En globo


Este año vienen los Reyes Magos en globo. Los ayuntamientos están haciendo un esfuerzo tremendo para que todo transcurra con normalidad siendo todo muy excepcional. La pandemia lo es y no nos hemos enterado. No hemos salido más fuertes. No hemos salido en realidad aunque tenemos prisa por salir, claro. Cada tiempo tiene su afán, no obstante. Pero nosotros no queremos saberlo. Queremos la cabalgata para que los niños no se nos traumen y queremos la feria y los costaleros en la calle y El Arenal con farolillos y al Córdoba en Primera. Esto último es complicado, la verdad.

Mientras nos diseñan los horarios navideños, nos regulan las horas de las tajadas aniseras y el número de cuñados a la mesa entrañable del uno de enero, nosotros pensamos en la vida como si fuera normal porque, mientras nos establecen la movilidad y las multas, también nos dan cabalgatas y nos hablan de la feria y de lo que está por venir como si se supiera a ciencia cierta ni siquiera lo que va a ocurrir mañana. Los políticos son los nuevos reyes magos encargados de mantener la ilusión que no es tal, sino el caramelo para una sociedad malcriada que no entiende ni quiere saber de sacrificios, de carencias, de ausencias, de aceptación.

Por eso nos diseñan la movilidad restringida y a la vez nos traen la ilusión de la feria. Saben que tienen que vender promesas, y vacunas, y comodidad, y esperanza y un mundo bonito hecho a nuestra medida y confort. Y después nos riñen.

Nos riñen por el telediario pero ya piensan en la Semana Santa como si no fueran a regañarnos también en Semana Santa, cuando el virus igual siga a sus anchas a pesar de vacunas y comercios cerrados. O abiertos. O semicerrados. O casi abiertos. Porque ya no sabemos si comprar o beber o beber y comprar o estar en casa a las 10 o a las 12 en Valencia. Una pandemia a medida de la España plurinacional y de las comunidades autónomas, de la gente con todos los derechos y a las que se les pone las obligaciones según viva en Tudela o Soria. De esa España que quiere una pandemia a medida.

Miro a los países de nuestro entorno que en realidad es mirar a Alemania. A Alemania hay que mirarla más de vez en cuando por muy mal que nos caiga Merkel o nos llenen de teutones– nos llenaban- Mallorca. Disciplina. Orden. Sacrificio. No hay tu tía. No hay tutien. A pasar el virus como mandan los cánones: fastidiados, quietecitos, con cuidado.

Aquí estamos con el extremo cuidado español por mantener el equilibrio de los intereses de todos cuando el único interés es vivir. Bueno, depende. También morir a la carta, como nos ha quedado claro, como nos ha dejado claro el Gobiernodelagente. Extraño país este que nos trae a los reyes magos en globo para evitar traumas, mientras nos obsequia con la inyección letal como un derecho inapelable mientras anuncia vacunas para vivir.

O para seguir contribuyendo fiscalmente y pagar globos.

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