El helicóptero

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Entrar en el cuartelillo de la Guardia Civil y pedir un formulario para la tramitación de una denuncia por robo de helicóptero no debe ser muy habitual. No tanto como denunciar la sustracción de la mulilla para arar, el Land Rover que dejamos aparcado junto a la CO-3408 mientras nos reunimos con los de las rehalas o el motor del pozo de la parcela. Denuncias en general muy de la España rural de la que afortunadamente se encarga el benemérito cuerpo, que ha remitido la nota informativa del helicóptero de Cuenca que ha aparecido en Córdoba. En Fuente Obejuna, para más señas. Esto nos obliga a mirar a Cuenca, en el mejor sentido de la frase, para imaginarnos a un ladrón y el móvil o motivo del hurto del aparato, de esos que sirven para apagar fuegos, como si fuera un Borbón camino de la República Dominicana. Porque en realidad el incendio de la semana ha sido la marcha de don Juan Carlos I, sobre todo en las redes sociales, que suelen incendiarse más que los rastrojos estivales. Y era un poco sobre lo que me apetecía escribir ya que fui un niño de la Transición, de los que recibió en el aula del colegio el retrato de aquel rey que también apareció en las pesetas y los sellos. Nuestros helicópteros anhelados eran los de los Madelman,  que lo podían todo, en una época en la que daba esa sensación de que, en efecto, y a pesar de las crisis del petróleo y de la incertidumbre de un nuevo tiempo, con nuestro rey a la cabeza podríamos con todo. Como mucho se robaban los Supermirafiori, haciéndole un puente. Y las Motorettas.

Nos hemos vuelto más sofisticados y si nos apetece un helicóptero, pues lo pedimos por Amazon o nos dirigimos al hangar del Prado de los Esquiladores, en el término conquense de Buenache de la Sierra, que está lo suficientemente lejos como para que casi nadie eche de menos el aparato. Lo que pasa es que al final un helicóptero se acaba echando en falta, como en falta se puede echar, y mucho, no solo un rey sino toda una monarquía parlamentaria, caso de que don Felipe – Dios no lo quiera- coja otro helicóptero (porque el falcon lo tiene en exclusiva Su Persona) y decida acompañar a su padre para que nos la apañemos aquí de manera federal y republicana. Si anduviésemos en el federalismo, el robo del helicóptero habría supuesto, por cierto, un problema de dimensiones territoriales graves al sobrevolar varias comunidades autónomas republicanas, al menos dos,  violando el espacio aéreo de Tomelloso, Valdepeñas, Puertollano, Brazatortas, Alamillo, Santa Eufemia, Belalcázar y Valsequillo. Que el helicóptero aterrizara en Fuente Obejuna es posible que se debiera a la escasez de combustible, aunque todo esto está siendo investigado, obviamente. No es mal sitio para aterrizar aunque sea de emergencia mangurrina, no obstante.

Se le acabó el recorrido al helicóptero furtivo como a don Juan Carlos, parece ser, el suyo. Desde la abdicación lo suponíamos al hombre sobrevolando con la reserva. Como los gobiernos de Sánchez y sus presupuestos generales prorrogados.  

El helicóptero de Cuenca nos ha traído la anécdota del verano pandémico con rebrotes descontrolados. Y así mismo una reflexión que nada tiene que ver con don Juan Carlos o quizá sí, ya que los helicópteros son un medio fundamental también para que los que huyeron – estos sí- por golpear al Estado desde la sedición regresen al calor de la paga vitalicia española, calor de hogar, mientras el pueblo se pelea en las redes por el rey emérito y marchado, y algunos, entre la desidia y el desconcierto, se dedican a robar helicópteros que dejan aparcados de cualquier manera en Fuente Obejuna.

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