Porque yo lo valgo


sanchez baraja dar a calvo la gestion de cataluna y hacer portavoz a montero 1

El Gobierno de Sánchez ha contratado una maquilladora que ponga a los ministros cara de loreal. Según informaba el diario ABC, la estilista nos va a costar 20.000 euros y ese es el precio más económico de los que han optado a obrar el milagro en la cara de Carmen Calvo. Han sido tres empresas las presentadas- y supongo que un druida para lo de Calvo- pero solo una la elegida. Tiene, parece ser, experiencia, porque ya ha prestado sus servicios en el anterior ejecutivo de Mariano Rajoy, que mudó la color cuando se vino del bar a recoger el bolso de Soraya mientras le hacían una moción de censura y se nos quedó pajizo.

El Gobierno de la gente y el progreso anunciaba en la habitual neolengua de estos tiempos que precisaban los “servicios especializados de imagen necesarios para las comparecencias y actos públicos en la Sala de Prensa del Edificio Portavoz del complejo de La Moncloa”, que por otra parte es lo que viene haciendo Iván Redondo. A Pedro Sánchez le aplican maquillaje de afectado cuando se nos pone solemne hablando del coronavirus, con sus ojeras y todo. Es difícil, no obstante,  maquillar tal belleza masculina y porte baloncestista justo al revés, porque además Sanchez se sabe guapo hasta cuando se monta en el Falcon. De hecho es que ni se despeina. Uno de los argumentos intelectuales más esgrimidos entre la clase popular democrática de los pueblos de España es que a Sánchez le votan por guapo. Y yo me lo creo. Vivimos en la era de la imagen y eso lo inauguró Felipe González cuando ejerció de Nadiusko, bello para las votantes de pantalón de campana e intrigante para sus compañeros del sector histórico que ya se olían la tostada. Quiero decir que hay una tradición socialista en la belleza exterior para camuflar a la bestia interior, salvo, como ya hemos apuntado, a Carmen Calvo, que se le nota. O en su momento a María Teresa Fernández de la Vega, que se colocó en modo couché del Vogue pero que en realidad era un Adolfo Domínguez de Aliexpress, en el que la arruga no es bella, precisamente.

La ministra portavoz, o sea, María Jesús Montero, precisa quizá una maquilladora del habla, esto es, una logopeda. Y algún sistema hidráulico que le impida abrir las vocales más que un cordobés de perol, que el día menos pensado nos va a morder tal que los bocados que ya nos dio a los andaluces en la Hacienda susanista. Yo le enviaría a nuestra concejal de Cosas Que No Se Pueden Celebrar y logopeda, Marián Aguilar, pero también se expresa en un español muy raro morfosintácticamente hablando e igual hacemos un pan con tortas y seguimos sin entender nada.

Lo de Ávalos se puede arreglar  con un viaje turco-capilar y un bono anual en el GoFit. La maquilladora poco puede hacer ahí. A Marlaska que no me lo toquen que es el más estilizado y estilizador después de Sánchez. Ha maquillado a los etarras en personajes de Bambi. Todo un maestro.

No sé si esto afecta al kiki de Iglesias – el de la cabeza, quiero decir- o si la Ministra de Mujeres Emponderadas y Sororidad pasará por el aro heteropatriarcal del eye-liner. Puede que tengamos una crisis. O puede que no. Sánchez ya maquilló el número de muertos de la pandemia y España se lo ha perdonado. España perdona mucho y traga tela de rimmel. España es un país gobernado por el maquillaje con un presidente que desde el Falcon mira hacia abajo y dice: “Porque yo lo valgo”.