Las carreteras de España por mitades


Estamos en la resiliencia, que es el aguante testicular español de toda la vida pero nominado por los coachs, que son profesión emergente

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El mantra más repetido por los que defienden el esquilme fiscal es lo de “los hospitales, las carreteras y la enseñanza”. Por lo general los que defienden el asalto a las nóminas y las sociedades limitadas tienen las tardes libres y el sueldo asegurado. Forman parte de esa media España mantenida por la otra media, y esas mitades no son exactamente simétricas.

Una vez acabada la campaña electoral madrileña, en la que nos ha quedado claro que  existe otra media España -del cuarto y mitad de la que paga a la de las tardes libres- que es fascista, nazi y amiga del vino, se anuncia como de estrangis que nos van a cobrar peaje por las autovías que eran el ejemplo “de lo público” hace años. Lo público hace aguas, parece ser. El nuevo mantra es que ‘el que contamina, paga’. Como si no pagásemos por contaminar como neoliberales desaforados a través del impuesto de circulación, los impuestos de la gasofa, el IVA, las ITV y el manso. La España fascista y borracha paga tela y encima ahora es acusada de contaminar por la otra España, la ideóloga de las tardes libres y los pases gratis en los teatros públicos. Gente culta, claro.

Pensábamos que España estaba quebrada por la parte de Cataluña y no es así, sino que ha roto una vez más por la parte socialista. Carmen Calvo lo ha dejado claro como cristalino nos lo han dicho sus socios podemitas a nosotros los fachas: “votáis mal”. Olemos a ajo. A gasoil. A taberna. Somos lo peor.

Me incluyo porque pertenezco. Soy un liberal de barrio lo cual me ha acarreado ser incluido en la amplia etiqueta de fascista, facha, y ahora futuro nazi. Mi admirado Javier Tafur lo explica muy bien en su perfil de aquí mismo, de este digital: “Soy liberal de toda la vida, por lo que me llaman fascista con cierta frecuencia”. Quiere esto decir que nada nos pilla a estas alturas por sorpresa. Ni la segunda dosis de la vacuna si es que llega.

La semana pasada los trolls podemitas tomaron esta columna al asalto porque me quejé de la Agencia Tributaria (y de la cobardía de su líder galapagarastroso). Hoy repito y digo que lo de los peajes es un robo, un timo, un atraco, un despropósito, un ejemplo de que lo público es una mierda cuando se abusa de lo público, que es lo que hace la izquierda y lo que permite la derecha acomodada entre tantas administraciones, golfos, chiringuitos, observatorios, empleados vividores, pelotas colocados, poetas de fundación, políticos inútiles y gente con las tardes libres. Sí, me he despachado a gusto.

Quiero decir que me siento robado por no estar ubicado/colocado en la España colocada/desubicada. Porque esa España no está en la realidad sino en el Falcon, en el CIS, en la segunda vivienda de playa, en la universidad privada, en la atalaya moral, en la pose y la intolerancia democrática de los que dicen ser, oh, la propia democracia.  Españolito  que vienes al mundo, te guarde Dios. Uno de los varios peajes te van a helar la pensión.

Pero no pasa nada. Estamos en la resiliencia, que es el aguante testicular español de toda la vida pero nominado por los coachs, que son profesión emergente. Más que los taberneros que tanto molestan a los del peaje. Reconstruyamos pues este país tras la pandemia. Kilómetro a kilómetro con un 24 % de tipo impositivo.