Guapear

179

Al Sojo, como al Mercado Victoria, se va a guapear. Si además un Sojo se nos ubica en el Mercado Victoria, los cuerpos se llenan de testosterona y hormonas femeninas doblemente. El gintonic es accesorio. Importa más cómo se sostenga entre los dedos, el color rosa de la ginebra, la cadencia al acercarlo a la boca, el ejercicio de seducción que el alcohol y el hielo suponen en medio de una conversación sobre divorcios catastróficos, viajes al Algarve, fotos de perfil, dame tu Instagram, mi monitor de crossfit es un máquina, el aifon doce, las cosas de hoy. Esta semana parece ser que además de derroche en glamour y seducción – nuestras abuelas a eso lo llamaban puterío, en su concepción, conservadora y de postguerra, de la vida- ha habido positivos de virus chino, o sea, que la globalización ha llegado al Sojo Mercado también en forma de contagio. Los DJ son internacionales, nuestros barman también, y todos viajamos mogollón como atestiguan vuestras fotos en el Facebook. Enhorabuena, gentes del mundo. Nuestras abuelas al respecto no tendrían opinión, porque eran más de salirse a la puerta y mirar sentadas en anea la vida con el fugaz premio de una brisa fresca y breve.

Se nos han dicho muchas cosas desde que saltara el aviso del positivo vírico de tres trabajadores de ese local de la noche y el guapeo. La primera es que se había comunicado a las autoridades sanitarias el hecho – según testimonio de la empresa-  y que se recomendaba a todos los guapos y guapas que hubieran guapeado en tales instalaciones durante los días 9 al 12 que se hicieran ‘la prueba’. Ahora, si no te haces ‘la prueba’ casi que no eres nadie. “He puesto mi PCR en el estado de Whatsapp”.  En cuatro días de agosto no sé cuanta belleza puede ser pasarela de un Sojo Mercado, cuanto macho alfa ha alfateado, cuanta hembra ha pisado corazones y disparado miradas, de cuanta geometría descriptiva se puede haber hablado en divertidas conversaciones. El ocio nocturno es difuso y poco medible. Borroso, según la hora. Sólo en los amaneceres apresurados se puede tener una somera idea de cual ha sido el producto de nuestro devenir noctámbulo, y a veces ni eso. También se nos dijo, por la vía oficial, que no se había comunicado oficialmente nada desde la oficialidad. La oficialidad es la pandemia guapeada con cifras inertes. Justo en la misma jornada en que de manera administrativa y unilateral se decidió agrupar todos los brotes informativamente hablando en un mismo día, que en mi opinión afea la información porque no son lo mismo sus poquitos de brotes en cómodos plazos diarios que así de sopetón todos juntos. En la pandemia, los informadores han dejado la información en manos de los Reyes Magos del gabinete de turno – y creen en ellos-  y el Telegram oficial, que es como dejar tu piso abierto cerca de un okupa. Sabes que se va a colar. Sabes que te la pueden colar.  Así mismo, se nos contó que podían haber habido irregularidades o quizá no, pero que no corresponde a esa parte de la oficialidad juzgar tales hechos. La oficialidad es muy escrupulosa con las competencias hasta que le cuestionas, inocentemente, los datos oficiales ¿Por qué un pueblo de la subbética anuncia tres y tú me das menos dos, angel de amor? Comunicación corporativa y matemáticas: agua y aceite.

Los guapos y guapas, mientras tanto, han estado o permanecen en un limbo que transcurre entre una noche inolvidable y el miedo al contagio. O igual no existe tal miedo, porque esta es la pandemia de los muertos ausentes y los aplausos resistentes y festeros.

Se nos ha especificado que, de todas maneras, las zonas gastronómicas del Mercado Victoria no se ven afectadas por el Sojo Mercado, esto es, que forman parte de un todo pero que en unas se come y en otras también, mientras se guapea. Una totalidad de cajones estanco. Yo sé que hay zonas gastronómicas en el Mercado Victoria porque Carlos Herrera ha ido allí a comer salmorejo de gañote, que es algo que suele hacer Herrera, o sea, comer. La gastronomía en los locales de diseño  nos estiliza la figura y la cartera. Quiero decir que también se guapea según se coma en tan céntrico escenario o en el bar de abajo de un piso de barrio periférico.

Pero se ha establecido una frontera entre actividades según aparece el virus chino en una zona y en otras en principio no. Cosas, otra vez, de la comunicación corporativa. No hace mucho el pueblo montaba en cólera contra el colegio de la fiesta de fin de curso y Babilonia, juzgada de nuevo como ciudad decadente y alegoría del mal. En realidad al pueblo le molestaban los pijos del colegio privado en una lectura sesgada y obrera de lucha de clases y envidia. Tal era el cabreo y no el contagio. No ha salido el Ku Klux Klan anticovid ahora en la redes sociales porque esta babilonia – esta sí- es la babilonia común de nuestras vanidades y pecados humedillos,  de ese lucirse y cazar, de esa canita teñida tirada al aire.

Para evitar posibles noches en vela, que después tendrá que traducir Fernando Simón,el Gobierno ha decidido clausurar los locales de ocio nocturno, lo  cual también puede afectar a la escasa natalidad que padecemos, porque salimos del confinamiento dispuestos a reproducirnos como esporas o asintomáticos ante el apocalipsis afectivo que supuso el relacionarse via Zoom. Nada mejor que el contacto humano. En los locales nocturnos ese contacto se da. Si además se produce entre guapos y guapas, la raza mejora. Nos sucederá una generación de niños bellos, modelados a base de crossfit, tatuajes y con anticuerpos. Quizá ya no exista el Sojo Mercado. Ni Fernando Simón. Pero gracias a ellos habremos contribuido a estilizar el futuro de la humanidad que ahora teme ser confinada de nuevo. Y salir de nuevo en unos meses preparada para quemar la noche en el mercado, a guapear con el PCR en la mano.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here