El troll


En realidad nuestro trol – advierto que este es un plural mayestático- no pasa de la categoría de listillo tocapelotas

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Tenemos un troll que vamos a adoptar como mascota. Es inevitable en el mundo digital, como en el ámbito físico/real, encontrarte a gente frustrada y cabreada. Porque básicamente eso es un ‘trol’ o un ‘hater’. Un tipo o tipa que odia al mundo porque se odia a sí mismo. En realidad nuestro trol – advierto que este es un plural mayestático- no pasa de la categoría de listillo tocapelotas. Suponiendo que llegase a tocarnos algo, que nosotros no nos dejamos. Sigue siendo mayestático este plural.

Va en el sueldo. En la exposición pública en la red: tú dices, expones o escribes y aparece el trol. Buscando notoriedad, que es lo que dicen los expertos que necesita el frustrado digital. También dicen los expertos, en este caso en psicología, que detrás del trol o hater se esconde la denominada ‘triada oscura’ , esto es, “tres rasgos de personalidad —psicopatía, maquiavelismo y narcisismo— diferenciables entre sí, pero que comparten altos niveles de insensibilidad emocional, impulsividad o tendencia a ser manipuladores”.

Adentrarse en este mundo es bastante entretenido sobre todo si uno pretende conocer qué mueve a determinados individuos comportarse así. De esta forma los estudios recientes en este campo- el estudio del trol-  establecen en los perfiles del odiador desde una homosexualidad no asumida y oculta – lo que nos coloca al trol dentro del armario pero con conexión wifi- hasta falta de cariño en la infancia y alteraciones cerebrales. No es baladí el asunto, ni mucho menos.

Las consecuencias de sus actos – críticas por lo general- pueden afectar y mucho a quienes las reciben. No es mi caso porque yo he jugado en el estadio San Eulogio de chico. Campo de tierra, años 70. Rodillas con mercromina. Que venga el trol.

Pero hay gente más sensible, claro. Y el trol lo sabe. Por lo general los expertos en marketing digital– hay expertos de todo tipo, como pueden comprobar- recomiendan no hacerle caso (no olvidemos que el trol busca notoriedad y en el fondo pertenecer a la comunidad  que critica) o bloquearlo. No dicen nada de mandarlos cordialmente a la mierda, que también puede ser una medida ciertamente expeditiva.

Por eso, quizá, lo mejor sea adoptarlo como mascota: a ver qué me dice hoy mi trol, qué falta de ortografía me observa, qué lección me da. Y sacarlo a pasear. Y una vez en la calle, resuelves con él las diferencias a base de cookies.

Como los hombres del siglo pasado. Que vivían más tranquilos porque no había trols, sino farfollas.