Por la tasa de incidencia la cigüeña verás


Permítanme que hoy les hable de mi compañero Blas. Blas celebró esta semana su santo con la tasa de incidencia y el número total de contagios según los datos del IECA que es el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. O sea, que no vio a la cigüeña por san Blas sino varias cifras del PDIA que yo a estas alturas y a ciencia cierta no sé si es una tablet o un supermercado. Pero él sí. De hecho lleva escudriñando cada número desde el- inicio-de-la-pandemia, que era la vida que teníamos antes. O sea, él antes era de Letras y ahora del IECA, que no es poca cosa. Sobre todo porque los números son muy chiquititos y aunque Blas tiene gafas, un gato de yeso atina más sabiendo si es un 82 o un 54, porque los gatos tienen mirada felina.

Tasa de incidencia del coronavirus en Lucena, Puente Genil, Palma del Río, Priego de Córdoba, Pozoblanco, Montilla y Cabra.
Tasa de incidencia del coronavirus en Lucena, Puente Genil, Palma del Río, Priego de Córdoba, Pozoblanco, Montilla y Cabra.

Como mi compañero lleva mirando números desde  el-inicio-de-la-pandemia tienes todos los números metidos en la cabeza. Y eso hace que, por ejemplo, recuerde cual era la tasa de incidencia de 21 de agosto de 2020 en Almedinilla, por ejemplo. A veces se anticipa incluso a las medidas del comité de expertos y hace una pequeña apuesta en la redacción que suele ganar porque yo no soy jugador y él se sabe los número y sigue además toda la información de las cepas foráneas, sus variantes, efectividad de las vacunas y horarios de cierre. Que un hombre hoy en España, y en Andalucía en concreto, sepa si puede ir a un bar a tomar un carajillo a las 4 de la tarde o comprar unas gafas de vista a las 20 horas tiene su mérito. De hecho yo suelo recurrir a mi compañero para preguntarle si los chinos están abiertos o no durante el finde semana como servicio esencial además de como correas de transmisión.

Apunto todo esto porque hoy el periodismo está contaminado por el virus y entiéndanme esto que les digo: a diario hay que leer una ingente cantidad de números y cifras, esperar los-datos-oficiales-del-parte, cotejarlos y publicarlos. Mi compañero Blas ya trataba de cuadrar este verano lo que no cuadraba y sigue sin hacerlo, esto es, lo que por un lado avisan los ayuntamientos y lo que por otro revelan diariamente los-datos-oficiales-del parte. Amén de que se cierren perimetralmente los municipios de tasa de incidencia alta según los logaritmos neperianos cogidos de tres en tres cada cien mil habitantes perimetrados esencialmente durante 14 días variables según la tasa de incidencia.

Y la cruda realidad, no lo olvidemos. Saber que uno habla o escribe de personas, que no de números. De familias rotas por el dolor de la pérdida, de gente que se va para siempre, de secuelas económicas, de dramas callados en la soledad de las UCI. De toda esta mierda, para que nos entendamos.

Por eso sería bueno que antes de poner en duda un titular, una cifra o la interpretación de unos datos, pensemos que detrás de todo ello hay profesionales que como mi compañero Blas se toman muy en serio su curro. Que le roban horas al sueño y a la familia para saber lo último sobre qué está ocurriendo con la pandemia, de cuáles son las medidas en una comunidad u otra en esta bendita España de administradores políticos inútiles y demasiado pagados de sí mismos. Seguramente mi compañero Blas, como un servidor y como tantos otros a veces pega una pelotada, se le va un número al perímetro confinado o una hache intercalada. Desde la comodidad del hogar, seguramente algún avezado concejal o un lector relajado hace la observación de la misma y saca tarjeta roja. Bueno, va en el sueldo y eso es así.

Pero que sepan que ese hombre no pudo celebrar su santo en condiciones porque estaba con la puñetera tasa de incidencia para después contarlo con veracidad y honestidad aquí, estimados lectores.