PCR o sin vacuna o sin certificado de penales.

Y lo mismo que se prepara un café cada mañana, escuchará el informativo cantando el número de contagios actualizados y la pedrea de brotes en residencias con la ritualidad y atención de quien oye llover de fondo.

Nosotros estamos aquí para contarlo, claro.