No me toquéis los lechones


Suelo andar por el mundo con los males propios de un español caucásico blanco y heterosexual nacido a finales de los años 60. Pagando impuestos.

Y dirán ustedes que soy un pesado pero es que vengo de Fitur un poco triste porque para mí no hay turismo friendly, esto es, viajes arcoíris para gente multicolor. Soy blanco y heterosexual, ya digo. Allí en el Ifema hay un minipabellón fuera aparte de turismo friendly y en la exclusividad llevan la contradicción y por tanto la penitencia: son diferentes los que luchan por ser considerados iguales. La igualdad friendly es como  declararme antitaurino pero voy y me como un rabo de toro (guisado). Por si no lo he avisado, también soy taurino, o sea, que tengo el combo perfecto para no ser considerado el novio ideal de Greta Thumberg.

Ahora todo es friendly, resiliente, networking, blockchain, random, startup y trendy. Si un CEO te da su tarjeta de visita debes ir corriendo a comprarte un diccionario Collins para enterarte si ese señor te quiere vender unas stocks o hacerte la cabra (cheating the goat, en mi versión libre). Suponiendo que sepas lo que es un CEO, que ya es mucho suponer. Hace unos días, aquí mismo, publicamos una noticia sobre un encuentro en streaming en el que participaban una señora que vendía online gracias al marketplace, otra que era de una marketing school and business, además de una Chief Open Innovation Officer. El encuentro era moderado por un especialista en ecommerce. En situaciones así, yo me paro a pensar en la chica que traduzca la movida en lenguaje de signos para sordos. Bueno, disculpen el término ‘sordo’; quería decir para personas con diversidad funcional auditiva, que es que soy de finales de los 60, como ya he explicado. He usado Varón Dandy de chico y no me arrepiento. Y como carne. Omnívoro, actually.

Expuesto lo anterior, habrán deducido que a 2050 no llego vivito y coleando (alive and kicking). Y no ya porque me hayan avisado del SAS para vacunarme el próximo miércoles, sino porque formo parte de un grupo semoviente en vías de extinción.

En el plan presentado por Pedro Sánchez para ese año yo no quepo. Sánchez ha pasado de 1936 a 2050 sin detenerse en el presente salvo para subir impuestos. Y nos lleva al futuro ecofriendly que es el futuro orwelliano y del que ya se están dando grandes pasos con la colaboración además de los supuestos adversarios políticos, que nos limitan la velocidad a 30 Km/h por nuestro bien y por nuestro cuidado y por el respeto al medioambiente y por las arcas municipales y las arcas del Estado y el Estado del Bienestar y la vida sostenible. El milenarismo ha llegado, que diría Arrabal. Pero el milenarismo de Davos y secretarios al dictado como Sánchez. Un milenarismo con hamburguesas de tofu.

En su -imprescindible- libro ‘La ideología invisible’ (Disidentia, 2020) el periodista Javier Benegas traza un paralelismo que puede parecer exagerado entre el “Gran salto adelante”, chino que llevó a cabo Mao Zedong y el ecologismo como nueva religión. El ‘Gran salto adelante’ se cargó a 45 millones de chinos en un intento de superar las deficiencias seculares del modelo rural chino, por un gobierno comunista. Dejó el campo hecho un erial, desde luego. Benegas traza el paralelismo entre la ingeniería social que provocó tal atrocidad y la ingeniería social con el ecologismo como salvación y disciplina moral y moralizante.  

prosciutto bellota 1

Ante planes de futuro de tal calibre suelo practicar una estrategia psicológica para reponerme: irme a Cardeña a comer lechón. El lechón es mi paroxetina, la fluoxetina ibérica de este blanco heterosexual abajofirmante de finales de los 60. Seguramente a 2050 no llegue y esté criando malvas ecofriendlies para entonces. Pero como de aquí hasta tan sostenible fecha  haya un decreto ley ecológico contra el lechón ibérico frito a los dos aceites, usted, señor Sánchez, y un servidor, salimos en el telediario de Pedro Piqueras.

Es un aviso friendly, por supuesto.