La alegría de vivir


“Recuperamos la alegría de vivir” ha dicho diosito Sánchez, que también ha plagiado a La Barbería del Sur. El plagiador implacable.

mascarillas
Pedro Sánchez./Fto: David Zorrakino-Europa Press
Jesús Aguirre muestra una mascarilla./Foto: Junta de Andalucía emes
Jesús Aguirre muestra una mascarilla./Foto: Junta de Andalucía

El covid andaluz está desbocado a pesar de las copas de manzanilla, los amagos de romerías y los botellones y barbacoas de extrarradio. O posiblemente debido a ello. Los andaluces somos dados por lo visto a contagiarnos más rápido que el resto de España, que, parece ser por lo reseñado en los medios progresistas,  está sentada  junto a una mesa camilla en actitud responsable, jugando al mus con el brasero todavía encendido. El consejero de Salud, Jesús Aguirre, ha venido a engrandecer aún más si cabe el tópico andaluz diciendo, sin chupetones, que los números y cifras tras el estado de alarma y los cierres perimetrales y los toques de queda son altos porque en Andalucía vivimos de andaluzas maneras. O sea, que estamos en la calle, arrejuntados como detrás de una Virgen en procesión. No nos ha llamado irresponsables, sino andaluces, aunque esa asociación de cualidad e identidad es fácil hacerla desde Despeñaperros hacia arriba, donde nos ven subsidiados, jaraneros y a nuestra bola. Como si todavía viviéramos bajo el susanismo ya extinto, el chavismo pasado  o el propio borbollismo preguerrista, ismos todos ellos que han contribuido, junto con Juan y Medio, a que nos identifiquen alegremente covidianos de la cepa arrinquitaun. Pero no, no nos importa una PCR la vida, ni mucho menos. Ni a ello se ha referido el señor Aguirre aunque sí ha avisado de que no es conveniente relajarse de gaditanas formas. O antequeranas. O granadinas, que son más agrias a la postre.

Pedro Sánchez, por el contrario, anuncia el fin de la mascarilla a sus felices súbditos. “Recuperamos la alegría de vivir” ha dicho diosito Sánchez, que también ha plagiado a La Barbería del Sur. El plagiador implacable.

Una alegría como la de los indultados, que van a recuperar la alegría de vivir española siendo sediciosos, lo que supone otra paradoja más en estos españoles que no lo quieren ser pero que sí españolean a la hora de las prebendas gubernamentales.   La muchachada española, o los españoles veganos y transversales, están felices. Hay una España que escucha a su ídolo y se echa a soñar sin necesidad del Comité Interterritorial.  Sueñan con un país sin todos nosotros los hombres malos, sin gente de VOX, ni andaluces, tan irresponsables. Con indultados que nos abrazan amorosamente con diálogo y urnas de los chinos.

La arcadia feliz de Sánchez es un paraíso sin mascarilla cuando él lo dice porque él lo vale, junto con el pelo turco de Iván Redondo. El pescaíto frito en las terrazas  con las cruzcampos nos sube la tasa de incidencia, pero ¿quién no desea  vivir con esta alegría de saberse vector romero y andaluz?. Pues no lo desean los medios que afean al consejero Aguirre que nos recuerde que somos jaraneros. Sin embargo, abrazan la alegría de vivir sanchista, como los susanistas que fueron hace unas semanas.

Esa volubilidad informativa y editorialista sí que es una alegría de vivir. Sobre todo cuando a las cabeceras mediáticas le pasan pasta a fin de mes los alegres rompedores de mascarillas y los cofrades de Aguirre, siempre – estos últimos-  esperando un mejor trato informativo que nunca les dan.