A veces


A veces las musas se van y queda un tipo solo, frente al ordenador. Esperando que el verano pase rápido.

Andrei Tarkovski 'Nostalgia'
1366 2000
Andrei Tarkovski ‘Nostalgia’

A veces las musas se van y quedan los recuerdos. Pero esos recuerdos no sirven para escribir ni para revivir sino para morir de nostalgia, que es una muerte gris y quieta como los momentos y la gente y los ojos y aquella voz tenue diciendo mi nombre que se han quedado detenidos en un rincón de la memoria desnudo por las musas huidas.

Así saco del pecho – ahí estaban- una playa, y una canción, y unos niños, y un viaje, y unos ojos, y un perfume, y una piel bronceada y el sabor a cilantro de Portugal y las risas tontas y los paseos a las atracciones y la brisa nocturna y un escenario todo que es estival como esta nostalgia llena de verano. Hay quien no soporta la navidad porque le hiere con sus recuerdos de ausentes vivos y muertos y a mi me duele el verano de ausencias definitivas de veranos como éste pero ya lejanos como si fueran ayer siendo una vida entera, o casi vivida del todo, en realidad.

Busco las musas a última hora después de media pizza y dos refrescos y una carrera y un ventilador en hora valle. Pero se han ido. Y no sé de qué escribir. Y no sé cómo hacerlo. Y no sé por qué me dedico a esto si hoy no sirvo, si en esta noche que ya es solo quiero dormir si la nostalgia me deja. Porque después se cuela en mis sueños y los moldea y los dota de una narrativa absurda y dolorosa, en los que despierto agitado para tomar aire y seguir soñando con los momentos que no debieron ser y que se fueron y que regresan envueltos en un absurdo onírico para sesión de psicoanalista. Algunos son recurrentes, como los veranos de ausencias y silencios y salitre en la piel. Y no corre aire y si algo sopla por mi ventana desde luego no entra como sí  se ha colado en mi cama la sombra del ayer.

A veces las musas se van y queda un tipo solo, frente al ordenador. Esperando que el verano pase rápido, porque es una estación que huele a promesa y a bronceador, a estación de tren y a cine con altramuces. Pero él no tiene  nada de eso en esta noche de julio, preludio de la primera alerta naranja de la temporada. Una noche llena de recuerdos y memoria pero vacía de inspiración o talento o incluso oficio. Todo eso se ha ido montado en unos raíles sobre arena de playa y vegetación ácrata.

A veces ocurre. Y necesitas escribir sobre eso.