Telemático

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Bellido conversa con ediles de Ciudadanos. /Foto: LVC
Pleno consejo social
Pleno del Ayuntamiento. /Foto: LVC

El Pleno municipal ordinario de julio ha vuelto a la presencialidad, esto es, los concejales se ven las caras en el salón consistorial, pero solo de la cuenca de los ojos a la frente, porque nuestros munícipes están preceptivamente tocados con las mascarillas obligatorias. Todos parecemos atracadores en potencia de esta guisa y nos miramos con talante de sospecha, como si te fuera a llegar una multa de la zona azul a traición. Los señores ediles tratan de adivinar en las pupilas de la oposición y de los socios de gobierno – hay que tener en cuenta que está Torrejimeno- si el pleno va ser tranquilito en esta época en la que se ha agudizado el análisis de la comunicación no verbal por videoconferencia. Las zapatillas de deporte de Pedro García también son una pista semiótica de cómo pueden ser sus intervenciones plenarias además de indicar una prematura crisis de los 40.

Según el diseño mascaril uno puede suponer por dónde van a ir las mociones: del escudo municipal de la mascarilla del alcalde, de un marino institucional cercano al azul corporativo del PP, pasando por la bandera de España de la mascarilla de Albás puede transcurrir todo un discurso de cogobierno en buena lid. De hecho, las mascarillas municipales (nuestra leche en polvo y queso de bola americano de la posguerra vírica) fueron objeto de controversia dado que  el Ayuntamiento ha comenzado el reparto de las mismas entres los ciudadanos cordobeses monoparentales de a dos como mucho. Es una medida que ha sido calificada de populista por la oposición y el equipo de gobierno se ha defendido citando a ese gran clásico que es Fernando Simón: si no se han repartido antes es porque Simón dijo que sí y que no y que como mucho igual habría que ponérselas o que igual no. Simón dice.

Ha sido la primera referencia telemática en el primer pleno presencial a un personaje público, y a nuestro pesar Simón lo es, pero vendrían algunas más. El mando único ha dejado secuelas y los ayuntamientos han perdido cierta autonomía aunque sea espiritual. Por ejemplo, sobrevuela el halo de Susana Díaz cuando en el otro punto controvertido del día, el de los aparcamientos del hospital Reina Sofía, se acusa a la señora Díaz de haber querido especular con ellos en su momento, cosa que ahora no ocurrirá tras la salomónica decisión de Bellido de matizar que sea una empresa de carácter social la que gestione el parking. Eso ya lo hizo Merino y sin mascarilla, por cierto. La oposición contraataca con Moreno Bonilla como diciendo que una cosa es gobernar y otra es dar trigo, y hasta donde pudimos observar, el señor presidente de la Junta no estaba presente en el pleno presencial. Por lo tanto, la telemetría o telemesis sigue presente en el desarrollo de los asuntos locales por cuanto se invoca al espíritu de Simón, Susana o Bonilla. También de Cristóbal Montoro, que ya son ganas de tener una sesión de espiritismo digital. Montoro es un espectro telemático ineludible en esta época de reglas de gasto y sostenibilidad financiera. Fue uno de los legados del ex- ministro de Hacienda y parece además inamovible incluso para un Gobierno revolucionario que quiere desaforar al Rey. El caso es que el Ayuntamiento ha tenido que elaborar un plan financiero para volver a la senda de la regla de gasto de la que se había desviado por culpa, por culpita, del anterior equipo de gobierno consistorial, según aclaró Salvador Fuentes, que mantuvo así el talante telemático del pleno presencial echando la vista atrás como un novio nostálgico. Al plan financiero solo se opuso Podemos, pero PSOE e Izquierda Unida se abstuvieron: tampoco ellos pagaron a tiempo a los proveedores y abstenerse es como reconocer algo del pecado. Pagar a los proveedores a tiempo, de todas maneras ,puede salvar más vidas que una mascarilla y esto conviene recordarlo porque no solo de mascarillas vive el hombre, y menos el proveedor.

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Concejales, en el salón de Plenos. /Foto: LVC

No hubo público en el pleno presencial. Los concejales optaron por sentarse en las butacas que habitualmente ocupan los parcelistas, los del movimiento vecinal y las señoras con tiempo libre. De alguna forma, los ediles han usurpado la soberanía del pueblo, para el que solo queda de momento el seguimiento telemático. Guardan los munícipes entre asiento y asiento la distancia habitual de un examen de Selectividad. Parecía que en algún momento el alcalde les iba a poner un comentario de texto de alguna columna de Azaústre. Además de la nueva realidad que el virus nos ha impuesto, el que el pueblo soberano no pueda acomodarse en la sala capitular ocurre por dejar entrar a un salón de plenos a dicho pueblo en meyba y con chanclas. Se pierden las formas y acaban dejándote en casa con la pancarta delante del Zoom.

Ocho horas estuvieron currando. Alguno se hizo un selfie y lo colgó en su estado de Whatsapp ante la maravilla que supone una jornada laboral de cualquier trabajador de la construcción o el sector servicios.

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