El melonar


Hace muchos años, tela de años, yo estaba en el bar del instituto Averroes donde cursé- a pesar de estar en el bar- aquello que se llamaba Bachillerato Unificado Polivalente. El nombre de tal bachillerato venía dado por la Ley General de Educación, promovida por Villar Palasí en 1970. En aquel bar y en 1985 yo era un adolescente de Palasí pero no lo sabía. Y en 1985 se aprobó la LODE o Ley Orgánica del Derecho a la Educación, con un gobierno socialista en plena efervescencia y apuntando ya maneras para lo que cinco años más tarde fue la LOGSE o Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo. Si les estoy aburriendo, debo informarles que tras estas ha habido 4 leyes más, hasta llegar a la recientemente aprobada hace dos días. El punto de inflexión, en cualquier caso, y en mi modesta opinión, estuvo entre los años finales de la década de los 80 y la famosa LOGSE. A partir de ahí todo ha sido melonar.

Regreso al bar de aquel instituto y a un magnífico profesor: Manuel Tomás Sigüenza. De literatura. Poeta. Cultísimo. Uno de esos que dejan huella, por lo menos en mí. Conservo un librito de poemas suyo, ‘Represado jazmín’, como un pequeño tesoro de mi modesta biblioteca. Desconozco si vive aún- espero que sí- porque me lo encontré en Nerja hace algunos años y me pareció muy mayor. En aquel instituto y en aquellos años el cuadro docente era magnífico, a mi parecer. Manuel destacaba por su sensibilidad, conocimiento de la lengua y literatura españolas y su cuidada posición ideológica, en una izquierda culta de verdad, respetuosa con otras ideologías y heredera de causas que comenzaban a perderse entre el progrerío pijo que el socialismo fomentó con hombreras, cardados y movidas madrileñas. Manuel Tomás nos hablaba a un grupo de alumnos sobre la LODE y sobre lo que vendría – la LOGSE- como una burda copia de reformas educativas norteamericanas fallidas y un fracaso para la verdadera lucha de clases. Nos confesó que había dejado de comprar El País porque el diario se había aburguesado – en 1985- y, tras este dato biográfico,  que las reformas educativas fracasarían ya que al final los ricos tendrían mejor acceso a la educación, un educación que se pretendía ‘igualar por abajo’. Sospechaba nuestro buen hombre que esos ‘ricos’ serían muchos de los hijos o nietos de los que fueron camaradas suyos en la lucha contra el dictador, la democracia y todas esas nobles y justas causas. La ministra Celáa, sin ir más lejos, es un claro ejemplo de formación pija en colegios pijos para ella y sus hijas (aunque creo que no de lucha antifranquista). Manuel, que por entonces y con cierta decepción ideológica se definía como ‘ecologista radical’ – y quiero apuntar aquí que un ecologista radical español de los años 80 es un legionario en Sidi Ifni comparado con la cagadita de paloma Greta Thumberg– veía venir lo peor: se dejará de leer a los clásicos. Se dejará de leer, en realidad. Y por tanto, además de la brecha de clase para que solo algunos accedan a centros exclusivos, como tanto hijo de socialista andaluz en universidades extranjeras, el patio se iba a convertir en un melonar.

Siempre recuerdo aquella premonitoria alocución en ese bar porque, desde la perspectiva que dan los años, he presenciado cosas. Cosas muy similares a las advertidas por el señor Tomás, poeta visionario y mejor profesor. Las he presenciado en los alumnos de prácticas – universitarios- en los distintos veranos postlogsianos, con sus faltitas de ortografía y su escasa motivación laboral e intelectual. Las he visto en los hijos de los poderosos – a izquierda, centro y derecha- disfrutando de exclusivos colegios bilingües de pago. Las he visto en los resultados electorales de un país manejado por tunantes que reciben el respaldo de los votantes lobotomizados sin lecturas, ni formación, ni criterio. Porque en el fondo era eso lo que se buscaba en los tiempos de Alfonso Guerra y de ese socialismo corrupto y corrompedor, el mismo Alfonso Guerra que ahora se lleva las manos a la cabeza porque el español deja de ser lengua vehicular en la enseñanza. El que con sus manos se capa, buenos cojones  se deja, don Alfonso. Y lo de los polvos y los lodos y tal.

La LOMLOE de Celáa solo es la progresión aritmética de un despropósito continuo ahora avalado por el comunismo en el Gobierno, que ya se relame al ver la colección de camaradas ágrafos que les van a abrazar en una próxima generación. O varias. Suponiendo que se pueda votar, porque se empieza quitando el derecho a elegir educación y se acaba votando en masa al líder norcoreano de Galapagar en un plebiscito a través de Twitter.

No era la educación lo que preocupó y motiva a los distintos gobiernos socialistas a la hora de dictaminar reformas. Es conocer sociológicamente que si convierten a España en un melonar ellos gobernarán eternamente. Lo han conseguido, en realidad.

Por mi edad y gracias a Villar Palasí, a veces me abro el ‘Represado Jazmín’ de Manuel Tomás para que la decadencia postlogsiana me pille parapetado con una buena dosis de lírica.

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