La implacable persecución


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Me llega un manifiesto de Córdobaporlalibertaddeexpresión de un grupo de abajofirmantes que están implacablemente perseguidos por ser como son porque el mundo los ha hecho así. Cuando eres funcionario de 8 a 3 te puedes permitir ejercer de cicloecolojeta y firmar cosas. Cosas por la justicia social y la libertad de expresión, implacablemente perseguida según los abajofirmantes. El resto de la clase obrera no suele tener tiempo para firmar porque están de ERTE, buscándose la vida o simplemente currando. Los abajofirmantes ponen de ejemplo la implacable persecución de Pablo Hasel que es un supuesto artista. El tipo ese puede parecer un videogamer onanista y solitario antes que un rapero y mucho menos un artista.  Supongo que es porque es un rapero del pueblo, de la clase oprimida y tal. En efecto, Hasel representa a la clase oprimida por planes de estudios sesgados impartidos por profesores marxistas que se dedicaron más al adoctrinamiento que a la enseñanza. A tipos como Pablo Hasel le birlaron la capacidad de criterio, la libertad de elección y el espíritu crítico y lo enfundaron en una tricolor republicana, le explicaron que a su abuelo lo mataron los malos y que la monarquía parlamentaria es parasitaria. Y el muchacho, con las 250 palabras que aprendió en la ESO se dedicó a hacer rap. El rap/hip hop es una subcultura urbana yanqui  importada que aquí ahora lo practican los muchachos en los parques con retos que llaman ‘desafíos’. Se ponen una base rítmica en el móvil y empiezan a largar frases pretendidamente geniales con las 200 palabras que han aprendido en el bachillerato y se creen artistas. Si piensan que van a encontrar letras de canciones como las de los grupos españoles de los 80 no se molesten: son versos LOGSE los del hip hop comparados con las canciones de la ley Palasí de la generación de los 80, que hablaban de la chica de ayer sobre un vidrio mojado. Era otra cosa.

El Pablo Hasel ese a mí me parece un mojón, y esto lo digo porque me ampara la  futura reforma penal de Pablo Iglesias, que quiere que no se castiguen los exabruptos sobre los curas ni los reyes ni los cánticos de manifa a  los buenos terroristas de ETA. Y porque hasta la fecha nadie me ha perseguido implacablemente por decir lo que pienso, como a muchas de las abajofirmantes que conozco y que son hasta amigas. Han escrito poemas, interpretado obras o creado campañas publicitarias con exquisito sentido artístico y en plena y absoluta libertad. Lo cual me confunde porque no sé qué firman exactamente. O sí.

Igual les parece poco que tienen todos los medios de comunicación grandes de España, las plataformas televisivas, la mayoría de diarios, los clubes de la comedia, los intermedios, las editoriales, las mejores subvenciones, el Twitter, el Facebook o esa absoluta superioridad moral que se les ha permitido por dejadez nuestra o porque estábamos trabajando.

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Total, que han firmado un manifiesto. Por la libertad  de expresión. Y porque los artistas están “implacablemente perseguidos”. Tal que los contribuyentes, que no pueden escapar de las garras de un Estado que les sirla casi de la mitad de sus mileuristas sueldos para pagar subvenciones y ayudas a  paniaguados que se consideran implacablemente perseguidos.

Y a la niñera del profeta salvador.