Córdoba de feria sin feria


Es tramposo mantener un horario para una feria que no se celebra

Feria de la Salud./Foto: BJ
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Feria de la Salud./Foto: BJ

Esta semana hemos vuelto a conocer que Córdoba lidera el ranking de ciudades con barrios más pobres de España. El estudio Urban Audit, a través del Instituto Nacional de Estadística, se ha publicado el miércoles antes del descanso de feria en una ciudad sin feria física.

Espiritualmente, Córdoba estaba ya de descanso ferial.

El estudio nos informa también de que ya somos la segunda capital con más paro, pero aquí estábamos mientras averiguando de cordobesas maneras dónde dejamos a los niños ante el puente de feria de los colegios, de dos días, – en efecto, dos días con sus dos noches-  para una feria que no se celebra. El puente sí, obviamente y faltaría más, lo cual viene a reforzar la reputación menos popular de la enseñanza y de los docentes, esa idea del gremio enseñante que se señala y dice bajito entre los padres y madres y el resto de la población que no conoce puentes de feria sin feria ni con feria.

Unas semanas antes los sindicatos mayoritarios – que dicen ellos que son mayoritarios- estaban vigilantes de que el comercio local respetara el horario de feria – sin feria- para que los comerciantes y sus empleados pudieran disfrutar ‘de las atracciones del Arenal y poder conciliar con la vida familiar’. Los comerciantes, hay que recordarle a los sindicatos mayoritarios (“A las mariscadas, a las mariscadas”, les cantan los trabajadores desaboridos) están a la cuarta pregunta por culpa del Covid y tienen pocas ganas de conciliar y sí de ganar pasta, algunos eurillos extra tras el pago de impuestos. Otros concilian obligadamente porque han tenido que echar la persiana. Nuestros representantes sindicales, no obstante, vigilaban con celo que se respetara el horario de feria de la feria que no se celebra desde su realidad paralela que no necesariamente coincide con la realidad obrera.

Mucha gente ha huido aprovechando el ocio. Se lo pueden permitir. El sistema les otorga privilegios consensuados, pero tramposos, porque es tramposo mantener un horario para una feria que no se celebra. De hecho es indecente en una ciudad vapuleada por la pandemia actual y por los atrasos históricos – entre ellos conmemorar a Anguita, que nos colocó como ciudad de la nada- celebrar de esta manera que es no estando. Salvo los bares que ahora ya pueden estar y son alternativa a la feria que no es, porque no seré yo el que no entienda que haya mono de farolillos, síndrome de abstinencia de postureos y sevillanas. Lo que no comprendo es ese afán para el descanso regulado por lo que no se celebra. Porque se supone que es tiempo de sacrificio, de apretarse los machos, de producir más porque falta más, de salir adelante con esfuerzo y de otorgarle a cada tiempo su afán. Es ahora un alemán el que escribe por mí.

Si no fuera porque hemos visto la cara cruel de la crisis, los apuros de verdad y los desvelos de muchos, podríamos pensar que Córdoba – como una pequeña parte de todo un espíritu español- tiene en su seno un grupo de plañideras subvencionadas en busca de más subvención, paraguas estatal, la madre de todos los estados del bienestar, la socialdemocracia de los acomodados, de  los mantenidos por la otra mitad que no tiene feria ni cuando esta se celebra de verdad.

O será que la vacunación nos ha envalentonado.