Dos años de algo


Juanma Moreno y Juan Marín. junta medina azahara
Juanma Moreno y Juan Marín. /Foto: JC

Hace unos siete años me encontraba en la sociedad de cazadores de un pueblo cordobés del Alto Guadalquivir. Yo no soy cazador pero sí me dejo invitar a unas buenas migas. Muchos de los que allí se encontraban, gente bien y de derechas por cuna o convicción, tenían algo en común: votaban o estaban afiliados al PSOE. Algunos días más en aquella localidad me llevó a comprobar cómo los jóvenes más inquietos, o preparados, o ambas cosas a la vez, en las horas tardías de las confesiones etílicas, comentaban con cierta prudencia el ‘ambiente irrespirable’ que padecían en el pueblo -curiosamente con un ayuntamiento popular- porque a pesar de que el alcalde quería revitalizar aquello, todo estaba contaminado de socialismo perpetuo, el único que habían conocido prácticamente desde que nacieron. Me llamó la atención que aquellos muchachos, procedentes de familias trabajadoras en su mayoría, optaban o por marcharse o por aguantar el tirón desde trabajos autónomos – lo de emprender, vamos- que les permitieran establecer lazos profesionales o comerciales con otras gentes y otras comunidades. Los pijos, los de gomina, machadas y vida relativamente fácil, paseaban su carné socialista en la boca o en el puesto de la Junta, la Diputación, o la empresa amiga. La gente trabajadora andaba lejos de aquello.

Era como el mundo al revés.

Era el mundo que más de 30 años de PSOE  había formado. En 2008, Francisco Rosell, el periodista que entonces ejercía de director de la edición andaluza de El Mundo, publicó gracias a la editorial cordobesa de Manuel Pimentel -Almuzara- un excelente ensayo titulado ’30 años de nada’. Rosell realizó una contundente radiografía al ‘régimen’ andaluz, con Manolo Chávez a la cabeza – y no pretende esto último ser un mal chiste- que más allá de los casos de corrupción (Ollero, Expo 92, los ‘gratis total’, mihenmano Guerra,  las productoras ‘pata negra’ en Canal Sur de las que comieron hasta actuales locutores-faro de la derecha) se centraba en el profundo daño social que se había llevado a cabo, con una población acomodada, subvencionada, mal educada – en términos académicos- y sin demasiadas ganas de cambiar. Daban igual los índices de paro, los de calidad educativa, los de renta per cápita, todos ellos siempre negativos para Andalucía: Andalucía parecía instalada en el “régimen de corrupción sostenida” mientras disfrutaba de Juan y Medio por las tardes en ‘la nuestra’. Ese daño de 30 años, que más tarde llegaron casi a ser 40, parecía no solo irreparable, sino insuperable.

Por eso, lo ocurrido el 2 de diciembre de 2018 fue algo histórico para nuestra tierra. Y no porque ganara el centro derecha- que también, qué coño- sino porque Andalucía, por la que muchos no dábamos ya ni un gramo de esperanza democrática- despertó. Ahora, en el aniversario, los partidos tienden a colgarse alguna medalla – bien es cierto que el PP en realidad fue un claro ganador porque encima contó con más competencia que nunca- pero lo mejor de todo aquello es que perdieron los que tanto trabajaron para no perder nunca a costa de la libertad de las gentes, del dinero público, de las miserias más humanas, de los réditos que da apostar por la mediocridad, del control de los medios de información y de las cajas de ahorro, de las familias del campo, de los señoritos de siempre – a los que tan bien trataron- de los amiguetes y de los compadres de los amiguetes, de los catedráticos, de las universidades, de toda aquella telaraña de mugre de favores y chantajes que se montaron durante tantos años.

En pos del progreso, claro. El suyo y su sistema de colocados, paniaguados y modernos con nuestro dinero y los votos cautivos (que sí, que lo eran, y muy cautivos).

No crean que eso no puede volver. En España ya está instalado y progresando adecuadamente. Y no es fácil desmontar la estructura sociata construida. De hecho, es una tentación para los actuales gobernantes andaluces el mantenerla, porque son políticos, no lo olviden. Lean de nuevo, o por primera vez, el libro de Rosell para recordar o conocer. Hay algunos títulos más en la misma línea y una interesante hemeroteca de periódicos que se mantuvieron firmes ante el régimen. Conviene no olvidar, en cualquier caso. También para exigir a los de ahora que no se desvíen de la senda que aparentemente han iniciado a pesar de la pandemia. Llevan dos años escasos, bien es verdad, pero son dos años de algo más que el légamo social, estructural, antiliberal y antidemocrático que han heredado.

Con el que nos hemos criado sin la posibilidad de conocer otro, que se dice pronto.

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