El loro o lo que sea


Parece ser que la señora portavoz de Podemos en el ayuntamiento cordobés ha participado en un pleno ordinario en el que uno de los puntos del día era una moción sobre el apoyo a la tauromaquia, pleno retransmitido por la Televisión Municipal. En el atrezzo de su salita aparecía un loro enjaulado. Que alguien tenga un loro es algo que no debería extrañarnos. De hecho, los jóvenes de los 80 hemos llevado loros hasta en el hombro, como los piratas, pero en formato radiocassette. Tener un loro era muy importante. “Mira que loro me he comprado”. Con esa frase – y el loro- podías hasta ligar sin redes sociales. El loro de la señora Pedrajas no ha dicho ni mu ni ningún taco malsonante de los que repiten los loros cuando pertenecen al reino animal – no al de los radiocassttes- y tienen un dueño paciente y didáctico, además de travieso. En el trozo de vídeo de la intervención de la señora Pedrajas a través de la plenaria Televisión Municipal -que ha trascendido a las redes sociales- el loro desde luego no habla. En realidad podría ser un loro o una iguana muda, porque no se ve muy bien. Algún postproductor espontáneo ha incluido en la sala de edición de su salita comedor una flecha amarilla en el total seleccionado  que señala al presunto loro o presunto lémur. La flechita aparece y desaparece intermitentemente con ánimo de insistir : “Cucha tú que Pedrajas tiene un loro”

El porqué de la insistencia señalizadora tiene que ver con la postura de la señora Pedrajas frente a la tauromaquia. Un elevado discurso sobre “no sé cómo en esta época de los derechos humanos y humanas matamos todavía animalitos y animalitas” estaba poniendo un broche inédito, original y sostenible a la postura de la señora Pedrajas contra el maltrato animal. Antes ya nos había ilustrado sobre la naturaleza mamífera de los toros y “su sistema nervioso complejo con un encéfalo exactamente igual que nosotros, y un sistema nervioso periférico formado por una red complejísima de neuronas con receptores del dolor”, según el teleprompter doméstico de la señora Pedrajas que puntualiza que ahí “le sale la rama bióloga”. A una bióloga le puede salir una rama, claro. Y un loro.

Precisamente al ver un loro, o un mono tití, enjaulado a sus espaldas, nos surgen varias preguntas. La primera de ellas es qué gente queda en la capital cordobesa que vea la Televisión Municipal, para darles un premio. La segunda es por qué necesitamos una televisión municipal en el siglo XXI si ya no vemos ni ‘Cuéntame’ por la tele. La tercera es por qué  hay que castigar a los contribuyentes con la retransmisión de los plenos por dicho canal.  La cuarta es por qué la señora Pedrajas tiene un loro, o un buhito gris, enjaulado en su salón si está contra el maltrato animal. O por lo menos ese ha sido el argumento en redes sociales.

Tener un loro enjaulado, si eres de Podemos, no significa necesariamente que lo maltrates. Bien es cierto que los loros, o las cacatúas, están mejor en libertad de palmera en palmera, pero no por tener un chalé en Galapagar – si eres de Podemos- significa que no apoyes la vivienda VPO de Vallecas. No solo que la apoyes, sino que la desees para todos los que no puedes albergar en tu chalé con piscina, que somos casi todos. Cuando eres de Podemos puedes estar en contra de la prensa machista heteropatriarcal y ser portada del Vogue, como una ministra emponderada de Igualdad.  Ya lo dice su nombre: “Podemos”. Coño, es que ‘pueden’.

Así que no sé a qué viene tocarle el loro a la señora Pedrajas. Y encima a través del UHF.

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